estampas de las islas Malvinas Argentinas

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estampas de las islas Malvinas Argentinas
Mi esposo me regaló el álbum de Beyblade que salió en México en los años dosmil.
Fue mi momento de "Medias de anejita". Cuando salió la serie tuve uno, pero mi mamá lo tiró :( y ahora regresó a mí.
Kai vigilando que coloque bien las estampitas.
Graciosamente, en esos lugares en Puebla donde venden juguetes viejos y así encontramos todas estás estampas, jajaja mi esposo las compró impulsivamente ( fue antes de saber que podría conseguir el álbum)
Y de todas esas, solo me salieron esas donde está mi hombre y señor Kai Hiwatari <3
Anteontem cortei e costurei essa regata em tecido plano, chupinhada de um modelo da Farm que foi desapego de uma amiga e eu amo, mas tem uma estampa meio apagada.
Fiz apenas algumas alterações (removi a abertura na nuca e o corte nas costas, e costurei o viés frente e verso (a original tem acabamento em viés preto pelo verso).
Depois de pronta me arrependi de não ter caprichado mais no acabamento e usado uma linha verde no lugar da branca.
Teria sido melhor manter a abertura porque entra justa a gola.
Foi uma ótima experiência cortando e passando viés, peguei uma boa prática que vai servir pra vários projetos.
Amei o resultado e usei já no dia seguinte. Pretendo costurar mais tops dessa estampa.
Jimenapslacios.ar
“Poema XV” de Jacobo Fijman de “Hecho de estampas ” 1930.
Oi gente meu Primeiro Recolor amei fazer!! bjs
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Zumi Rosow. Una diva para el postcapitalismo punk.
Por Cinocéfalo.
La nueva ley salvaje de las ciudades nos habla de la dispersión de las diferencias desde hace ya tiempo, como producto de valor y cambio. Las rígidas normas del conservadurismo de mercado quedaron atrás para algunos: aquellos que comprendieron con detalle las reglas del renovado juego. Al menos de manera visible, para quien pueda pagarlo, todo es flexibilidad discursiva por vender. Esto, a los códigos del esfuerzo marcial disfrazados de emprendedurismo, puede sonarle algo lejano, aunque ahora siempre deseable. La autoridad neoliberal puede, como espectadora que se toma un tiempo para soñar, permitirse el arte, aunque siempre para el mercado. Porque los oropeles del nuevo postcapitalismo son pagados cada vez mejor.
Y, tenemos representantes seductores que, a pesar de emitir señales sobre el desarrollo de las nuevas subjetividades reproducidas al infinito, nos cautivan a muchos de quienes, de un modo u otro, vivimos de ello a pesar de las contradicciones que les subyacen. Acá uno de estos casos: Zumi Rosow aparenta ser una pirata transexual cuasi-yonki venida de las calles, con su diminuto diente de oro y joyería que envuelve todo su cuerpo, y que parece haber sido encontrada en las alcantarillas o en bazares de pulgas. Pero, a pesar de ese acercamiento a un cierto tipo de indigencia, nada más inexacto: se trata de una modelo que en recientes fechas le ha prestado su nombre, nada menos, que a uno de los bolsos de la marca Gucci.
Polifacética, como cualquier productor cultural contemporáneo que, habiendo pasado por las instituciones de educación, se ha dado cuenta más pronto que tarde de que todo ahí se pudre. Así, no hace falta leerlo en su biografía: Zumi Rosow también se ha saltado las leyes anacrónicas de los sistemas disciplinares (que perviven, a pesar de todo). Actriz, modelo, diseñadora de joyas, saxofonista y diva elevada a condición de rockstar por sus compañeros del grupo Black Lips: banda que ha transitado por los mismos caminos. Sus ritmos de un garage duro y abiertamente profano retan, desde los canales alternos de la difusión, los mitos y moralidades de las clases medias norteamericanas. Sus señales son, evidentemente, venidas del punk y toda su reconstrucción mercadológica, luego de sus primeros años contraculturales. Lo que Rosow hace es muy parecido: un revival del todo efectivo para los hijos de las distopías civiles contemporáneas.
Habiendo nacido en Atlanta, una de las ciudades estadounidenses con mayor índice delictivo, la banda Black Lips evoca una belle epoque punkera que enfila toda su potencia con la máscara de los terrores demoniacos, para plantarle cara a los puritanismos de las nuevas eras de hiperdifusión y conectividad. Y aquello funciona muy bien: vómitos y sangre, orgías en el bosque, drogas y violencia, como si se tratara de un berrinche dirigido hacia la normalización de un sistema que requeriría de una moral de perogrullo para hacer que los hijos gringos crecidos en los suburbios sean parte de la gran maquinaria de mercado. Antes de la llegada de Zumi Rosow a la banda, estimulaban una producción motivada por el accionismo vienés, movimiento de arte de la década de los sesenta en el cual, por ejemplo, Hermann Nitsch rociaba sangre y trabajaba con cuerpos de reses muertas en galerías y espacios abiertos. Baste ver tales reminiscencias en el video de la canción Family Tree (https://www.youtube.com/watch?v=hKzmsgXz5GM).
Zumi Rosow se integró posteriormente a la banda, participando en una ocasión como saxofonista en una gira, lo cual provocó que le pidieran continuar con ellos. A partir de eso, el frente vocal Cole Alexander y ella comenzaron una relación. Sin embargo, su camino musical tenía su origen en la infancia, estimulado por su madre; escritora que habría estudiado los ritmos afrocubanos para diversos trabajos. Nacida en Nueva York, los acercamientos musicales de Rosow están en el registro de jazzistas como Miles Davis o Dizzy Gillespie; bluseros como Nina Simone o músicos más contemporáneos ligados a los movimientos de vanguardia contemporánea como Patti Smith, Grace Jones o Brian Eno. Pero es hasta su mudanza a la zona de la costa oeste que se acerca al bullicio del underground californiano. Ahí, además, ejerce como modelo para firmas como Demna Gvasalia y Alessandro Michele, recorriendo pasarelas incluso para Gucci, para la cual su nombre fue tomado después para la fabricación de un bolso de la casa. A partir de ello, su producción es incasable: joyas formadas con piedras callejeras o huesos diminutos; experimentación con todo tipo de objetos para generar música (como la sierra); o la creación de su propia línea de ropa que mezcla influencias de distintas épocas, desde los nómadas de los desiertos, gitanos y egipcios, hasta la clásica influencia del punk de los setenta.
Se trata, pues, de una constante en estas formas de la actual opulencia descastada en un enfrentamiento seductor contra la normatividad que, ya no paradójicamente, sino de manera integrada, va de la mano de las conductas y tendencias vinculadas al mercado. Un hedonismo que detalla con claridad el espíritu de la época presente, riquísima en referentes, aunque muchas veces ocluida para la autocrítica de su propia condición. Esta frase suya parece confirmarlo:
"No creo en las reglas. Es más interesante para mí hacer cosas inesperadas. Y honestamente, nunca hago cosas pensando en otra persona. Simplemente los hago".
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