Paul Gauguin - Visión después del sermón (1888)
"La eliminación cromática de la perspectiva, la viveza de la pigmentación, la segmentación de la composición, la audacia lineal, el valor ínfimo de la escala, la primacía del color puro sobre la profundidad, sin matices ni gradaciones tonales, recayendo en ese efecto primitivo y plano del sincretismo con el uso sintético del contorno, y algo de alevosa rusticidad y mucha carga de poeticidad con el motivo, hacen que una alegoría cristológica quede prácticamente en segundo plano tras una atenta percepción del instante frontal, la inmediatez y la practicidad del concepto temático seccionado en dos partes. Una visión personalísima que cosifica dos tipos de planos: el plano de la lucha de Jacob con el ángel, como un reducto bucólico, mental y hasta absurdo, como si estuvieran danzando en el aire; y el plano inferior, el de las mujeres orando, en genuflexiones elípticas, de rostros abocetados y posturas orbitales, expectantes ante un espectáculo que casi les es indiferente; salvo para una, que mira con atención y estoicidad dicho pugilato sacrosanto, con miradas enfrentadas ante el suelo del rudimento pasional de una ira sugerida por el tratamiento del color y el auge de una materialidad terrosa, que se pliega sobre ellas, como una tercera visión asincrónica del cuadro que se entrega hacia otra temporalidad y sujeción mental, algunas sostenidas entre miradas altas y otras bajas, tal vez suprimiendo un aspecto simbólico de la represión y la sumisión, la indiferencia como la devoción, lo imaginario con lo supersticioso, con la curiosidad de asistir a la pelea y bajo el carisma del énfasis volitivo de lo colérico sobre el rezo, mediante ese incendiado color primario rojo, remarcando la ambigüedad próxima de una estación incierta, como si fuera el de una hojarasca otoñal o el calor inclemente canicular reflejado por el piso, que hacen que lo figurado sea una proyección más mental que realística o folklórica, irreal que lo vociferado por la composición asimétrica y caprichosa que la técnica del cloisonismo le puede brindar. Cuya intención plástica no es imitar lo que se ve, sino que es la visión de los colores puros, tras la consecución de los elementos cálidos y fríos contrapuestos entre sí, que reubican esa percepción casi crucificada de estos luchadores sincréticos que dialogan con otros periodos y contextos del arte, como pueden ser las estampas japonesas, el fanatismo religioso y las diversas manifestaciones del arte oriental. Esta incidencia visual nunca tiene el acervo de parecerse a una situación real o mimética, es más una proeza irónica, una mística sensualista, un simbolismo de la amplificación óptica, o tal vez sea un lúdico esbozo de lo imaginado, quedando la importancia de la visión en sí por la justeza formal de hacerlo como una arcada hermenéutica sobre el acto real que se puede percibir con lo sensorial, ya que, cada una de estas mujeres tiene una imagen mental de lo que ven, una propia experiencia subjetiva que significar, pero que todas, y estoy seguro que absolutamente todas, perciben distinto ese mismo acto, y al hacerlo, tanto la metáfora plástica, la ilusión metafísica, como el concepto figurado, terminan siendo absoluciones simbólicas para cada una de ellas y de nosotros que lo tanteamos así y lo palpamos de una manera indistinta con los sentidos."











