No, no, no, no y NO.
No me tiene que gustar él.
No me tiene que gustar su sonrisa boba o graciosa manera de caminar.
No me tiene que gustar el color de su piel cuando se expone al sol.
Tampoco los lunares que se asoman por el cuello de su camisa, o su mirada ruda cuando se enoja.
No debe gustarme su olor impregnado en mí cada vez que se acerca a saludarme, ni las veces que cruzamos miradas de casualidad.
No debe gustarme así de tanto.
Así de mucho.
Así como me gusta.
No.












