Exposición 2da parte (Artistas)
Llego a la exposición y aún no ha comenzado. Paso las grandes puertas de cristal del CMA y observo a muchos jóvenes “artistas” Hombres y mujeres más o menos de mi edad.
Todos con alguna distinción particular; algunos llevan ropa oscura, otros el cabello largo, otros rastas, perforaciones, playeras con nombres de músicos, incluso hay grupos de jóvenes vestidos exactamente igual con peinados como penachos. En fin una exposición fuera de otra.
Al parecer soy el único que no está vestido con algún tipo de disfraz o elegantemente para la ocasión.
Lo mejor de todo es que todos ellos son artistas, tienen en ellos la necesidad de manifestarse, de aplicar su creatividad de ser “Ellos”. Más sin embargo sólo representan su carencia de identidad. Incluso los “artistas” adultos o más viejos están siendo parte de algo en busca de esa identidad perdida. Dando como pretexto una adolescencia perpetua. Lo cual entiendo y lo sé. Yo también lo hago, aun cuando no esté vestido como un personaje de teatro gótico, o pirata, o como músico de orquesta.
La exposición es inaugurada, dejando pasar a la multitud de artistas e invitados.
Ya dentro de la sala descubro los trabajos, son buenos incluso complejos. Observo líneas con formas de animales, siluetas de tractores y excavadoras, fusiones de fotos con dibujos, jeroglíficos y dioses Egipcios.
Hay uno en especial que me llama la atención. Es el perfil del rostro de un caballo pero no tiene piel, ni ojos. Se observa su anatomía, sus huesos saliendo de entre los músculos del rostro del animal.
Aun que es una exposición muy pequeña me tardo tratando de profundizar en todos los dibujos, en especial en la carne expuesta en escala de grises de ese maldito caballo.
En medio de la exposición encuentro a Raquel; quien es estudiante de esta escuela y una de las mejores soprano del lugar, aparte era mi compañera de clases en esa caótica etapa de la preparatoria (la cual ninguno de los dos terminamos en esa escuela).
Me da gusto encontrarla de nuevo. Ella va acompañada de sus compañeras, que realmente no tomé el tiempo para escuchar sus nombres.
Al salir de la exposición me quedo cerca de ellas.
Es muy temprano para regresar a casa, decido quedarme un rato más con Raquel y con su grupo de amigos “Artistas”.
Después de diez minutos estoy asqueado, estos artistas le quitan lo bello al arte. Están tan metidos en el arte que nunca descansan de su papel de orquestitas.
Si alguien bosteza y sale un leve sonidillo del bostezo, lo analizan Si alguien estornuda le dicen: “NO ESTAS EN TONO” vaya si deciden echarse un pedo dirían: “Esta en B bemol”.
Todo tiene que ver con sus partituras, todo tiene que estar previamente calculado, todo es una escala ¡todo es una maldita mentira!
En su afán de ser artistas han olvidado la naturaleza del mismo.
Se han engrandecido tocando sinfonías viejas, se han ensamblado complicados sonidos, sin nunca haber estado en la fuente natural de las ideas. Niños ricos con talento desperdiciado, talentosos desperdicios del dinero de Papá.
Amo la música y siempre me sorprenderán las piezas complicadas, el sonido del piano, los coros y el sonido del viento romper contra los árboles. Pero estos “Artistas” ya no se sorprenden, ya no tienen la facilidad nata de crear; porque lo han aprendido todo, porque sus notas ya son conocidas y sus escalas repetidas.
Su propia visión los ha dejado ciegos, con todo el conocimiento con el que han atascado sus fronteras cerebrales.
Me doy cuenta que las escuelas de artes, están llenas de “artistas discapacitados” que más que aprender a hacer arte, van a aprender a “verse como artistas” sin motivos.
En mi amor por la música por el arte, trataré de aprender lo necesario y descubrir lo que ya está escrito y quién sabe, descubrir lo que aún no lo está.
Estos niños sólo son desperdicios orgánicos de Beethoven o Mozart.
Son la eyaculación en la mano de Choppin o Debussy.
Son vidas desperdiciadas en un desahogue de los grandes, que no tiene nada en común con el arte.