¡Oh, fuera yo el Olimpo!
¡Oh, fuera yo el olimpo, que con vuelo
de eterna luz girando resplandece
cuando mengua Timbreo y Cintia crece
en el medroso horror del negro velo!
En lo mejor del noble hesperio suelo,
que cerca baña el Betis, y enriquece,
viera la alma belleza que florece
y esparce lumbre y puro ardor del cielo;
y en su candor clarísimo encendido,
volviera todo en llama, como espira
en fuego cuanto asciende al alta etra.
Tal vigor en sus rayos escondido
yace, que si con fuerza alguno mira
en ella, con más fuerza en él penetra.
Escrito por: Fernando de Herrera
La tema central de este poema es la admiración y el deseo de alcanzar la belleza y la perfección divina, simbolizada por el Olimpo y la luz celestial. El poeta expresa su anhelo de ser capaz de contemplar y reflejar la belleza divina, y de sentir su poder transformador, explorando la idea de la luz como símbolo de la verdad, la belleza y la espiritualidad, y la capacidad de la luz para iluminar y transformar al ser humano.
Kdt. Carvajal Gissella












