El algoritmo de la vida es algo curioso. Sin buscarlo, encuentro con mucha facilidad lo que en su momento debí ver y no vi. Ahora, no sé qué hacer. Una parte de mí se debate entre contactarte de algún modo, solo para satisfacer mi necesidad de confirmar que todo está bien e intentar darte consejo, consuelo, compañía o cualquier tipo de ayuda para hacer más liviana la carga que te acongoja. Sin embargo, la otra parte me indica que no es correcto y me alerta de que mi interferencia posiblemente solo desencadenaría preocupaciones adicionales.
Definitivamente, todo sería más sencillo si volviéramos al inicio, cuando solo éramos dos personas preocupadas por la otra, dos almas frágiles intentando reconfortarse mutuamente en una amistad genuina. Pero es inútil pensar en ello. Por el contrario, sería más simple pedir ayuda a un tercero y que transmita el mensaje que, de manera arbitraria y sin contexto, espero que te ayude. Sin embargo, como probablemente piense cualquiera que vea esto, es algo aún más sin sentido. Por lo tanto, confiaré en el algoritmo de la vida, así como me hizo ver tu escrito. Por alguna razón, espero que te haga leer este también @lu-f-lo-b
Lo que quiero decirte no es mucho; de hecho, es algo que ya te mencioné alguna vez. La comunicación lo es todo; es el pilar de una relación. A lo que voy es que permitas que lea tus escritos. Siempre has confiado en que el hilo rojo del destino guíe a los demás a tu blog, pero aun si sucede, el tiempo puede no ser el correcto, y en ese momento, el dolor es inmenso. Por eso te digo que se lo enseñes ahora. Me encantaría decirte que solo con eso bastará, pero no es así, sin embargo sinceramente creo que puede ayudarte a aclarar tu mente y llegar a esa conversación sincera en la que ambos se abran por completo y juntos combatan sus miedos. Esos mismos miedos que ahora te nublan la vista y no te permiten hallar la llave que nunca has dejado de poseer.
P.D.: No confió en la velocidad del algoritmo.
-Soliloquios







