—Una vez más, estoy aquí, frente a ti, sin saber qué decir. En verdad, te estoy muy agradecida.
—No es a mí a quien debe estar agradecida, princesa Alicia. Yo no hice nada más que escoltarla a salvo dentro de su reino. Fue Zarak quien se encargó de hacer el trabajo sucio.
Había nombrado Zarak a mi compañero, a aquel forastero que se encaminó en la misión de capturar a la impostora que se hacía pasar por la princesa Alicia.
Conocí a Zarak cuando vivía como caza-recompensas. A pesar de que al principio nuestros ideales nos llevaron a competir por cumplir la misión y obtener la recompensa, con el paso del tiempo nos hicimos aliados en busca de un objetivo común.
Comprendí muchas cosas entonces, como el por qué no podía conseguir información sobre él por más que lo intentaba. Zarak daba a cada persona que conocía un nombre distinto, por lo cual nadie podía darme demasiada información sobre él. La razón de esto es que Zarak nació y creció en un poblado en donde los padres no eligen el nombre del hijo, sino que éste lo elije en cuanto tiene la capacidad de hacerlo. Sin embargo, hay una regla que debe seguir: Zarak podía decir cualquier nombre al presentarse con una persona (o un grupo de personas), pero no podía nombrarse con dos nombres distintos ante la misma persona.
A lo largo de mis viajes con él lo han llamado de distintas maneras. Sólo yo, al haber hecho un pacto de confianza con él, fui permitida a conocer los mil nombres del forastero y mantenerlos presentes en la mente de esas personas. Sí, esto significa que Zarak fue el nombre con el que se presentó ante la princesa Alicia.
—No digas eso, Zaki. Fuiste de mucha ayuda —me alagó la princesa.
—Con su permiso, princesa, se supone que usted se encuentra tomando su baño real, y que yo no debería estar aquí. Los guardias a los que Zarak sedó probablemente despierten pronto con un enorme dolor de cabeza. Con suerte no recordaran lo sucedido. Me retiro, princesa. Debo alcanzar a Zarak y completar la misión.
La princesa me despidió mientras salía por la ventana, y me pidió que agradeciera a aquel valiente forastero por su trabajo. En ese entonces, escuché que alguien había abierto la puerta del baño de la princesa. Probablemente hayan sido los guardias, quienes querían asegurarse que su princesa estaba a salvo. No se dieron cuenta del cambio.
Dejé atrás esos pensamientos y me concentré en alcanzar al forastero mil nombres, como solía llamarlo para molestarlo.
—La princesa Alicia ha recuperado su lugar dentro de su reino —reporté a mi compañero.
—Buen trabajo, Zaki. Prosigamos con nuestro trabajo. El reino de los Octononimos se encuentra justo delante de nosotros.
Me adelanté a cumplir mi trabajo. Mi objetivo era centrar la atención, distraer a todos aquellos en el reino mientras Zarak preparaba a la impostora para su asesinato.
Para lograr esto, comencé a hacer destrozos por todo el lugar, y mientras tanto di un paseo por el reino, haciendo que todos los guardias me siguieran y centraras su atención en mí.
Una vez hecho el alboroto, me dirigí al lugar donde Zarak había atado a la impostora. Con la atención de todo el reino de los Octononimos, sería asesinada.
Sin embargo, ocurrió algo que jamás habríamos esperado. Por supuesto, no es posible predecir las acciones de tus enemigos si no los conoces.
Como lo planeado, todos centraban su atención en la impostora que yacía atada, quien tosía y escupía sangre después que un guardia Octononimo disparara una flecha justo a su corazón.
Fue entonces cuando me di cuenta de que la impostora era considerada una basura, un desperdicio después de haber sido descubierta, y que, los Octononimos no se darían por vencidos tan sólo por ver su plan fracasado.
—¡Qué seres tan repugnantes! —grité como para ocultar mi sorpresa.
—¿Estás lista para luchar, Zaki? —me dijo Zarak, quien se había situado a mi espalda.
Fue entonces, y sólo entonces, que me di cuenta que estábamos rodeados por guerreros Octononimos.