porca miseria · lisandro & viktor · actividad flashback
5 años atrás. Prisión de Milán, Italia.
Desde el momento que el guardia indicó al tal De Luca a ingresar a ese mal hecho cuartito, Viktor supo que preferiría regresar a su celda para suicidarse con las malditas sabanas. Habían pasado exactamente ocho meses desde que lo enjaularon como un animal y esta vez, no había apellido importante que le salvara el pellejo, era definitivo, los D'amico lo habían inculpado de su error y estaba condenado a pasar el resto de su vida encerrado. Aun así, con las carencias y el abuso de poder en la prisión de Milán, el italiano no estaba dispuesto a escuchar a quién fuera que lo quisiera contactar. Ni siquiera a un De Luca; fuera el padre, el hijo, los primos o quien putas se presentara frente a sus narices. Viktor...solamente no podía más. Había crecido aislado y apartado, con la función de acatar a los altos mandos, mancharse las manos por las instituciones, gobiernos corruptos, también terroristas. Pero incluso en la cárcel, donde no tenía acceso a los grandes placeres o los rincones extravagantes, la libertad era más jugosa que antes, sólo por el hecho de que nadie controlaba sus pasos, no era un títere. Pero claro que en su vida todo parecía un ciclo mañoso, no le dejaban respirar su aire en paz.
Cuando el hombre apareció y las puertas se cerraron a sus espaldas, dejándolos solos, el italiano no se molestó en inspeccionarlo, se quedó allí sentado a un extremo opuesto de la mesa, con las manos ceñidas a las esposas. La mirada perdida a la nada, consciente de todo lo que este rollito significaba. A ningún matón inculpado de atrocidades le trasladaban con esa libertad hasta el cuarto rojo, como le decían los prisioneros. Con la mejor de las suertes, si las autoridades determinaban que el recluso debía estar bajo un riguroso control y aislamiento (que lo estaba, porque los ineptos no sabían nada de él, no tenían documentos ni huellas ni historia), podrían comunicarse a través de un cristal, quizás un teléfono en medio y con sus escoltas personales, mínimo tres gorilas y las preciadas esposas que ahora tenía. Pero conocía a esta familia de punta a punta, tenían poder y no había forma de que viajaran a su Italia, dejando los aposentos, por poca cosa. Tampoco había forma de que no consiguieran pisar el sistema, aunque fuera nada más para exigir privacidad con un desgraciado como él --- Guarda tus palabras, De Luca. No hay propuesta ni amenaza que valga para mí. @lisdluk