“No, no tengo ni idea dónde quedaron los fantasmas.” Su atención del teléfono móvil que tenía entre sus dedos se dispersó, para entonces alzar su visión para quién ahora se hallaba delante de sus narices. “Pero escuche que una chica vio a uno se los hijos de Bernard y ahora no puede salir de la casa.” Los rumores en Galena eran como el aire que se respiraba, tan necesarios que si no existían probablemente todos los vecinos fallecerían. Danzando de lengua en lengua aquellas palabras estuvieron, hasta llegar a la boca de su madre, quién compartió tal información con el menor de los Lafayette y él ahora se las arreglaba para exponerla ante su antagonista.












