“No me refería a eso,me refería al hecho de que estaban en un puto motel abandonado y no hacían másque fingir sustos para que tu vayas a socorrerlos.” Acción que no hacía más queobsequiarle un estrés innecesario, más allá de las palabras de la muchacha,veía a todo eso como un gesto sumamente infantil. La situación dónde sehallaban era relativamente compleja, lo mejor era crear un clima calmado (sefiguraba entonces) más los sustos inocentes llegaban como lluvia tras nubesnegras, caían sin cesar y la los pueblerinos seducidos por la intriga vociferabana viva voz haciéndolo correr a brindar una ayuda innecesaria, perdiendo sutiempo. Eso, en definitiva, fue lo que consiguió que su ceño se frunciera, elrecuerdo de la idiota de Percy fingiendo escuchar voces sólo para tenera todos comiendo de su mano. Lo que más le hacía apretar los dientes fue elhecho de que varios de los presentes realmente se había tragado todo ese espectáculo.Crédulos. “Porque soy sociable.” Simplificó, es que en resumen no habíaninguna otra razón. “Me junto con todo el mundo, Bambi.” Se limitó a añadir, yano existiendo ninguna otra verdad que exponer. “Oh, mentir. Qué tragedia.”Soltó el moreno siendo embestido por una carcajada, lograba distinguir el pesarque vestía las oraciones femeninas, mas sus palabras no hicieron otra cosaademás de despertar su sentido del humor… Era como si su inocencia fuese partede su aura, exquisita, tierna y terriblemente cómica cuando quería. “Lo de losestupefactos es cierto, suena horrible, pero… ¿Quedarte en casa de undesconocido? ¿Qué edad tienes? ¿Doce? No es nada nuevo y no creo que nadie se espante por eso, estamos en el siglo veintiuno.”
Oh—dos letras salientes a través de sus labios suavemente unidos, mas nuevamente se vio en la necesidad de dejar florecer su curiosidad y, junto a ella, una réplica que parecía deseosa de buscar algo de trasfondo en las conclusiones masculinas— ¿Y cómo sabes que fingían? No podemos leer a las personas por dentro, no podemos saber sus miedos y qué les está pasando. —los vocablos iban perdiendo energía, como perdiendo pétalos hasta llegar a un armonioso murmullo, la holandesa no había estado ahí, no había sido testigo visual de las instalaciones descritas por algún conocido como tétricas, pero creía que a veces los lugares podían llevarnos a límites insospechados. Enarcó las cejas al escucharle, sin sorpresa alguna, por supuesto que notaba algo en la esencia del moreno que seguramente lograba destacarlo entre multitudes, nadar cómodamente en las aguas de conversaciones y bromas— Hay un dicho que dice dime con quién andas y te diré quién eres—pausó, humedeciéndose los labios cincelados en tonalidad de sombra de rosado clara—, no creo en lo que dice, pero…—era complejo de desarmar la telaraña de pensamientos desarrollados en su interior, así que nuevamente se tomó la pausa y el momento para tomar una pequeña bocanada de aire— Bueno, da igual, supongo que mientras no te unas en ese tipo de maldades a otros inocentes. —terminó por elevar los hombros como quien desea restarle importancia al asunto, metiendo las manos al bolsillo del holgado abrigo que la cubría hasta las rodillas— Voy a ir a buscarme un té ahí en frente, ¿q-quieres venir? —las palabras se filtraron en medio de la charla, no olvidaba su primer objetivo durante aquella caminata que la topó con el joven de sonrisa de ensueño. Pasos vacilantes en dirección al cordón de la vereda, suerte no tenía su rostro enfrentando al muchacho o notaría la mueca formada de modo prematuro al inicio de su oración— Doce, sí, pero cifras al revés—replicó sin darle mucha entrada a lo que podía descifrar como una supuesta burla por su parte, decidiendo esquivar palabras que sabía eran de algún modo verdades— Mi padre es alguien desconfiado del mundo, y cuando me suceden cosas así lo entiendo un poco más—se tatuaba sus palabras en la mente a fuego, a la lumbre de la inseguridad, no estaba preparada para la realidad peligrosa del mundo, tantos años en el cascarón le jugaban en contra— Miedo de que me suceda algo y, sí, básicamente para él estamos en un siglo diferente o como quieras decirle. —pronunció con falsa sonrisa cincelando sus labios, palabras que creía eran el punto final a la conversación carente de rumbo si el progenitor era el núcleo de la conversación, la necesidad del cambio de trópico era urgente, mas su lengua no llegó a puertos de valentía como para soltar alguno.