Su semblante estaba contraído mientras era arrastrada, ¿qué carajos se creía él para tratarla de esa forma? ¡Ni siquiera era su padre! Era su profesor, suficiente con eso, no necesitaba un segundo intento de padre, ni nadie con el complejo de uno. “Podía hacerme cargo de eso, no es como si fuera la primera ni la última vez. Haces un drama por nada.” escupió, jalando su brazo del agarre suyo, soltándose, arreglando su ropa, apretándose a su abrigo ante el golpe de frío que la inundó. “Bueno, entonces dile eso a todo aquel que me vende el alcohol, ¡porque a ellos les va a encantar perder dinero!” le discutió, soltando un bufido, lo que ella hiciera con su vida, emborracharse, era su problema. No el de él. Su cuerpo se acercó al mayor, sus labios apretándose a medida que lo escuchaba, intentando que el mar de sentimientos que sentía no se reflejara en sus ojos. Su mano derecha se alzó, y sin pensarlo, le cruzó el rostro con una cachetada. “No metas tus problemas en mí, no tienes el derecho de hablar de algo que ni siquiera te has atrevido a preguntar. A la gente le encanta especular, eso lo hace cualquiera, así quédate con tu mierda de cerebro chiquito, creyéndote un adulto. Prefiero ser esto, que lo que tú eres.” le espetó, más molesta de lo que antes hubiese estado. Sus manos quitando las lágrimas traicioneras que habían salido. Joder, santa mierda, hacía tanto tiempo no se sentía así. Gruñó, secando sus mejillas con rencor, dándose media vuelta para largarse de allí.
Si había algo que no se esperaba, era el impacto que tuvo la mano de la fémina contra su mejilla, haciéndole girar levemente el rostro mientras se llevaba una mano automáticamente a la zona golpeada. Anonado, sin poder creerse que ella lo había golpeado en serio, se quedó un momento quieto, escuchando sus palabras y sintiendo como la ira comenzaba a expandirse por su cuerpo. Si al principio había pensado que aquello no acabaría bien, ahora mismo lo confirmaba. La cogió de la muñeca con brusquedad, haciéndola girarse hacia él mientras la miraba con pura rabia. “No vuelvas a hacer eso, ¿me oyes? Tal vez creas que estás en tu derecho, pero no. No olvides que soy tu profesor, Aubrey.” Le recordó, aunque sabía que no era necesario. “Dices que yo no tengo el derecho de hablar, pero tú estás haciendo lo mismo conmigo, ¿no? Diciendo que prefieres ser como eres y no ser como yo, ¿qué es ser como yo, Aubrey?” Inquirió, soltándola de igual manera como la había cogido. “No sabes nada de mí y yo, en cambio, si sé un par de cosas de ti. Perder la dignidad en un pueblo pequeño… bueno, ya sabes, todos se enteran de lo que haces. Y digamos que no tienes la mejor de las reputaciones.” Tampoco la tenía él, pero no era él a quién lo veían pasándose constantemente en la taberna, emborrachándose siempre. “Por favor, te pasas borracha la mayor parte de la semana, no tienes buenas calificaciones en la academia y no tienes ni idea de lo que significa ser responsable. ¿De verdad crees que yo soy el que está creyéndose un adulto?” Una carcajada amarga escapó de sus labios para luego negar con la cabeza. “Haz lo que quieras, Aubrey. Sin embargo, quiero ver a tus padres el lunes por la mañana. Si no llegan, ya sé dóndes vives de todos modos.” Se encogió de hombros, recordándole a propósito el hecho que había pasado en Navidad, cuando la había visto vagar por la nieve en un diminuto disfraz, evidentemente borracha.