So you’re the best - and I want to hug you, if you let me.

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Cueste lo que Cueste - Capítulo 4
willow moore
El olor a pasteles recién horneados llena el aire en Superheroes & Scones: mitad tienda de cómics, mitad cafetería.
Mi estómago ruge cada vez que inhalo profundo, y ya verifiqué ambos bolsillos para ver si tengo monedas de sobra. Mi cuenta bancaria está acercándose a los $50, apenas lo suficiente para otra noche en un motel de Filadeldia.
Ya pasé cinco noches en mi auto para ahorrar dinero, pero estoy empezando a quedarme vacía. Casi un mes de hurgar esta ciudad buscando a Loren Hale, y lo más cerca que llegué fue a una fiesta casera, lo que se redujo a una remera manchada de cerveza y tormento.
Me llevó unos buenos cinco minutos el siquiera salir de mi auto y entrar a esa casa, mi primera fiesta de secundaria, por cierto.
Me sentí un estorbo. No sabía dónde pararme, adónde arrimarme, e incluso cuando encontré un lugar, me choqué con cuatro o cinco codos y hombros. Salí con un estómago hecho tripas.
Confirmó lo que siempre supe: Willow Moore no está hecha para fiestas de secundaria. No estoy preparada para sobrevivir una.
Mi reciente meta es un poco más cercana a mi zona de confort. Me estoy apostando en Superheroes & Scones, con la esperanza de que Loren o Lily vengan aquí. No sería muy raro. Son dueños de esta tienda, y los empleados dicen que Lily viene frecuentemente; pero desde que tuvo a su bebé en julio, no se la ha visto.
Sí tuve el valor de al menos hablar con la gerente de la tienda. Le pregunté si podía ver a Loren Hale, o si le podría decir a Lily Calloway que necesito hablar con él.
No podía decir por qué, así que estoy segura que soné como una fan obsesionada. Igual, la gerente de la tienda es buena conmigo. Maya siempre asiente y dice Lo voy a intentar. Yo le creo, aún cuando mi fe en otras personas ha disminuido un poco últimamente.
Estoy sentada en el piso entre estantes con cómics de X-Men, la tienda demasiado llena como para encontrar un asiento en una mesa. Mi trasero está entumecido, y personas pasan sobre mí para llegar a la sección de los Avengers.
Sigo echando miradas a mi pin de Mutant & Proud (Mutante y Orgulloso) en mi mochila. Vale la pena, me recuerdo. Tiene que valer la pena.
A menos que Loren Hale no quiera saber nada mí, cosa que también podría pasar. Ya he pensado cómo se reiría con resentimiento y se alejaría de mí.
Tal vez sea un mal recuerdo para él. Podría vivir sin saber eso.
Mi teléfono vibra en mi palma, distrayéndome, por suerte, de mis pensamientos taciturnos y abatidos.
Por favor dime que vuelves mañana. El colegio apesta sin tí!!!! :((((( - Maggie
Le mentí a mi mejor amiga.
Le dije que estaba en una misión: ver a Loren Hale para que me firmase algunos de mis cómics.
Me creyó, y en ese momento, creo que me di cuenta…me di cuenta de qué tanto ha estado Loren en mi vida sin estar físicamente en ella.
Quiero esto para ti, pero y si no te gradúas?? No puedo creer que tu mamá está de acuerdo con esto… - Maggie
Me encorvo para adelante, con las piernas cruzadas mientras le escribo. Miro adelante y veo una enorme fila afuera, extendiéndose más allá de las ventanas de la tienda. Honestamente, estoy sorprendida que nadie me haya echado aún, teniendo en cuenta que la tienda está a máxima capacidad.
Tal vez “me mezclo”, aunque me siento como un mueble inservible, torpemente bloqueando los estantes inferiores de cómics.
Le envío un mensaje rápido acerca de que necesito cumplir mi profecía antigua. Es lo suficientemente cómico como para que no se preocupe demasiado y, si lo hace, no abordará el tema. Mensajeé a mi mamá ayer preguntando por Ellie, y abro su mensaje de respuesta, releyéndolo por enésima vez.
Vuelve a casa y velo por ti misma. - Mamá
¿De verdad no podía simplemente decírmelo? Froto mis ojos bajo los lentes antes de que empiecen a lagrimear.
No es como si pudiese verla por Skype, enviarle un mail, un mensaje de texto o llamar a una niña de 6 años que no tiene computadora ni celular. Mi portal a mi hermana menor es mi mamá, y mi mamá está siendo reservada con la información para que vuelva antes a casa.
Necesito tu ayuda, pienso en enviarle, mis dedos cerca del teclado. Pero recuerdo sus últimas palabras.
Y entonces lo sé.
Estoy sola aquí.
Jubilosos chillidos llaman mi atención afuera. Sus ojos se agrandan, y de repente toda la fila de gente corre hacia la ventana. Sacan sus celulares y cámaras.
Giro mi cabeza hacia la puerta de empleados de Superheroes & Scones y el mostrador de la tienda. Mi estómago se sobresalta.
¿Es esa ella?
No sé por qué lo cuestiono cuando vi su foto miles de veces. La vi en un reality show. Incluso hice una o dos veces un gif de ella usando ese sombrero de Star Wars super tierno.
Lily Calloway es delgada y desgarbada con cabello castaño cortado corto, sobre sus hombros. Pensé que se vería mayor en persona, pero aún con su recietne cumpleaños, se ve mucho más joven que 24; una cara suave y ojos verdes que resplandecen.
En fotos, se ve frágil y rompible, constantemente escondiéndose detrás de Loren o con su cara enterrada en el pecho de su prometido. Él siempre tiene un brazo rodeándola. Siempre la proteje de los medios y se ha quedado fielmente a su lado, su mejor amiga de la infancia. Y eso solamente elevó su popularidad y se ganó el corazón de prácticamente toda mujer viva.
Menos mal nunca sentí eso hacia él. Siempre admiré a Loren Hale como a un sensei, supongo. Y todo este tiempo, ha sido mi hermano mayor.
Miro a Lily hablar con la gerente de la tienda, plantando sus manos en sus caderas con seguridad. Es tan diferente a la chica acurrucada que vi en fotografías. Es animada y segura de sí misma. Una chica en su elemento. Una persona en medio de cosas que ama.
Maya tiene martillos de Thor de plástico colgando de su brazo. Gesticula hacia Lily, y los juguetes chocan entre ellos. No desperdicio tiempo. Me levanto de un golpe.
Llegó la hora.
Al colgar mi mochila de mi hombro y acercarme al mostrador, cuando Lily Calloway encuentra mi mirada (mi mirada, de todas las personas posibles), los nervios me rebasan y siento sudor juntándose en mis axilas.
Mi cara palidece, y me detengo frente al mostrador blanco, el único objeto separándonos.
(Estoy así de cerca).
-Hola- sonríe.
Me sonrió. Y Lily Calloway me acaba de saludar. Maggie enloquecería externamente en esta situación. Yo enloquezco internamente, creo. Me siento medio muerta. Como un cadaver parado, inmóvil, que olvidó el lenguaje y los planes…
Planes. Tengo planes.
Abro mi boca y luego pienso ¿qué pasa si se rehúsa a dejarme ver a Loren?
¿Qué pasa si cree que estoy intentando juntarme con él, ya sabes, sexualmente? Casi me encojo. Solo sé pequeños datos sobre ella. Es una adicta al sexo. Le gustan los cómics. Está comprometida con su mejor amigo de la infancia.
Estos datos no constituyen las motivaciones o personalidad de una persona. No realmente.
Pero tengo que comenzar en algún lugar, ¿no? Con una respiración profunda, comienzo -¿Se encuentra Loren por aquí? De verdad quiero verlo-. Empujo mis lentes sobre el puente de mi nariz.
Apenas si se inmuta –Está trabajando- me dice amablemente. Debo de haber hecho un mal trabajo en ocultar mi cara de desánimo porque agrega –Apesta, pero yo estoy aquí-. Me tira otra de esas sonrisas de compasión. Es amable, pero sé lo que esto significa.
Miro al piso con el ceño fruncido más pronunciado. Nunca lo voy a ver, me doy cuenta. Está protegiendo a Loren de fans obesionados dentro de la tienda. De la misma forma en que él la protegería.
-Me gusta tu pin- dice Lily.
-¿Qué?- apenas oigo sus palabras, levanto mi cabeza y sigo la dirección de su dedo. Está apuntando a mi pin de Mutant & Proud, con la mitad de las palabras rayadas.
Agrega –X-Men: Primera Generación también es uno de mis favoritos-.
Quiero llorar.
Realmente es súper amable, y nunca sabrá que podría ser su cuñada algún día. No se lo puedo decir de una. Me pregunto cuántas personas han usado esa excusa para acercarse a ellos. Soy la hermana perdida de Loren Hale.
Claro. ¿Quién me va a creer?
Ajusto mi mochila e intento una vez más. -¿Hay alguna forma en que lo pueda ver? ¿Mañana, tal vez?-.
Sus ojos se ablandan con disculpas, pero vacila, sintiendo compasión por mis afectos hacia él, tal vez. Me conformo con lo que sea. Entonces dice –Le diré que te escriba un mail. Es todo lo que puedo ofrecerte-.
Inhalo ese fragmento de esperanza y asiento. –Sí, por favor, gracias-.
Acerca un bloc de notas hacia mí con un bolígrafo. –Escríbeme tu dirección de email-.
Garabateo: [email protected]
La campana de la puerta suena, y miro y veo a un grupo de chicos entrar ruidosamente, hablando uno encima de otro, muy fuerte como para diferenciar las palabras. Apuesto a que se colaron en la fila. Diría que es como en las películas en donde el grupo “alternativo” crea un show en una institución local.
Pero esto no es como en las películas.
La mayoría se ve normal: remeras básicas, algunas con cuello, algunos en shorts caqui. Si estuviese “cuál es diferente de los demás”, sería fácil señalar al chico que no encaja realmente. Lleva puesta una sudadera negra, su cabello cayendo sobre sus ojos. No es solo la sudadera. Es la forma en que camina enfrente a sus amigos, no tanto como un líder sino como alguien proclamando su individualidad, su resistencia a seguir.
También es el hecho de que lleva en la mano una bolsa de papel marrón, probablemente haya una botella de alcohol dentro.
Pensaba que solo los vagabundos hacían eso.
Creo que necesito reescribir mi eulogía: Qué criatura tan protegida, esa Willow Moore, que solo comprende la vida a través del lente de la buena televisión, libros y películas clásicas de coming-of-age.
Y entonces reconozco al pelirrojo de la fiesta de vecindario, el chico que me dijo que jugase strippoker a cambio de respuestas sobre la residencia de Loren.
Siento un nudo en la garganta, y me volteo de forma a estar ligeramente invisible a ellos. Desearía que mi cabello no estuviese en una trenza, así lo usaba como una barrera.
El pelirrojo golpea deliberadamente una figura en cartón de Cíclope, y sus amigos pisan a uno de los X-Men más importantes de todos los tiempos.
Hecho un vistazo a Lily, y su cara se dobla de dolor como si estuviesen marchando en su lugar de adoración y orinando en los bancos.
Maya gime. –Son horribles-.
Lily mira un poco boquiabierta. -¿Han estado aquí antes?-.
-Dos veces- dice Maya, –y siempre dejan un desastre-.
Desde mi punto de vista, veo al chico de la sudadera caerse en una de las mesas, una ocupada por dos chicas.
Ambas se ven ofendidas por su ebria presencia, especialmente cuando los otros tres chicos acorralan la mesa.
Yo también me sentiría ofendida. Claramente, no están aquí por los cómics o café.
Las chicas les echan miradas despectivas mientras se levantan de la mesa. El chico de la sudadera maldice y les quita el dedo del medio. Observa mientras se acercan a la puerta, y cuando su mirada recorre sus espaldas, de repente sus ojos cambian de dirección y terminan sobre mí. Demonios.
Desvío mi mirada rápidamente hacia Lily. Casi hice contacto visual con él. No, hice contacto visual con él. Realmente los estaba mirando fijamente todo este tiempo, no solo una mirada furtiva por la periferia de mis ojos. Estoy tachando oficial de policía, agente de la CIA y espía de mi lista de opciones de carrera.
Rápidamente, entrego a Lily la nota, atrayendo su atención lejos de su celular. A pesar de lo mucho que no quiero estar cerca de esos chicos, quiero quedarme aquí.
No tengo otro lugar donde ir.
Así que digo –Voy a quedarme un poco más, ¿si se puede? Estaba a la mitad de Messiah Complex-. Me pregunto si eso suena raro y acosador. Es uno de los cómics favoritos de Loren, y obviamente, si yo sé ese hecho, ella también.
En lugar de retroceder de miedo, ella sonríe, como si estuviese feliz de que haya elegido tan buena lectura. –Claro que sí-.
Claro que sí.
Tomo una respiración corta. No llores. Y asiento. Me siento un paso más cerca de mi meta. Podría ser todo falsa esperanza, pero tengo que creer que le dirá a Loren sobre mí. Tengo que creer que me querrá ver.
Ahora mismo, es todo lo que tengo.
Cueste lo que Cueste - Capítulo 3
garrison abbey
¿¿Dónde estás?? Tus hermanos se van mañana, y tienes que estar aquí antes de que sea muy tarde. Ya te perdiste de la cena. –Mamá
-Garrison, es tu turno- Nathan Patrick asiente, mordiendo un escarbadientes con una sonrisa mordaz. Su pelirrojo pelo peinado podría bien ser jodidamente marrón desde mi punto de vista. Humo de cigarrillos y porro crean una neblina diáfana en el estudio de su familia la puerta abierta mientras ebrios entran y salen. Nathan está obsesionado con el hip hop de los 90, así que el coro habitual de “perras” y “putas” de una canción de Dr. Dre y Snoop Dog hace latir el cielorraso y sangrar mi cráneo.
Inhalo del cigarrillo de marihuana entre dos dedos antes de levantarme y tirar mis cartas de póker sobre la mesa, mis dos reinas perdiendo frente a los tres reyes de Nathan.
De diez personas, tres chicas celebran. Otras dos chicas en nada más que corpiños y bragas sonríen pero no son vocales al respecto. Una de ellas se sienta a mi lado: Rachel Barnes, una morena con aros de diamante y aspiraciones de convertirse en una Zeta Beta Zeta como su hermana, en la universidad.
Se está adecuando al legado familiar; algo que no puedo soportar sin otro porro malo y una botella de vodka.
Luego de haber mostrado mis cartas, levanto mi remera negra, revelando cualquier músculo que el jugar lacrosse me ha dado, y un tatuaje de un cráneo negro en el pliegue de mi antebrazo y bícep. En una fuente pequeña, parte de la letra en inglés de una canción de Interpol rodea el diseño en tinta: Just a rage and three kinds of yes. And I've made stairways. Such scenes for things I regret, que significa “Sólo una rabia y tres clases de sí. Y he hecho escaleras. Tales escenas de las cosas que me arrepiento”.
No hago contacto visual con nadie. Me quedo parado y tiro humo gris hacia el techo, mi mente aquietándose y mis párpados cerrándose. Casi siempre estoy rodeado de gente, amigos y conocidos de la Academia Dalton, e incluso cuando me quedo en una habitación con ellos, aún cuando estoy físicamente allí, mentalmente siempre me desconecto por unos segundos. Más, si puedo.
Siempre quiero estar solo, pero cuando estoy solo, quiero estar con gente. Es una maldita maldición.
Quienquiera que construyó mi mente necesita rehacer los cables y encontrar un major balance porque me estoy yendo para todas partes. Estoy inclinado y de costado y tan arruinado….esto no es siquiera la mitad del problema.
La hierba te está hacienda una mierda paranoica.
Inhalo del porro una vez más antes de pasárselo a Rachel, quien duda antes de ponérselo entre los labios. Inhala una pitada corta y tose sobre su puño. Nathan y otros dos chicos le joden por eso. Yo no salto a defenderla, ya que está por ir a una hermandad femenina. Igual no es como que vaya a necesitar saber fumar un porro.
-Tú repartes, Abbey- me dice Nathan, estirándose sobre la mesa para pasarme la baraja de cartas.
Empiezo a mezclar.
Una chica se despeja la garganta ruidosamente, como en mi vecinidad. –Hola, ehm….- le da una palmadita a Rachel en el hombro. No me sorprende. Rachel se ve como la más accesible. La mayoría de los muchachos están fumando y tomando, uno incluso lleva puesta una máscara de gárgola de una tienda de Halloween, con más ocultas detrás suyo en una silla de cuero. Las otras chicas aquí tienen camisillas con un escote pronunciado y piercings en las narices.
Rachel es la única que se ve como alguien a quien llevarías a tu casa para que la vean tus padres. Aunque yo he llevado a todos a mi casa antes. No discrimino.
Apenas puedo diferenciar las facciones de la chica a través del humo. Todo lo que puedo decir con certeza es que lleva puesto un mameluco, de los que cuelgan, que te pondrías para pintar una casa.
Fruño el cejo. No creo que viva por aquí.
-¿Hola?- dice Rachel, con incertidumbre.
Para sorpresa de nadie, Nathan se hace cargo, parándose sobre su silla. -¿Cómo entraste aquí?- hace parecer como si la entrada a su fiesta fuese solo mediante invitación, cuando de hecho casi toda la Academia Dalton ha estado entrado y saliendo toda la noche.
-Yo…ehm, ¿la puerta estaba abierta?-.
-Me refiero al vecindario. Está cercado – le responde.
La chica da un paso para atrás, más hacia mí, pero me quedo quiero, tan incierto como ella, tan incierto como todos los demás. Mis párpados están pesados, y conlleva más control no caer en mi asiento y simplemente terminar de repartir lentamente.
-El portón estaba abierto…alguien estaba entrando, y los seguí adentro- explica.
-Solo estoy intentando encontrar a alguien. Sé que vive en este vecindario, y pensé que ustedes podrían señalarme cuál es su casa….-.
Nathan echa un resoplido con la nariz, y dos de mis amigos empiezan con sus risitas. –Déjame adivinar… Quieres ver a Loren Hale-.
-Sí- dice ella suavemente.
No puedo evitar hacer una mueca, y dar vuelta mi cabeza. Que se pudra, pienso. Rico bastardo. Me trago rencor y algo más; porque si miro a mi alrededor, veo pinturas de mil dólares, un globo terráqueo antiguo que probablemente cueste una fortuna. Veo los aros de diamantes de Rachel. El Rolex de Henry. Mis jeans de diseñador que se ven gastados a propósito.
Todos estamos llenos de dinero.
Malditos niños ricos. Puta.
Quiero estar solo ahora mismo.
No sé cómo quiero estar.
-Entonces….-dice la chica. -¿Me pueden ayudar?- tengo que esforzar mis oídos para escuchar su suave voz.
Ayúdala. Lo único que tengo que hacer es señalar la casa que está literalmente al otro lado de la calle. Yo conozco cuál es. Estuve mucho alrededor de ella con mis amigos. Pero algo me mantiene callado. Algo me mantiene con los labios sellados y el rostro sin expresión.
-¿Eres una de las raras acosadoras?- pregunta Carly. Deja salir una pequeña risa. –Digo, ¿vas a darle un pedazo de tu cabello?-.
-Carly- susurra Rachel, y luego termina riendo con ella.
Los chicos empiezan luego, y ríen también.
Todos se quedan mirando a esta chica. Todos la observan, y yo mantengo mi cabeza mirando abajo. Ojalá tuviese mi sudadera. Ojalá pudiese bloquear a todos solo por un segundo.
Las cartas se resbalan de mis manos, y termino agachándome para recogerlas, mis reflejos jodidamente lentos por la hierba.
-Entonces, ¿no pueden ayudarme?- la chica pregunta una última vez, sonando más sumisa que cuando recién llegó. Algo que de por sí muy difícil, considerando lo tímida que se ve.
-¿Eres tonta?- ríe Nathan.
Mi cara se calienta bajo la mesa, mientras agarro un par de cartas. Me pregunto si estuviese prestando suficiente atención, si yo hubiese hecho el mismo comentario, de la misma forma. Espero que no, pero tampoco soy una buena persona.
Soy igual de podrido, y me pregunto si soy el único que sabe lo crueles que somos todos. Lo arruinados que nos vemos.
Si lo soy…entonces debo estar doblemente maldecido o algo.
La chica se está por ir, pero Nathan agrega –¿Quieres jugar strippoker (póker nudista) por la información?-.
Echo un vistazo a la chica. Sus labios se parten con indecision, y se ve pálida y sudorosa. Apenas puedo distinguir el color de su pelo. Castaño, creo, en una trenza suelta. Esos lentes de nerd con los marcos negros remarcan su pequeña cara, y asienta la mayor parte de su peso sobre un pie, una postura nerviosa, ligeramente masculina con que la mayoría de las chicas de la alta sociedad no crecen por estos lugares. Sus mamás se morirían si lo hicieran.
Constante y ansiosamente toca su hombro, como si estuviese intentando agarrar la correa de una cartera que no está. Jesús, se ve realmente fuera de lugar.
Mientras más espera a hablar, más pienso que está considerando jugar strippoker con nosotros.
Y la broma sería ella. Quedaría desnuda y Nathan jamás le daría la información. Nadie lo haría, aún si se ganase ese derecho. Les parecería gracioso.
Recogo las últimas cartas y me levanto, mi postura más confiada que la de ella, pero no me veo como alguien que tomó años de ballet, como Rachel, o como si escuché algo en cotillón. Definitivamente no soy lo que mis padres querían que sea.
Y digo en voz alta, a Nathan –No voy a repartir a otra maldita persona, hombre. Ya empecé- y entonces empiezo. Ahora mismo, viéndome como un hijo de puta mientras lo hago.
Antes de que Nathan pueda protestar, la chica se va, metiéndose entre un ebrio descuidado que derrama cerveza sobre sus hombros. Es como mirar a Bambi quedarse huérfano o algo así. Y no puedo evitar sentir que somos nosotros quienes dispararon a la cierva.
¿Qué hago al respecto? Termino de repartir las cartas y adormecidamente comienzo la siguiente mano.
***
Cerca de las 2:30, por fin salgo de la casa de Nathan. Agarro mi bicicleta y lentamente (tan jodidamente lento) pedaleo por la oscura calle, iluminada solo por el alambrado público y por las pocas casas que residen ahí. En lugar de casas todas apretujadas, cada mansión tiene hectáreas para sí mismas, haciendo parecer que el vecindario está inhóspito.
Pedaleando paso césped y unos cuantos árboles.
No muy lejos, doblo a la derecha sobre la calle Cider Creek Pass. Vivo en el mismo barrio cerrado que Nathan Patrick. Con Loren Hale y las hermanas Calloway. Desde que se mudaron, los paparazzi acampan detrás de los portones, esperando que salgan. Es lamentable; por parte de quien, no estoy completamente seguro.
Levanto mis manos del manubrio y solo pedaleo, intentando no pensar en esas personas.
Ahí está.
Reflectores iluminan el jardín delantero de mi casa, con arbustos de rosas blancas bordeando una mansión al estilo Victoriano, con piedras grises y totalmente fuera de lugar: como si fuésemos una especie de realeza inglesa.
Ni bien veo a mis tres hermanos mayores en las escaleras principales, sentados de forma desigual y recostados por la barandilla de hierro, pienso en seguir andando. Mi problema: No tengo ningún lugar adonde ir, en realidad.
-Ahí está- escucho la voz amortiguada de mi hermano mayor, Davis. Se levanta primero, con la pelota de fútbol en la mano. -¿Dónde has estado?- me pregunta directamente. No es preocupación lo que hay en su rostro sino fastidio.
Pedaleo hasta el jardín y lentamente me bajo de la bicicleta, echándola sin importancia.
-Afuera- digo, queriendo subir por las escaleras y evitarlos al entrar a la casa, pero avanzo dos metros antes de que todos se me unan en el jardín, diciendo silenciosamente “no te vas a ningún lado”.
Todos nos llevamos dos años entre nosotros y el siguiente. Y, de alguna forma, todos se ven igual: corte de cabello bajo, remeras con cuello, pantalones caqui y mocasines.
Davis es el graduado universitario de 23 años, buscando su maestría en Negocios (MBA) y una posición en la multimillonaria empresa de tecnología de mi padre. Apesta con las computadoras, por cierto. Ni siquiera puede leer códigos. Pero es carismático y realmente un “chico de chicos”, así que qué se yo.
Hunter es el atleta de 21 años con problemas de ira que todos parecen pensar es por “testosterona acumulada” porque se rehúsa a coger o masturbarse hasta que termine la temporada de lacrosse. Es un perfecto idiota; y lo digo con cero afecto fraterno. Destruyó todo eso cuando yo era un niño.
Mitchell es el niño bonito de 19 años con menos encanto que Davis pero más cerebro, así que está jodido. Me agradaría más Mitchell si no actuase como si Davis y Hunter tuviesen carros de oro.
Y luego estoy yo, Garrison Abbey. Soy el degenerado de 17 años que falta a clases más veces de las que voy; quien aún tiene que encontrar un significado al estar aquí, con vida. Si no sigo sus pasos, entonces no veo nada más que podría hacer bien, pero no puedo seguirlos y soportarlo. Así que sí, estoy maldito.
-Amigo- empieza Mitchell. –Mamá quería que esta sea una cena familiar-. Las vacaciones de verano de la universidad terminaron hoy, así que tienen que volver a la Universidad de Pensilvania.
-Perdón- digo secamente, rascando mi nuca con falso arrepentimiento. –Supongo que me perdí la parte en donde cortamos el pan, nos tomamos de la mano y cantamos “Aleluya”… Tal vez la próxima vez-. Intento avanzar, y Hunter me detiene con una mano en mi pecho. La abofeteo y retrocedo inmediatamente, con mi estómago hecho tripas. –No me toques-.
-Entonces no hagas llorar a mamá, descerebrado- responde.
Miro al cielo nocturno por un minuto, y siento mi propia mirada llena de exasperación. También siento a Hunter liberar un agitado aliento y tomar un paso hacia mí, pero vuelvo a tomar uno atrás, apunto de dirigirme hacia mi bicicleta.
-Ey- Davis agarra mi hombro y me obliga a girar, sus dedos están perforando mi brazo. Levanta el balón cerca de mi cabeza como si estuviese por sugerir un juego rápido. En lugar de eso, inhala, y yo intento girarme y deshacerme de su agarre, mientras mi cabello despeinado cae sobre mis ojos.
Él me agarra más fuerte.
-Hueles a porro-. Su fastidio solo crece; probablemente pensando en lo molestoso que soy para nuestros padres. No soy fácil como mis hermanos. No sé cómo quedarme quieto y aún mantener mi maldita alma.
-¿En serio?- digo con falsa sorpresa. Mi única defensa real es el sarcasmo seco. –Pensé que olía a tu novia y su co….-.
Davis golpea mi cabeza y casi caigo hacia adelante. Y luego empuja el balón en mi pecho. –Como si tú supiese cómo huele una concha- dice mientras alborota mi cabello con una mano dura e irritada.
Me tratan como un niño pequeño. Como un hermano menor. Entiendo eso. Lo soy, pero al enfrentarme a Davis, Hunter y Mitchell, me siento más como un juguete con el que juegan, y que constantemente rompen.
Me aferro al balón. –Realmente no se quedaron despiertos solo para jugar fútbol conmigo-.
-Claro que sí-, dice Mitchell, encogiéndose de hombros y mirando a Davis y Hunter para tener confirmación.
Ninguno dice ni una palabra de consentimiento. Sus duras miradas están fijas en mí.
No quiero estar aquí, así que suelto el balón y doy vuelta de nuevo para agarrar mi bicicleta, que se encuentra tirada en el jardín. Hunter me persigue, y apenas tengo mi bicicleta parada cuando me empuja.
Suelto el manubrio y me tambaleo para atrás. -¿Qué carajos?- lo miro con desdén, mi pulso acelerándose.
-Vamos a jugar fútbol. No pudiste estar aquí para la cena; no pudiste hacer una cosa por mamá, así que harás esto por nosotros-, y agrega, como Hunter siempre lo hace –maldito chupapijas-. Es su insulto por defecto, uno que sé que habré adoptado y utilizado antes, y detesto haberlo hecho. Porque es super estúpido, entre otras cosas.
Aprieto los dientes e inhalo una vez antes de encogerme de hombros rígidamente.
Davis lanza el balón a mi cara. Golpea mi mejilla antes de que pueda bloquearlo. El dolor se acumula, pero lo reprimo al agarrar el balón del césped. Al momento en que me enderezco, Hunter me taclea con su peso completo. Él es 5 centímetros más alto, 23 kg más pesado, e inmediatamente me deja sin aliento en los pulmones.
Me ahogo e intento sacármelo de encima, pero Hunter agarra mi cabello y susurra en mi oído –¿Crees que eres tan jodidamente interesante? Levántate, maricón-. Me abofetea dos veces y ríe, como si fuese gracioso.
Cuando sale de encima de mí con el balón en la mano, lentamente me doy vueltas hacia el césped, arrodillándome antes de levantarme, respirando entrecortadamente.
Así son los hermanos, dice siempre mi mamá. Fastidian al más joven. Solo tienes que tener una piel más gruesa y que no te moleste, Garrison.
Limpio mi nariz con el revés de mi mano y me doy cuenta que estoy sangrando. Hunter está a solo un metro de mí, y me sorprende que no me haya tirado el balón al ojo.
-¿Qué? ¿Vas a llorar?- ríe.
Revoleo los ojos y solo sacudo la cabeza. Creo que esta es su forma de hacerme pagar por cualquier dolor emocional que le causé a mamá hoy, ayer y cuando sea que me vuelvo una molestia para todos ellos.
Y me gustaría pensar que si hubiese aparecido para la cena, no estaríamos aquí “jugando fútbol” de esta forma. Pero habrían encontrado alguna otra razón para ponerse rudos. Siempre lo hacen.
-Tacléame- me incita Hunter, con los brazos abiertos. –Vamos, maricón, veamos de qué estás hecho-.
Lo miro con desdén, mi mirada caliente, mi nariz como si estuviese prendida en fuego y yo solo pienso te odio. De verdad te odio, maldito.
Davis deja salir una risita. A ti también te odio.
Y luego Mitchell. Púdrete, Mitchell. Ojalá te crezcan los huevos y te alejes de ellos.
¿Ya me crecieron los huevos a mí? ¿Aunque sea tengo una cabeza? Pestañeo lentamente, preguntándome si sigo drogado.
-¿Qué, estás sordo?- la sonrisa de Hunter se desvanece, irritado, enojado. Es un gruñido horrible que conozco de toda mi vida. Recuerdo una situación como si fuese ayer. Mis padres pidieron pizza para cenar, y Hunter “reservó” la última porción. Tenía 17 años, y mi persona de 13 años no tenía idea. Me comí su supuesta porción.
Y luego él me agarró y tiró al piso, intentando forzar mi dedo en mi garganta para que lo vomitase. Cuando su rodilla estuvo mucho tiempo sobre mis costillas, deliberadamente metí mi dedo y vomité ese último pedazo de pizza. Él no quería comerlo. Solo quería negarme esa una pieza que él dijo debió haber sido suya. Porque él la reservó.
Hermanos, ¿no?
Putos hermanos.
Hunter gruñe bajo su aliento. -¡Dale!-. Aprendí hace como un año a dejar de seguirles en sus juegos. Simplemente los evito o no juego a cualquier cosa que quieran jugar.
No siempre hace que las cosas mejoren, pero me hace sentir como que me defendí.
Davis me mira como si fuese un maldito rebelde.
-Es fútbol-, me recuerda.
-Genial, ustedes dos jueguen- les digo, dirigiéndome hacia mi bicicleta de nuevo. –Yo me l….-.
Hunter me taclea, lucha conmigo encima de mi bicicleta, con el metal metiéndose en mis riñones. Hago una mueca de dolor y me revuelco debajo de él, maldiciendo e intentando sacármelo de encima.
Coloca todo su peso sobre mí, su insulto usual latiendo en mis oídos. Me pega en la cara un par de veces, con más fuerza, y entonces reúno las suficientes fuerzas para empujarlo y salir de debajo de él. Toso una vez, plantando mis suelas en el césped, y luego me enderezco lo suficiente para agarrar mi mochila y correr.
-¡Garrison!- grita Davis. -¡Solo estamos jugando!
Púdrete.
Corro más rápido, casi tropezando al llegar al asfalto, y miro atrás una vez para ver si me están siguiendo, pero mis tres hermanos se quedan atrás en el jardín. Tomo velocidad llegando a la calle principal, al salir de Cider Creek Pass.
Entonces desacelero, aunque mi pulso no disminuye conmigo.
Corro mis manos por mi pelo. –Qué carajos…- susurro, oyendo mi voz temblorosa. ¿Vas a llorar? Froto mi mejilla palpitante, la humedad evidente. –Estúpida mierda- mascullo suavemente, y hurgo en mi mochila.
Agarro un cigarrillo y un encendedor, colocando la collila en mi boca. Inhalo profundamente, y luego miro arriba y me doy cuenta de lo lejos que corrí y luego caminé.
Estoy en la casa de Loren Hale. Es una mansión, no tan ostentosa como la de mi familia. Las luces están apagadas, y la entrada está vacía. Doy vueltas frente al buzón, fumando un cigarrillo.
No sé por qué me quedo. Mis amigos y yo, hemos hecho jugado con su casa desde que se mudaron a este vecindario y, al comienzo, solo estábamos curiosos. ¿Quién puta son estas personas?, pensamos todos. No son famosos porque hicieron algo revolucionario o porque actuasen, cantasen y entretienen, haciéndose lugar en los corazones de las personas.
Son famosos porque la prometida de Loren es una adicta al sexo, y fue un escándalo muy grande. La heredera de Fizzle, un imperio de gaseosas, chupaba muchas pijas. Y entonces ella y sus hermanas, más cualquier hombre con el que estuvieran, hicieron un show de reality: Princesses of Philly (Princesas de Filadelfia).
Sabes, yo lo conocí… a Loren.
Me atrapó luego de que haya disparado con un arma de paintball a las ventanas de su casa, y mis amigos…ellos simplemente me dejaron ahí, corriendo con sus propias armas, creyendo que Loren me denunciaría a la policía. Siendo leal, no los habría delatado.
Pero esa noche, Loren Hale me dejó ir.
No lo entiendo.
No entiendo por qué no me denunció. Parece un idiota. Siempre está con una mirada de odio en las fotos de los tabloides; no más que su medio hermano, pero igual. Él se ve como un maldito cabrón…y me dejó ir.
No sé por qué lo hago ahora, pero busco dentro de mi mochila y agarro una lata de pintura en aerosol. Con mi corazón golpeando en mi torso, diciendo de forma violenta no con cada latido, pinto el costado del buzón. Mi nariz flamea, sabiendo que esto está mal.
Sabiendo que debería detenerme. Pero no lo hago.
La pintura moja mis dedos al mantener presionado el atomizador con fuerza, y de un lado escribo la palabra Chupa y del otro escribo Pijas.
Tal vez debía haber escrito ayuda en su lugar.
Cueste lo que Cueste - Capítulo 2
willow moore
Mi garganta se cierra. Ella no engañó a mi papa. Él está equivocado.
Tal vez yo solo quiera que ella confíe en mí. Que me diga la verdad. Esta fuerza dentro mío me empuja, y doy vuelta la esquina. -¿Mamá?-. Sueno tan pequeña.
Mientras miro a ambos, su rabia, dolor y malestar empiezan a cerrarse detrás de una pantalla opaca, una que me impide la entrada.
Pestañeo, las lágrimas empamando mis pestañas.
Detesto que no me muestran nada real ahora mismo; que tengo que espiarlos para poder verlo.
Mi mamá se enderece y limpia sus mejillas con el revés de su mano. –Ve arriba, cariño- dice con su voz entrecortada.
-¿Quién es mi padre?- pregunto.
-Rob Moore es tu padre, y también el de Ellie- dice con apremio. –No es lo que crees…-.
-Me voy- dice mi padre, sus lágrimas ya secas. Otra mirada de desdeño en su rostro.
Apenas me mira.
Tiene que pasar detrás de mí para llegar a la puerta, y nuestros cuerpos parecen alejarse entre ellos, como al presionar dos imanes por el lado equivocado, imposibles de estar cerca.
Tiene una clara aversión a mí, y ahora creo saber por qué. Cree que no soy su hija, aún cuando en realidad sí lo soy.
Escucho sus pasos desaparecer por el salón. No mucho después, la puerta se cierra con un estruendo, y mi mamá me da la espalda, empezando a limpiar unos vasos sucios en el fregadero. No puede simplemente pretender que nada pasó.
-¡Mamá!- le grito.
- Ya no quiero hablar…- sus brazos tiemblan como los míos, y tal vez un año atrás me hubiese quedado callado y simplemente hubiese tomado estos míseros detalles y creado mi propia y horrífica conclusión. No quiero tener que seguir viviendo con este panorama a medio pintar. No quiero mirar a través de las nubes, de un vidrio empañado o de pantallas opacas.
Quiero transparencia para mi propia vida, y solo ella puede darme eso.
-Yo aún no he terminado- mi tono voz es mucho más suave de lo que intenaba que sea. Ella no se da vuelta a mirarme.
Inhalo profundamente. –Mamá- digo con la voz entrecortada, -Yo no he terminado-.
Lentamente gira, su mano apretando una toalla de cocina, con los ojos rojos. Esta vez, espera que yo hable.
Me mojo los labios y pregunto -¿Tengo un hermano?-. Ella mintió al respecto. No estoy segura si puedo confiar en ella, y no estoy segura si debería amarla, pero la amo, y aún confío en ella. Eso no se puede desvanecer tan rápidamente.
Pero ahora mismo, siento resentimiento hacia ella. Por primera vez, realmente lo siento. Y lo odio.
-Willow…- sacude la cabeza, como si estuviese debatiendo para revelar lo que ha mantenido como secreto por tanto tiempo.
Me limpio las lágrimas bajo los lentes. Inquietamente muevo los pies, y accidentalmente me paro sobre un globo. Se rompe con un estruendo, y ambas nos estremecemos.
Mi árbol genealógico ha sido prendido en fuego, y desesperadamente estoy tratando de encontrar aunque sea una rama escondida, para poder encontrarme sentido de nuevo.
Lo necesito.
Quien quiera que sea. Necesito saber cómo es. Cuántos años tiene. Un nombre. Un lugar. Tal vez él sepa cosas que yo no. Tal vez él entienda.
-Fue hace mucho tiempo- dice ella. –Yo era una adolescente, como de tu edad, un poco más joven cuando me embaracé-. Deja salir una pequeña risa, quebrada. –No te puedes imaginar…-
Miro cómo se apoya por el fregadero y mira detenidamente a la torta de vainilla a medio comer, inclinada sobre la mesa. -¿Sigue vivo? ¿Sabe…?.
-Loren Hale- dice, su voz repentinamente estoica y fría. –Ese es tu hermano.
Mis piernas quieren doblarse, pero logro quedarme de pie, mi mente dando vueltas mientas piezas de un rompecabezas mucho más grande empiezan a caer. –Él lo sabía…-. Vino a nuestra casa como hace cuatro años. Ella me dijo que solía conocer a su padre. Y me doy cuenta, su visita no fue arbitraria. Vino y se fue tan rápido. –¿Le dijiste que no me dijera?- le cuestiono.
Sus labios están sellados, y tomo su silencio como afirmación.
-Oh por Dios- murmuro, mi mentón temblando de nuevo mientras impido una nueva avalancha de lágrimas. Ella lo mantuvo alejado de mí. ¿Por qué haría eso?
Loren Hale es mi medio hermano. Todo este tiempo… Pudimos haber hablado, tenido una relación, sido amigos, habernos visto. En su lugar, solamente hay un gran agujero negro de nada, hueco y vacío.
Me siento vacía.
-¿Puedes simplemente olvidarte de esto?- mi madre me pregunta.
Sacudo la cabeza, en un trance. –No… Lo quiero conocer-. Necesito decirle que ahora sé la verdad. Quiero recuperar esta pieza que perdí.
-No puedes- dice, cansada, mientras mueve piezas de cabello fuera de su frente. –La familia Hale es famosa, Willow. En el momento en que la prensa descubra que Loren tiene una relación familiar contigo, van a acosar a nuestra familia. He intentado tanto que ustedes dos tengan una vida normal. Puede que tú decidas vivir en ese mundo más adelante, pero Ellie aún es muy pequeña y no va a vivirlo. ¿Está bien?-.
Intento procesar esto de la forma más rápida como pueda. Hale Co. es una compañía de productos para bebé que elevó a Jonathan Hale al estatus de “multimillonario” y a su hijo como heredero. Pero su fama vino, realmente, por otros lugares, uno de ellos el show de realidad de TV con la prometida de Loren y sus hermanas (las Calloway). Todos ellos, los Hale y las Calloway, están en por lo menos tres medios amarillistas por día.
Los paparrazzi los siguen por todo Filadelfia, su hogar.
Las personas los aman, y las personas los odian.
Entiendo por qué mi mamá querría protegernos de eso, pero Loren Hale solo pasó a ser tan famoso hace pocos años. Ella pudo habernos introducido cuando era simplemente un niño rico de Filadelfia.
Ella nunca tuvo la intención de lo conociera, de que supiera de él…
¿Cómo puedo creer nada de lo que me diga?
-Willow- dice con un tono suplicante. –Deja el tema en paz. Jonathan nos dio mucho dinero a lo largo de los años. Ya se acabó, ¿sí? Nadie puede saber que Loren es mi…- su rostro de repente se frunce. No puede decirlo.
Mi corazón palpilta. –Tu hijo-, susurro con lágrimas incipientes.
Se mueve hasta que no puedo mirarla a la cara. Después de un corto silencio, dice suavemente –Solo tenía deciséis años, Willow-.
Era tan joven.
Y tiene razón, no puedo imaginarme….
Jonathan Hale seguro era muy viejo también. Me estremezco frente a la imagen- a la realidad torcida y grotesca de la que nunca supe que era parte. Me siento mal por ella, pero me preocupa que si me sumerjo en la angustia nunca podré tomar suficiente fuerza para conocer a mi hermano. En cambio, lucharé por mantenerme dentro de su tristeza y por aferrarme a su dolor como he hecho desde el divorcio.
Estoy cansada. Estoy realmente cansada de sucumbir a las emociones de otras personas y de poner las mías en un segundo plano. Siento, en mi corazón, que necesito descubrir algo mucho más grande, algo más, y ella no me puede detener. ¿O sí?
-Me voy- digo de repente; solo entonces dándome cuenta de que esas fueron las palabras exactas de mi padre hace unos minutos. Ella parpadea y se traga sus emociones una vez más, mientras yo determino qué voy a empacar. Una bolsa de lona está en mi placard, algunos jeans y remeras, mi mochila y mi billetera.
Me voy.
Nunca fui tan audaz. Nunca fui tan valiente. Nunca me sentí tan perdida, pero sé que no hay nada aquí en Caribou, Maine excepto dolor, y quiero sentir algo major que esto.
Me voy a Filadelfia.
-Si no fuese famoso- dice ella muy despacio, -ni siquiera te cruzaría por la mente el conocerlo- me lo tira a la cara.
No es cierto, quiero creer incondicionalmente, pero ella planta dudas en mi cabeza.
-Si él no fuese famoso- le dijo suavemente, -entonces esto sería mucho más fácil-. Podría llamarlo por teléfono. Podría avisarle con anticipación que iría a visitarlo. Incluso podría verlo por Skype en vez de viajar hasta Filadelfia.
Nada de eso es posible cuando Loren Hale es una celebridad internacional.
Mientras le doy la espalda a mi mamá, mientras me encamino hacia las escaleras, sé que será un gran desafío siquiera acercarme a él.
Pero tengo que intentarlo.
Necesito asirme de esta rama antes de que se queme. Así que corro arriba, armo un bolso, mirando a Ellie durmiendo en mi cama. Cinco minutos después, cierro mi bolso de lona y me pongo mi descolorida mochila al hombro.
Oigo a mi mamá abajo, limpiando, y me pregunto si intentará convencerme de que me quede. Me pregunto si le importo lo suficiente como para mantenerme aquí.
Parte mía quiere que pelee por mí, por amor y miedo.
Parte mía quiere que me deje ir, así puedo ser libre.
Vacilo; la corona de plástico de Ellie está a medio caer de su cabeza, su aliento partiendo sus labios mientras duerme. Me agacho cerca de ella y susurro en su oído –Te quiero, princesita-. Le doy un pequeño beso en la mejilla, suavemente como para no despertarla. Sé que puede sobrevivir sin mí por un tiempo.
Ella es la energía que mantiene esta casa con vida. Yo solo soy la sombra en la esquina.
Cuando me bajo por la estrecha escalera, apretando mi bolsa de lona, la canilla de la cocina se cierra, y mi mamá emerge al salón. Me detengo entre ella y la puerta principal.
Se seca las manos con una toalla, con una cara de póker y más resiliente. –No voy a solventar esto- dice. –Estás sola-.
Una lágrima cae por mis mejillas. –Está bien-. Supongo que está esperando que me asuste, que me quede sin dinero, y vuelva. Quiero ser lo suficientemente valiente para soportarlo, pero no estoy segura si estoy programada para eso.
Agrega –Eres lo suficientemente mayor para hacer lo que quieras, y eres lo suficientemente mayor para cometer tus propios errores-.
Pienso en ella, cuando tenía alrededor de mi edad, embarazada y tomando unas de las decisiones más difíciles que tuvo que tomar. Supongo que sí creería que ya soy una adulta ahora si ella fue obligada a serlo en esa época. Pero tengo miedo, y me siento como una muñeca de plástico yendo hacia un auto de juguete, imposibilitada a ver más allá de mi casa de Barbie. Qué hay más allá, no lo sé.
-Si me necesitas- dice –tendrás que volver a casa tú misma-. Ella trabaja para la oficina postal y casi no tiene días de vacaciones; definitivamente no los suficientes para perseguirme hasta Filadelfia. Y no se lo estoy pidiendo.
Me gustaría decir que estoy llena de amor agridulce, pero más que nada me siento oscura y resentida. La mayor parte de mí odia, y apenas puedo mirarla a los ojos sin sentirme engañada y embaucada.
Quiero poder mirar a un par de ojos diferentes, que son dueños de verdades y sentimientos más grandes, y no son los suyos.
Simplemente asiento, me doy la vuelta, y abro la puerta principal, con el sol ya oculto. Las luces del alumbrado público ya están encendidas, y abro mi Honda dorado de los 90. Sacudo la manija para que se abra. El auto solía ser de mi abuela Ida, y yo estoy agradecida de por lo menos tenerlo, algo que ayude a irme.
-Maneja con cuidado- creo que oigo a mi mamá.
Miro atrás a la puerta, pero ya está cerrada. Las luces ya están apagadas, y me pregunto si está feliz de que me esté yendo, si todo este tiempo he sido un mal recuerdo para ella.
Tal vez como lo ha sido Loren Hale.
Cueste lo que Cueste - Capítulo 1
willow moore
Reglas: Completa el formulario respondiendo a cada sección de forma honesta. Una vez que hayas terminado, etiqueta a otros usuarios para que completen el trabajo. Empieza por etiquetar a la persona que te etiquetó a ti.
Si tuviese amigos en la vida real que disfrutasen de Tumblr, tipearía sus nombres de usuario al final. Es difícil encontrar a personas con mis mismos intereses en Caribou, Maine—no que eso signifique que el lugar es el que tiene la culpa. Yo tengo la culpa, como me ha dicho mi padre.
Si te gustasen más cosas de chicas, Willow, tendrías más amigos.
Si por lo menos fueses a fiestas como una chica normal, tendrías más amigos, Willow. Si usases más maquillaje e hicieses el esfuerzo, tendrías un novio, Willow.
Si dejases de ver dibujos animados de superhéroes, tendrías un novio, Willow.
Todas las chicas de tu edad tienen uno.
Inspiro profundamente e intento bloquear el gallinero que no tiene nada bueno que decir de mi círculo amistoso de dos personas (Maggie y yo) y mi falta de potenciales pretendientes. Simplemente, no entiendo por qué tener un novio en la secundaria define mi valor como persona.
Yo me siento bien. Hasta que alguien señala que debería sentirme miserable. Porque nunca me han besado. Porque me gustan “cosas de chico” y, sí, tengo una sola amiga en la vida real.
Si fuese osada y franca, le diría a mi padre que se fuese a la mierda.
Pero no soy ninguna de esas cosas. De hecho, me hago daño tan solo de pensar en lo que realmente siento.
Mojo mis labios y etiqueto a la persona que me etiquetó: maggiewidowss
- ¡Adiós! ¡Que tengan un buen viaje a casa! – la voz anormalmente aguda surge del piso de abajo, rápidamente seguida por el sonido de una puerta cerrándose. Mi mamá está haciendo el papel de buena anfitriona de la fiesta de cumpleaños de mi hermana pequeña. Las risas de las niñas de 6 años aún son muy audibles, con sus padres llegando para recogerlas y llevarlas a casa.
Miro la hora en el reloj sobre mi mesita de luz. Las 19:00 horas. Las festividades casi terminan.
Yo estaría abajo también, pero Ellie me dijo específicamente que “no eres una princesa, así que no puedes venir”.
Sé que no lo dijo por ser mala. En cada fiesta de Halloween que ella recuerda, me he disfrazado de los personajes de Mortal Kombat y Street Fighter. El año pasado fui Vega: un guerrero de máscara blanca y espadas como garras, con pelo lacio y largo, y pantalones lilas. Ella creyó que yo era “una chica de una película de terror”, cuando en realidad, era un tipo genial e impresionante de un videojuego.
Ellie me ve más como su hermana nerd con mis mamelucos de jean, anteojos de marco negro (ciega como un topo) y una trenza constantemente despeinada. Ella quería princesas “auténticas” en su fiesta, así que mi mamá pidió a Haley Anderson que se vistiese como Cenicienta.
Haley es mi compañera de grado. Diecisiete años, y aparentemente mucho más princesa de lo que yo aparento ser.
Así que fui desterrada al piso de arriba por mi hermana de 6 años. Huellas amarillas de patas de conejo siguen decorando las paredes de mi habitación, restos de mi habitación de bebé, y un recordatorio constante de que ya he superado esta pequeña habitación y su decoración.
Ahogo el resto de la fiesta de cumpleaños poniéndome los auriculares al oído, y estiro mi vieja laptop sobre mis piernas. Con las voces apagadas, y sintonizando los Top 100 Hits de la radio de iTunes, completo el cuestionario de Tumblr, tipeando cada respuesta.
Cuál fue tu... Última bebida: Fizz Life Última llamada: eh, mi abuela Ida. Quería hacerme una bufanda de croché para el próximo invierno, y necesitaba saber qué color de hilo. Le dije que azul. Último SMS: "¡Lo compré! ¡Lo compré!" a Maggie, en relación a Comprendiendo los Cómics, de Scott McCloud. Estuve ahorrando el dinero de mi trabajo como niñera para comprar este cómic. Leo TODO lo que Loren Hale recomienda (es mi sensei de comics), y él sugirió este hace poco en las redes sociales. Alguna vez... Te han engañado: nunca le di la oportunidad a nadie Besaste a alguien y te arrepentiste: nunca me han besado (sin juzgar) Bebiste licor fuerte: un par de veces. No me gustó el sabor. Te emborrachaste y vomitaste: nop Conociste a alguien que te cambió: Una vez vi a Loren Hale (mi único encuentro con una celebridad). Estaba parado en la puerta principal de mi casa (larga historia). Loren Hale se fue como en 5 minutos—pero me habló. Se dio cuenta que tenía un pin de Mutantes y Orgullosos, y mencionó que le gusta Hombres-X: Evolución (la serie animada). Y luego hizo un comentario sobre el cómic y Lily Calloway. La llamó su novia, pero estaban, y siguen estando, comprometidos, si Celebrity Crush está en lo correcto. Me hizo pensar que las chicas también pueden leer cómics; y la forma en que él me habló, asumió que yo ya lo hacía. Nunca intenté leerlos hasta ese momento, hasta que él se fue y me quedé pensando que sí, tengo permitido leer esas cosas también. Comencé New X-Men y me identifiqué tanto con Wallflower, una chica a la que realmente necesité hace un año, cuando mis padres se divorciaron. Y nunca hubiese leído un cómic, ni me hubiese enamorado de ellos, si no conocía a Loren Hale Te desilusionaste románticamente: Nunca me enamoré como para poder desenamorarme Descubriste quiénes son tus verdaderos amigos: esta es la razón por la que tengo un círculo de amistad pequeño. Maggie es la mejor amiga que podría existir jamás. Perdiste tus lentes: en múltiples ocasiones. My hermana pequeña a veces me los quita para ser simpática. Tuviste sexo en la primera cita: ...no lo sé, tal vez lo haría...? Pensar en eso me pone nerviosa... Fuiste arrestada: en una pesadilla Rechazaste a alguien: para qué? como, para salir? Te enamoraste de un amigo o amiga: no. No, no me gustan los chicos de mi colegio de esa forma (y a ti tampoco te gustarían si fueses yo) Más preguntas... Tienes mascotas: mi papá odia a las mascotas, pero cuando se mudó hace un año, mi mamá dejó que Ellie tenga un hámster. Huele muy mal Qué hiciste en tu última fiesta de cumpleaños: comí en la Casa de los Fideos solo con mi mamá, hermana y Maggie. No me gustan las grandes fiestas, especialmente si son para mí Nombra algo que esperas con ansias: UN RELANZAMIENTO DE NEW X-MEN (POR FAVOR, QUE PASE!!! ME CONTENTO CON CUALQUIER COSA!!!) También, quiero que Maggie conozca a la Viuda Negra (también conocida como Scarlet Johansson) algún día. Qué te molesta: que me obliguen a hablar en grupos grandes Apodo(s): ninguno (no soy lo suficientemente genial) Estado sentimental: soltera Programa de TV favorito: es un empate entre Gravity Falls: Un verano de misterios & Hombres-X: Evolución. Amo ambos Secundaria: lista para que termine Universidad: me gustaría ir. Estoy trabajando en ello Colo de pelo + largor: castaño, lacio, y llega como hasta mi pecho? Altura: 1,65 mt Amor platónico: TOM HIDDLESTON!!! (alias Loki) Tatuajes: mi papá dice que no Zurdo o diestro: Diestra Alguna cirugía: nada muy serio Algún piercing: perforado doble en ambos lóbulos; solo 4 pequeños pendientes, dos murciélagos y dos estrellas Deporte favorito: deportes? *corre y se esconde* Primeras vacaciones: nunca salí de Maine, pero cuando era muy pequeña, solíamos ir a la costa, como a más de 4 horas de Caribou, y navegamos una vez. No puedo recordar nada en realidad, pero mi mamá tiene fotos. Todos parecen muy contentos Ahora mismo... Qué estás comiendo: torta de cumpleaños de vainilla que preparé para mi hermana. Me bajé a escondidas & me traje un pedazo Qué estás tomando: una lata de Fizz Life sin gas Qué estás esperando: a que termine esta fiesta de cumpleaños Quieres hijos: no lo sé no pienso en eso Matrimonio: no me importa de una forma u otra Carrera: es muy temprano para decidir Qué prefieres... Abrazos o besos: abrazos por ahora Más bajo o más alto: más alto que yo. Aunque sea por poquito. Mayor o menor: mayor, pero no demasiado; no podría hacer lo que hace Daisy Calloway con su novio, que es como 7 u 8 años mayor (no recuerdo).
Eso es todo por ahora. Inhalo profundamente de nuevo y etiqueto a algunos amigos virtuales que estarían interesados en esta encuesta.
Lentamente, mi puerta se abre, dejando entrar la luz del pasillo a mi pobremente iluminada habitación. Me saco los auriculares y veo a una pequeña niña vestida en un traje brilloso amarillo, una corona de plástico colocada sobre sus rulos marrones.
Ellie tímidamente se queda en la puerta, lo que es muy inusual; normalmente su energía consume cualquier habitación a la que entra.
-¿Willow?
Me levanto de la cama y cuando alcanzo su lado, me doy cuenta que el sonido de las risas de niños ha sido reemplazado con sonido de discusiones.
-¡No vamos a tener esta conversación! ¡Es el cumpleaños de Ellie! – grita mi mamá, en un registro que solo surge cuando mi papá está presente.
-¡Su cumpleaños terminó hace veinte minutos! – responde a gritos mi papá. No les había visto soportar su presencia mutua desde el divorcio. Lo había invitado a mi cena de cumpleaños número 17, allá en marzo, y él dijo que no podía ir. Sus palabras exactas: no si tu madre estará ahí. Ahora, en agosto, está dispuesto a soportar a mi mamá por Ellie, su pequeña princesa llena de alegría.
Creo que nunca encajé dentro de la visión que él tenía de lo que quiere que sea, pero odio el hecho que se haya ido, antes que nada. Odio que simplemente abandonó a mi mamá y rompió el corazón de mi hermanita, e hizo pedazos sus vidas, aun cuando ya lo había hecho con la mía.
Simplemente dijo “Ya no puedo vivir con tu madre”. Y como adolescente, supongo que desconozco los detalles, pero la falta de eso solo ha logrado que el odio fermente en mi interior, más por el que por ella. Odio que su ida haya causado a mi madre lágrimas por tres meses. Odio que Ellie haya preguntado repetidamente cuándo volvería su papi a casa. Odio que era yo quien tenía que decirle la verdad una y otra vez, y tenía que ver cómo caían sus lágrimas por sus mejillas cada vez. Odio que no haya estado aquí para soportar su dolor; que nunca se despertó con ese dolor, nunca fue a dormir con ese dolor, como lo hice yo. Cuando miro a mi papá, solamente veo al hombre que me lastimó al lastimar a las dos personas a quienes más amo.
–¿Willow? – repite en un susurro Ellie, estirando mi muñeca. Miro abajo, a sus ojos grandes como platos. Y murmura –¿Puedes pedirles que paren? –.
Arreglo su corona de plástico que se encuentra un poco torcida para la izquierda. –Solo si esperas aquí-.
–Lo haré, lo prometo –. Ellie salta sobre mi cama y se acomoda al lado de mi laptop. Me fijo que tiene una muñeca Barbie en la mano. Debe ser nueva.
La dejo rápidamente, mis pies descalzos sobre la vieja alfombra, y me acerco por las estrechas escaleras hacia la cocina.
–¡No hablaremos sobre eso aquí, Rob!
Su tono baja hasta sonar como un gruñido –Sí, lo haremos–.
Me detengo casi a la puerta, donde puedo espiar desde el marco. El piso amarillo de linóleo está casi cubierto de papel de envoltura y globos rosas, el basurero lleno de platos de plástico. Mi mamá se ataja del fregadero, sus nudillos blancos por la presión.
Solo detecto tanta emoción de mi mamá cuando no se da cuenta o se olvida que estoy ahí. Aunque después del divorcio, he visto este lado de ella mucho más seguido. En un día normal, es dulce y controlada. Rara vez se calienta. Casi nunca se enoja. Intenta guardar sus sentimientos más obscuros, algo que yo tambié aprendí a hacer.
Mientras me asomo en puntillas de pie desde la esquina, voy obteniendo una mejor vista de mi mamá.
Solamente tiene 40 años, con ojos amables, una complexión suave y mejillas rosadas, pero su apariencia normalmente bien confeccionada se derrumba bajo las lágrimas que se acumulan. Está parada frente a un hombre de edad media, con un poco de barba, ojos estrechos, y una remera de Miller Lite. Y mentalmente, me pongo del lado de ella, aún si se supone que me debo mantener imparcial.
Lo veo.
Lo veo hiriéndola.
Lo veo causándole esas lágrimas.
Mi mamá, que nunca pide nada de mí, aun cuando no soy todo lo que podría ser.
Me aferro al marco de la puerta, observando a mi padre cruzar los brazos sobre su corpulento pecho.
–Nunca finalizaremos este maldito divorcio si tu abogado sigue posponiéndolo– le dice.
Mi mamá inhala entrecortadamente. Su nariz se mueve y sigue peleando contra las lágrimas, con más tristeza que enojo.
No. Dile que se vaya a la mierda, mama. Dile que no lo quieres. Me muerdo la lengua, esperando que ella se defenderá.
-Por favor, Rob...- lloriquea. –Solo vuelve a casa.
Mi estómago se vuelca. Solo quiero que lo eche de la casa, que tenga la fuerza de eliminar esa cosa que le causa daño. Vamos, mamá. Puedes hacerlo.
Desearía poder tener el coraje para ayudarla, pero mis pies están cementados al piso, pesando como si fuesen globos llenos de alquitrán.
-Preferiría arder en el maldito infierno antes que estar con una mujer que pasó más de diecisiete años mintiéndome repetidas veces- murmura con desdén a través de sus dientes.
Un escalofrío corre por mis brazos, y se me anuda la garganta.
-No tiene nada que ver contigo, Rob- dice ella, con su voz temblando, y luego las lágrimas caen enormemente con un sonido gutural. Me hiela el corazón, y doy un paso adelante. Estoy anonadada.
Mientras tanto, él simplemente se queda parado. Él solo mira con asco.
Cómo puede—
-Abandonaste a tu hijo- dice, con tanta pasión, con tanto sentimiento y tanto odio que su cara se torna roja como un tomate.
Y yo me quedo completamente paralizada.
-Tu maldito hijo- repite, con los ojos vidriosos. –¡Ese hijo del que no sabía nada!- señala su pecho con el dedo. Vibrando; está vibrando de ira y dolor.
Yo también estoy temblando.
No entiendo...
Mi papá se moja los labios y dice -¿Cómo es que el hecho de que ye hayas visto con el padre de tu hijo en doce ocaciones diferentes desde 1990 hasta 2010, no me afecta a mí?
No.
Doy un paso atrás.
Él tiene la culpa.
¿O no?
Tiene que tenerla.
Lágrimas se asoman en mis ojos, y yo intento bloquear la verdad. No.
Piénsalo, Willow.
No quiero hacerlo. Es fácil creer en una cosa por tanto tiempo, poner todas mis emociones en un cajón, en donde tiene má sentido. Duele que venga alguien y abra de golpe ese cajón, tirando el contenido al piso, destruyendo todo lo que sabía que era real.
Ella es mi aliada.
Es mi confidente y mi amiga.
Es mi mamá.
Ella no mentiría. No abanonaría a nadie. Ella es mi mamá... La persona que pasó cinco horas ayudándome con un proyecto para la feria de ciencia en octavo grado; quien me llevó a ver la función de medianoche de Los Vengadores, aun cuando ella tenía que trabajar temprano en la mañana.
Ella tiene el corazón amable y amoroso. Es dulce y generosa.
No puedo imaginarla abandonando a un cachorro, mucho menos a una persona…su persona.
Esto no es real.
Y entonces mi mamá dice, con el aliento entrecortado –Nunca vi a su padre luego del día en que nació el bebé"-. No puedo decir con certeza si esto es o no verdad. Planta sus ojos en el piso con vergüenza, sin encontrar la mirada de mi papá.
-Estás mintiendo de nuevo- dice él, con los dientes apretados.
-¡No estoy mintiendo!- grita ella al piso. –Esos eran cheques de él, pero nunca nos encontramos, desde 1990. Él mandaba a su asistente…y me los daba. Hace cinco años fue la última vez que envió un cheque. Ya te lo había dicho. Por favor, Rob…- implora, tratando de asirse del brazo de mi papá, pero él lo saca de un tirón. Ella se agarra del aire y sus brazos caen hacia el fregadero, de cuyo borde se agarra de nuevo.
Soporto mi peso por el marco de la pared, mis lentes neblados con lágrimas, y me los saco con manos temblando, para limpiarlos con mi remera verde a rayas. Intento no hacer ningún sonido, pero mi nariz está corriendo… Limpio eso con mi brazo—temblando.
Deja de temblar, Willow. Todo está bien…
Mi mentón vibra.
Has estado en el lado equivocado de las cosas todo este tiempo. Eres una tonta. Esperaba que mi padre me lastime.
Nunca esperé que ella lo hiciera.
Mi padre de forma silenciosa piensa en todo esto antes de volver a estallar -¿Y por qué simplemente te daba esos cheques?-. Deja salir una risa llena de angustia, con sus manos en la cintura. –¿Me estás diciendo que no había nada que viniese con eso? ¿Ninguna estipulación?- niega con su cabeza, con desconfianza.
-Ya te lo dije, quería que me quede callada, por pena, no lo sé. Simplemente seguía enviándolos, y nosotros necesitábamos el dinero para tu auto, para la casa…-.
-Tienes que estar…- grita con todas sus fuerzas, enojado; furioso. Me estremezco, y entonces él agarra un recipiente lleno de naranjas. Lo tira violentamente contra la pared.
Salto con sorpresa cuando la cerámica se quiebra sobre el linóleo.
-¡¿Él pagó por mi auto, por mi casa?!- dice, señalando de nuevo su pecho, aún manteniendo una buena distancia entre su cuerpo y el de mi mamá, como si le enfermase el estar siquiera cerca suyo
-Por favor…-.
-¿Me engañaste?- pregunta de pronto, con sus venas saltando en su cuello -¡Dime la maldita verdad, Emily!-. Está llorando.
Nunca había visto a mi papá derramar una lágrima, ni de enojo; ni siquiera cuando se despidió de mí.
Mi madre da un pequeño paso atrás, como si sus palabras y tono de voz la hubiesen empujado. Tras su largo silencio, quiero apoyar mi espalda por la pared y deslizarme al piso hasta quedarme hecha una bolita. Quiero esconderme, pero no me puedo descongelar. No me puedo mover.
-No lo…- la forma en que su voz cesa, hace que sea muy difícil creerle; pero aún quiero hacerlo. Quiero creer que no hizo eso.
Ella no le puso los cuernos a mi papá. No lo hizo.
Lo creo. De verdad. Quiero estar de su lado.
Mi papá respira rápido, su pecho crece y decrece con sus inhalaciones y exhalaciones, y se empapa en lágrimas. Y entonces pregunta -¿Acaso es mi hija?
“It’s not every day you meet someone that understands the things you love, but somehow I’ve crossed paths with someone who really does”
-Whatever it Takes by Krista and Becca Ritchie





