Diego, 22 años, estudiante de arte.
Alto, delgado, tez clara como la cascara de un huevo, cabello café, largo y alborotado. Ojos grandes y oscuros.
Vistiendo sus casuales tenis negro y gabardina café, va tomado del tubo del camión que va lleno de gente.
No escucha nada del mundo exterior, pues como siempre, lleva su reproductor de música en la mano izquierda y los auriculares bien sujetos.
Tararea sin importar que las personas lo miren preocupados. Cada empujón o tirón de su mochila, que va saturada de hojas blancas, dibujos quemados y pinturas usadas, es acompañado con las melodías de Tchaikovsky.
De pronto pasa una mujer robusta justo cuando el camión frena abruptamente así que aplasta su mochila, pisa su pie y da un tirón de su gabardina.
No alcanza a finalizar su oración pues la señora ya está disculpándose, o eso supone, pues sólo puede medio leer sus labios, debido a la música que resuena en sus oídos.
Responde sin mirarla a los ojos.
Mira la hora de su reloj, aprieta el puño en el que lleva el reproductor, empieza a mover el pie desesperado, mira al frente y truena la lengua.
La canción termina y comienza Liebesleid de Fritz Kreisler.
Observa al frente, el sol pega abrazador en la calle como es costumbre en las tardes de Mayo, las personas comienzan a desdibujarse y pierden su rostro, sus facciones parecieran entrelazarse unas con otras, creando extraños y perturbadores murales.
Entiende rápidamente que no está teniendo un “ataque” de inspiración. El camión perdió los frenos.
Los violines truenan sus tímpanos, el piano le quema la garganta y los gritos de las personas disipan sentido.
El camión se estrella en un poste de electricidad. Los cables caen cerca del tanque de la gasolina y el camión se incendia.
Los que pueden corren desesperados (pues el enmarañado nudo de fierros logró quedarse en cuatro ruedas), brincando los cuerpos que yacen muertos buscan vida. Pero él tiene la mano aferrada al tubo, antes de que las llamas lo devoren, reacciona, está a punto de bajar de aquel infierno, cuando alguien le sostiene el tobillo e impide su paso.
La señora de hace un momento suplica ayuda desde el suelo con una pierna totalmente girada a 180°, pero él sabe que el camión explotará.
Ignora a la señora, baja del camión, corre a la acera y cuando Liesbesleid termina, el camión estalla.
[Esta lectura esta diseñada para ser disfrutada mientras escuchan la melodía, desde mi perspectiva, le da un sentido especial a la trama. Dejo el link a las canciones que compartiré en el playlist de Spotify: https://open.spotify.com/playlist/4tUJUZxrDgpPITcHUSh7wW]