A veces el miedo al futuro no viene de lo que está por pasar sino de lo que imaginamos que podría salir mal. Pensamos en escenarios que aún no existen y sin darnos cuenta entregamos nuestra paz a lo incierto. Pero hay algo que nunca cambia, Dios sigue teniendo el control.
Cada día que despiertas Él ya estuvo allí antes que tú, preparando el terreno, abriendo puertas que aún no ves y cerrando otras para protegerte. No hay error en su plan aunque el proceso duela. El futuro no es una amenaza cuando sabes quién lo sostiene.
Respira, suelta el miedo y confía. Nada se ha salido de las manos que formaron el universo.
No temas al futuro, ya está en las manos correctas.
¿Y si hoy decides dejar de temer y comienzas a confiar plenamente en lo que Dios está construyendo contigo?














