Medicina poco convencional
@begonespirits // Emi
Es curioso cómo cada país tiene una pequeña zona rural. Sitios donde parece que no ha pasado el tiempo, como si se hubieran quedado estancados en un momento siglos atrás. Así era la aldea japonesa a la que Emi se dirigía.
Era minúscula, con apenas veinte habitantes, la mayoría ya ancianos, dedicados exclusivamente a la agricultura. Sus casas igualmente eran pequeñas y humildes, y no dependían de la tecnología, algunos no tenían ni televisión.
El asunto que atrajo a Emi fue una de sus habitantes, de apenas quince años, una joven conocida como Fuku, cuyo nombre significaba “buena fortuna”, aunque desde luego era algo irónico.
Los rumores decían que la joven había sido poseída por un nogitsune, un zorro demoníaco. Los nogitsune llevaban ya mucho sin hacer de las suyas, principalmente por miedo a los MCH, ya que ellos también estaban en el punto de mira. Sin embargo, aquella pequeña aldea era el lugar perfecto, lo suficientemente alejado de la sociedad para que nadie se percatase de los acontecimientos que ocurrieran allí.
Al principio, Fuku se comportaba de una manera extraña, corría por los campos chillando cosas sin sentido, y rehuía el contacto visual. Ahora, también parecía haber contraído una enfermedad, tenía un constante estado febril. Esto llevó a sus ancianos padres a preocuparse seriamente.
Cuando Emi llegó a la aldea, se dio cuenta de que habían contactado con un exorcista para que ayudara a su hija. Ahora Emi entendía por qué ningún kitsune de Inari había ido a ayudar, no querían interceder con el humano. Por suerte, como Emi ya no servía a Inari, podía ir a investigar un poco.
Pensaba ocuparse ella de la niña, así que le sorprendió no muy gratamente la aparición del humano, que acababa de llegar a la aldea. De todas formas, también tenía ganas de ver qué era capaz de hacer.
Emi se acercó cautelosa al humano, ocupando toda su concentración en intentar que sus orejas de zorro no se mostraran, para aparentar una forma lo más humana posible.
—¿Así que tú eres el exorcista?—lo analizó con la mirada, debía tener cerca de veinte años— Estos no son asuntos para un mortal. ¿Seguro que no quieres dejarle el trabajo a alguien más capaz?—Comentó con una sonrisa.










