"Como cualquier otra virtud, la amistad se adquiere y se cultiva con esfuerzo personal; ha de entenderse más como una conquista del individuo que como un don de la naturaleza".
—Héctor Zagal
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"Como cualquier otra virtud, la amistad se adquiere y se cultiva con esfuerzo personal; ha de entenderse más como una conquista del individuo que como un don de la naturaleza".
—Héctor Zagal
"Como cualquier otra virtud, la amistad se adquiere y se cultiva con esfuerzo personal; ha de entenderse más como una conquista del individuo que como un don de la naturaleza".
Héctor Zagal
"Como cualquier otra virtud, la amistad se adquiere y se cultiva con esfuerzo personal; ha de entenderse más como una conquista del individuo que como un don de la naturaleza".
Héctor Zagal
El vampiro de virrey
El sábado pasado estuve en la FIL, ya son como 10 años que solamente voy una o dos veces por edición, aún hay muchos eventos que quisiera atender, pero cada vez menos tiempo libre y, por que no decirlo, menos energía.
La misión era estar en la presentación de El vampiro del virrey del buen @hzagal, que será el cuarto libro que yo lea de el, y que solo al ver la edición se ve un libro mucho más ambicioso que los otros 3, al menos en extensión. La cita no fue en un salón de la Fil sino en el stand del Tec de Monterrey, lo cual es raro por que quienes escuchamos el podcast del doc sabemos bien que el es catedrático de la UP. Yo prácticamente he estado en todas las Universidades de la ciudad, como alumno o como profe, así que en cualquiera me las arreglo para sentirme como en casa.
La presentación estuvo buena, la persona que la llevó había hecho muy bien su tarea de leer el libro y así crear interés en el, ocurrió un poco entre el ruido de los demás stands y la gente que al pasar se detenía a curiosear un minuto y luego seguía su camino. Al final me acerqué para una foto, para comparar con hace 11 años en que ambos teníamos un poco mas de pelo y yo muchas menos canas (por no hablar de kilos) . En aquella ocasión, si bien recuerdo, vino a presentar Imperio, una novela breve, casi monologo interior de Maximiliano de Habsburgo mientras espera su turno al paredón. Ese monologo se convirtió en obra de teatro, y aunque cuando he estado en CDMX he tratado de verlo, nunca he coincidido con una función. Tampoco es que haya ido tantas veces a CDMX en los últimos 10 años (3 o 4).
Pero el deseo se ha convertido en compromiso; en la breve conversación que tuvimos, el Dr Zagal me dijo que cuando vaya le mande un mensaje y el se encargará de conseguirnos boletos. La obra se representa en el mismísimo Castillo de Chapultepec, así que es toda una experiencia multimedia a la antigüita, realmente he querido presenciarla, pero no se ha dado. Añadido a la lista 2024.
Se preguntarán ¿Cómo le enviaría un mensaje a Hector Zagal? Resulta que al llegar a la feria no adquirí el libro, asumí que al igual que en otras presentaciones podría hacerlo ahí mismo, pero me equivoqué. Tuve el atrevimiento de preguntarle si podría verlo mas tarde en el stand del Tec (o en el que sea) para que me firmara un ejemplar, y el acabó dándome su número, así que ahora tengo el número telefónico de un famoso.
Lo del libro no fue tan bien, fui al pabellón de la editorial e hice que al menos 3 personas lo buscaran infructuosamente hasta que llegaron a la conclusión de que “los tenían perdidos”, encontrar un libro no-best-seller en el mar de libros de la Fil pues si es una misión difícil, así que tampoco lo logré en el stand de la librería ms conocida del país. Con la pena le envié un whatsapp al doc quien en menos de un minuto me llamó y me ofreció regalarme uno. Así de accesible es. Se lo acepté sobre todo por la posibilidad de tenerlo dedicado de su puño y letra.
Y ahora estoy adentrándome en el mundo de Sor Filotea y esperando el que será su encuentro con el mencionado vampiro. Gran lectura =)
Carta a PAULINA PEÑA PETRELLINI por HÉCTOR ZAGAL "No tengo el gusto de conocerte personalmente. No sé cómo eres, desconozco tus cualidades, tus aficiones, tus intereses. Entiendo tu molestia al escuchar las críticas a tu padre, Enrique Peña Nieto. Son gajes del oficio. Deberás irte acostumbrando a los ataques contra él. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental. Tu padre es una figura pública y, por ende, sus actos serán juzgados con rigor. “¿Por qué son tan duros con él?”, te preguntarás. Bueno, los funcionarios públicos ganan mucho dinero. Hay miles de personas dispuestas a sufrir críticas y cuestionamientos con tal de figurar en la nómina oficial. El sueldo bien vale esos golpes. ¿No? Pero no es de tu padre de quien quiero hablar, sino de ti. ¿Te confieso algo? Me aterra que hayas utilizado la expresión “hijos de la prole” como un insulto. Insisto, es disculpable que te enfades por la burla hacia tu padre. No me asustaría que los llamaras “babosos”, “tontos”. Es más, no le preocupa el que nos hayas llamado “pendejos”. En cambio, no se puede excusar tu menosprecio a los hijos de los trabajadores, de los obreros. ¿Oíste del escándalo de las Ladies de Polanco? Descalificaron a un policía llamándolo “asalariado”. Algo similar hiciste tú: descalificas a la mitad del país por su condición social. ¿Qué tiene de malo ser hijo de un obrero? Sabes, yo soy nieto de un minero, un proletario. No me da vergüenza decirlo. ¿Te avergonzarías de tu padre si fuese un vendedor de tamales o un plomero? Tu padre, que ha leído la Biblia, te puede recordar una frase de Jesús en el Evangelio: “De la abundancia del corazón, hablará la boca”. Sin pretenderlo, con tus palabras has revelado tu clasismo. Desprecias el trabajo manual. Minusvaloras a quienes se mantienen con su esfuerzo. ¡Qué tristeza que así piense la hija de un candidato presidencial! “Hijos de la prole” son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben estudiar en salones sin computadoras, deben apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana. Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro? Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias. Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado? Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños. Paulina, haz puesto en riesgo el futuro político de tu padre. Pero lo que es más grave: pones en peligro en riesgo el futuro de México."
http://www.noticiasmvs.com/blogs/el-banquetazo/querida-paulina-pena-pretelini-807.html
Querida Paulina Peña Pretelini
martes 6 de diciembre de 2011 Blogger: Héctor Zagal No tengo el gusto de conocerte personalmente. No sé cómo eres, desconozco tus cualidades, tus aficiones, tus intereses. Entiendo tu molestia al escuchar las críticas a tu padre, Enrique Peña Nieto. Son gajes del oficio. Deberás irte acostumbrando a los ataques contra él. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental. Tu padre es una figura pública y, por ende, sus actos serán juzgados con rigor. “¿Por qué son tan duros con él?”, te preguntarás. Bueno, los funcionarios públicos ganan mucho dinero. Hay miles de personas dispuestas a sufrir críticas y cuestionamientos con tal de figurar en la nómina oficial. El sueldo bien vale esos golpes. ¿No? Pero no es de tu padre de quien quiero hablar, sino de ti. ¿Te confieso algo? Me aterra que hayas utilizado la expresión “hijos de la prole” como un insulto. Insisto, es disculpable que te enfades por la burla hacia tu padre. No me asustaría que los llamaras “babosos”, “tontos”. Es más, no le preocupa el que nos hayas llamado “pendejos”. En cambio, no se puede excusar tu menosprecio a los hijos de los trabajadores, de los obreros. ¿Oíste del escándalo de las Ladies de Polanco? Descalificaron a un policía llamándolo “asalariado”. Algo similar hiciste tú: descalificas a la mitad del país por su condición social. ¿Qué tiene de malo ser hijo de un obrero? Sabes, yo soy nieto de un minero, un proletario. No me da vergüenza decirlo. ¿Te avergonzarías de tu padre si fuese un vendedor de tamales o un plomero? Tu padre, que ha leído la Biblia, te puede recordar una frase de Jesús en el Evangelio: “De la abundancia del corazón, hablará la boca”. Sin pretenderlo, con tus palabras has revelado tu clasismo. Desprecias el trabajo manual. Minusvaloras a quienes se mantienen con su esfuerzo. ¡Qué tristeza que así piense la hija de un candidato presidencial! “Hijos de la prole” son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben estudiar en salones sin computadoras, deben apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana. Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro? Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias. Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado? Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños. Paulina, haz puesto en riesgo el futuro político de tu padre. Pero lo que es más grave: pones en peligro en riesgo el futuro de México.
¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Lucas 2:14