Chris is usually lonely on Christmas, what with his family being in Australia and his two jobs not affording a well deserved break, so he ends up going out and getting drunk. The next morning he wakes up on a bed, in a room full of strange men sleeping, and he finds out he's been mistaken by a homeless; in a effort to get out he meets the volunteer who brought him there, Tom Hiddleston. He finds himself volunteering for the homeless not long after.
Género: fluffy, romance || Rating: PG-13
Summary: pocas personas experimentan en carne propia el amor de Thomas en su forma más pura. Christopher lo sabe.
Después de Londres 22/10
Se besan de nuevo, se besan cientos de veces [...]
Le tiemblan un poco los brazos mientras lo carga por la sala. Por más fuerte que parezca, Thomas no tiene precisamente el peso de una pluma y a los diez minutos seguidos de sostener su cuerpo, casi tan alto como el suyo, los brazos de Christopher flaquean un poco. Pero el ruido universal de labios ansiosos que se posan sobre sus mejillas una, otra y otra vez, invade el silencio y le da una fortaleza mágica para apretarlo más contra sí y continuar sosteniéndolo.
Christopher nota que a él le cuesta mantener el control de sus acciones, que en realidad Thomas sólo pretendía darle unos besos y ahora separarse de su rostro es de vida o muerte. Es como un cachorro eufórico y por momentos siente que lo asfixia, pero no importa, porque al fin y al cabo, Christopher también lo ama; tal vez no pueda comunicarlo de la misma forma, y eso lo lamenta…
—Tan tan tan-tan, tan tan tan-tan. —Thomas tararea la marcha nupcial de Wagner cuando Christopher camina por la sala sin rumbo.
Él es cursi y está loco. ¿Y por qué no puede tener sus fantasías también?
Siente su respiración sobre la mejilla, los labios y a continuación, la nariz de Thomas se frota apenas con la suya. Corresponde, no tiene idea de cuántos segundos permanecen así, pero que sea para siempre porque haberse limitado solamente a tomarse las manos en la premiere de esa noche los dejó con un hambre que comenzó a saciarse desde que Thomas se abalanzó sobre él en la puerta de entrada y se pusieron a jugar, como si tuvieran cinco o seis años, a los recién casados. Su corazón palpita con fuerza y sus mejillas están coloradas, pasa la nariz por las mejillas de Thomas y finalmente se sienta sobre el sofá.
Corre hasta la ventana y, en un acto que deja a Christopher sorprendido, arranca una de las cortinas de un solo tirón y se cubre la cabeza con esta a forma de velo. Ríen mientras se da una vuelta, haciendo una cómica imitación de novia de reality show. Christopher se va contagiando de esa locura de hacer y hacer sin preocuparse por la situación paralela y real como el matrimonio. Pues en este momento lo único real es Tom, ¿no es cierto, Chris? Es tan real que puedes extender las manos y apoyarlas sobre sus caderas mientras él te mira un poquito sorprendido y luego sonríe, complacido, feliz. Tan real que sientes la tela entre tus dedos cuando lo desnudas con cuidado y recorres con la boca cada rincón de su torso, pasando por sus tetillas, las curvas de ambos hombros, los brazos y esas manos grandes y finas.
Sus gemidos son bajos, murmura cuánto lo ama, cuán feliz es ahora que están juntos y que tan llena se siente su alma, incluso más que cuando actúa.
Se besan de nuevo, se besan cientos de veces, los labios de Thomas que cambian de color se lo confirman. Jadea cuando este le besa la cara interna de los muslos y tararea una última vez la marcha nupcial antes de que sus ojos se aneguen en lágrimas —pues cada tanto, Thomas sabe que esa felicidad es de tiempo limitado—, así que Christopher susurra que también lo ama y eso seca de repente sus ojos.
Tom es cursi y está loco, piensa mientras comienzan a hacer el amor, o quizá, para un hombre tan peculiar y maravilloso como lo es él, la palabra apasionado se ajusta más esa mezcla mística y exquisita que lo forman.