Los hijos ... Nuestro hilo rojo
El cáncer siempre fue para mí una enfermedad muy lejana, pues no había tenido hasta el momento una persona cercana a mi corazón que tuviera este diagnóstico, he observado que es una enfermedad silenciosa, ataca cuando menos lo esperas y con síntomas que jamás pensarías. Cuando me enteré que Carlos, el papá de mi hija menor tenía cáncer, inmediatamente inicie un proceso de investigación; cuáles son los síntomas, cuál es la dieta, cuales son los cuidados pero me encontré algo en común y fué que no hay cura ni tratamiento seguro, depende de cada organismo y nadie puede asegurar cuánto tiempo vivirá la persona.
Lo único que decidí fue seguir mi corazón y permitirme comunicar aquellos sentimientos que eran necesarios que fueran escuchados. A Carlos lo conocí en la Ciudad de Quito, cuando vivía en aquella ciudad y de nuestra relación nació una hija que hasta el momento ha sido nuestro hilo rojo que siempre tendremos en común.
La noticia de su cáncer llegó por su hermana y pocos días después me enteré que no era tan sencillo como el siempre me lo había comunicado. Realizamos una primer visita Armenia de un día para otro e inició todo este proceso, hoy 15 días después llego a la clínica de Oncólogos de Occidente y la escena me desgarró el corazón: una persona en una cama, con muchos aparatos a su alrededor, entubado para evitar que se asfixie, con su boca llena de sangre e inconsciente completamente.
Por la vida, las coincidencias o por el universo estoy en la misma ciudad donde fue hospitalizado de urgencia en la UCI y hoy fue mi día para despedirme, para agradecerle y recordarle que no importó la cantidad de kilómetros que recorrí por estar siempre presente que lo hice por amor, que siempre estará presente en nuestras vidas y que nos perdonemos lo bueno y lo malo para que estemos en paz y tranquilidad.
Al final, luego de muchas lágrimas, de voz entre cortada, de secarme una y otra vez los ojos solo quedó una frase… Sara, María y yo te quisimos mucho, descansa y cuidamos porque te quedarás en nuestros corazones para siempre.
Ahora sólo queda esperar esa llamada que nunca quisiera recibir.
La llamada llegó el 1 de agosto a las 10:50 am