Un nuevo canal de Panamá en Nicaragua
Desde la fundación de Nicaragua han habido varias naciones interesadas en construir este paso entre océanos, pero hasta ahora nunca se había avanzado tanto en la materia.
Fue interesante escuchar a la gente de la región hablando en contra del proyecto, aunque no vi ninguna pancarta o mensaje en las calles; la protesta es a través de las redes sociales, según me dijeron.
Lo que ha pasado es que el presidente de izquierdas, el sandinista Daniel Ortega, firmo un acuerdo para la construcción del canal con la empresa china HKND, a espaldas de los nicaragüenses. En el acuerdo se entregan amplias concesiones por los próximos 50 años para construir la vía acuática y todas las facilidades de levantar obras auxiliares como puertos, carreteras y aeropuertos. Se entrega el derecho a la expropiación de terrenos y no se da ninguna garantía de que se creen puestos de trabajos para los propios nicaragüenses. A esto se suma que todavía no se entrega un estudio del impacto ambiental.
Lo que se sabe es que su construcción implicaría atravesar 278 kilómetros de selva virgen y la mayor reserva de agua dulce de Centroamérica, el lago Nicaragua. Dañaría costa, humedales, bosques y afectaría a especies vulnerables o en peligro de extinción, y lógicamente, implicaría el traslado de miles de campesinos y comunidades indígenas. Además, una vez terminado el canal, se correría el riesgo de derrames de petróleo en el lago.
Todo esto, mientras el gobierno populista de Ortega calcula un crecimiento económico del 15% para este año y la gente de otras regiones dicen: "tontos los de la zona de Rivas, esto es progreso para el país", por negarse al mega proyecto.
Se supone que su construcción tiene un 83.1% de aprobación, según el diario ”La voz del Sandinismo“, pero es un porcentaje difícil de creer ya que no hay prensa libre en el país.
En Rivas la gente es escéptica, me aseguraron que no tendrían mas trabajo aparte del de esclavo en la construcción a un sueldo mínimo. Me dijeron que en Nicaragua no hay suficientes profesionales capacitados para otros cargos que llegarían a ocupar los chinos.
Ortega no me da ninguna confianza, regala gallinas y planchas de zinc a las familias mas pobres e instala wifi en las plazas para ganar la simpatía de la gente, que lógicamente se traduce en impuestos mas altos. "Esas son sus soluciones. Son pobres de espíritu y no tienen sensibilidad los que se dejan comprar así", me dice el encargado del hostal de Moyogalpa.
También me cuentan sobre el lema del gobierno, "Nuestro norte es el sur", apelando a la buena relación que tiene Ortega con el gobierno de Venezuela, que se jacta de tener ventaja respecto al precio del petróleo que compra Nicaragua a ese país, aunque luego no se vea reflejado. También parece haber intereses personales de por medio.
Lo que yo vi, tanto en el sur como en el norte, es que la gente en Nicaragua es muy pobre y muchos viven casi en la miseria. El guía que tuve para subir al volcán Concepción, un joven de 30 años muy amistoso y contrario al canal, me dijo: "Si no hay comida, la gente aquí puede ir al lago a pescar, cazar iguanas o armadillos. Con el lago limpio al menos puedes encontrar tu propia comida".
Un amigo nicaragüense me dice que la gente en el país todavía es muy simple y vive en contacto con la naturaleza: casas con menos que lo básico en que viven personas, perros y chanchos todos juntos en la tierra y entre la basura.
Mi impresión es que aunque el canal podría ser bueno, el gobierno ha sido tan poco transparente con el proyecto que da miedo que todo termine mal hecho, sobre todo porque su construcción parece atender especialmente a los intereses económicos de las corporaciones aliadas a la familia del presidente.