La casa feliz del Edén
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@nada-para-siempre
La casa feliz del Edén
Del rigor en la ciencia
... En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas. Jorge Luis Borges
Sardegna, la posibilidad de otra isla :)
Lanzarote - La posibilidad de una isla
Estoy seguro de que volveremos a vernos. Ray X
En mi caso sería un milagro. Harry Cane (Hurricane), el protagonista ciego de “Los abrazos rotos”.
De repente todo tiene sentido aparente.
Con Lea habíamos tenido la idea de combinar nuestras giras. Cuando le pregunté qué destino le tincaba (o tiraba, como dice él), respondió: Isla Mágica. Canarias. Nos imaginamos caminatas, vuelta en moto, surf, mucho nado, mucha nada, marisco exquisito y pescado. Me preguntó si acaso había visto “Los abrazos rotos”, de Almodóvar. Yo la había visto hacía justo una semana por primera vez. Aparece Lanzarote, dijo.
Después de esta conversación, comencé a ver señales en todas partes. En ese momento estaba en Barcelona, recién llegada de Chile y leía Lanzarote escrito en las camisetas de los turistas, escuchaba canciones que la mencionaban, me aparecía en las portadas de los libros y luego en sueños. Con Lea íbamos compartiendo lo que averiguábamos sobre la isla, estábamos emocionados. No nos demoramos en comprar los pasajes. Era nuestro destino.
Ya en Basel, dos días antes de nuestro vuelo, llega Lea apesadumbrado y me dice que Suiza ha declarado a Canarias como zona de riesgo. Ya no podemos ir. Fucking Covid. ¿Qué hacemos? Primero cambiamos los vuelos sin cargo, por suerte. Cancelamos el Airbnb y el auto también sin cargo, por suerte. Luego comenzamos una navegación virtual y desesperada por Google Maps, buscando otras posibilidades de isla. Córcega, Creta, Elba, Mallorca, Chipre, Cerdeña. Saltamos sin ton ni son de una a otra mientras paralelamente chequeamos los precios y calidades de los alojamientos y arriendos de auto. Recuerdo sentirme aturdida. ¿Estamos seguros de que queremos ir a otra isla? Me atrevo a preguntar. Sí, sí, boluda, dice Lea. Entonces le da un palmazo a la pantalla que gira como torbellino y yo la detengo con un dedo justo encima de Cerdeña. Sin pensar más compramos los pasajes para el día siguiente. Un lujo total poder cambiar de planes así como así, no se puede negar.
Estoy seguro de que volveremos a vernos.
Ya me había leído “Lanzarote”, de Michel Houellebecq, me había imaginado las filas de pálidos turistas alemanes e ingleses en contraste con la superficie negra y volcánica de la isla. Ya conocía su fisonomía, había observado sus cráteres lunares en mi exploración aérea, ya había recorrido mentalmente sus grietas. Era muy raro traicionarla así y partir a otra. De la isla italiana en cambio, no sabía nada.
Después de esta traición he pensado en indagar todavía más en el estudio de la geografía imaginaria. Me llama mucho la atención cómo el cerebro es capaz de hacer un mapa/collage/composición mental de los lugares que no conoce todavía pero que logra asimilar y hacer sólidos, casi palpables. No sé si a ti te pasa, pero para mí es así, para mí Lanzarote era más que una posibilidad. ¿En qué mapas se dibujan los mundos ficticios? ¿Dónde queda registro de esos universos paralelos y fantásticos? Quiero ver ese mapa o quizás tengo que dibujarlo yo misma. Amo los mapas, que en si mismos son mundos imaginados. Luego también me interesa el proceso de develación y revelación de la tierra, el aterrizaje (o alunizaje), cuando el mundo fantástico comienza a fusionarse con el real.
Lanzarote también es una isla imaginaria en la novela de Houellebecq “La posibilidad de una isla”. Simboliza la esperanza de la raza humana, el lugar desde donde la vida continúa. No recuerdo bien la trama, aparte de que se desarrolla en un futuro cercano, hay una secta y una serie de clones. Daniel25 es quién decide escapar de su vida monótona, renunciar a la inmortalidad y volver a Lanzarote. Cuando Daniel25 llega por fin al mar "infinito" después de un largo viaje, comprende por qué el pensamiento del infinito -de la inmortalidad-, ejerce tanta fascinación sobre las personas. Se da cuenta de que ya no llegará a su destino.
Ha pasado un año desde ese viaje imaginado y yo, al contrario de Daniel25, sí llegué a destino; ahora mismo escribo este artículo desde un Lanzarote de carne y hueso y roca. Estoy en el último pueblo costero al extremo norte de la isla. En una casa que ya conocía antes de haber estado porque había escaneando todos los Airbnbs de la isla para venir a pasarme un mes aquí. Estoy en Órzola, o al menos eso dice el letrero a la entrada del pueblo. Órzola, Lanzarote, dice el GPS cuando comparto mi ubicación a través de WhatsApp. Parece que estoy aquí, sentada en el centro de esta habitación frente a la pantalla de mi macbook, pero me imagino vista desde afuera, o mejor aún, desde arriba, ubicada en un mapa. Me siento un poco irreal. Las ventanas están cerradas pero el viento violento sopla como un fantasma a través de alguna ranura. Me queda sólo un día en esta isla pero tengo la sensación de que todo aquí sigue siendo una posibilidad. Viernes 5 de Noviembre 2021
Excursión al verde arborescente de Vals: donde primero te sumerges en el color, luego dejas flotar tu cuerpo entre las burbujas y volar tu espíritu en los vapores de las aguas termales, para volver a exponerte un instante al frío intenso, sólo para llegar a un refugio abrigado a regar tu interior con vino y fundirte en queso caliente.
Dr. Iguana Hofmann
El pueblo termal de Vals y el pasto más verde que he visto jamás!
Couchsurfing
BASEL
Es como un Berlin chico, pero ordenado y civilizado. Respiras calidad de vida al pedalear tu bicicleta prestada sobre los puentes del caudaloso Rhin. Algo tiene Basel, algo tiene...
Fue fantástico viajar en el tren de Paris a Basel y dormitar con la cabeza apoyada en la ventana. Los campos verdes se sucedían unos tras otros entre mi abrir y cerrar los ojos, como por el visor de un View-Master.
Lea me había enviado una descripción con fotos y todo, de cómo llegar a su calle, encontrar la llave en un recoveco del buzón y acomodarme en su piso mientras esperaba a que él saliera del trabajo. Hay que decirlo: Leandro es bien conocido por ser un anfitrión estupendo y práctico. Adquirió experiencia y re nombre al montar en Montevideo (en la casa que compartía con otros tres chicos), dos, tres y hasta cuatro colchones para ofrecer amablemente a través de Couchsurfing a chicas necesitadas como mi hermana y yo; luego lo recibiría a él y a Gustavo en mi piso en Berlin (cuando ambos decidieron pasar dos semanas allí, sumergiéndose en el sudor de lo más profundo de la noche Berlinesa).
Abrí la puerta de su hogar como si fuera el mío y tuve tiempo de descansar un par de horitas antes del reencuentro (todavía estaba cansada por la noche griega con la CotiPoti en Paris). Cuando Lea abrió la puerta sentí esa cálida alegría que se tiene al ver a un amigo Americano. Supongo que sólo los Americanos lo pueden entender. Además, lo primero que hizo fue ofrecerme un pitito puro, como acostumbramos en nuestras tierras. Yo, que no suelo fumar casi nunca, acepté, confiando en la calidad de la hierba y la compañía. Después de darle un par de caladas al pitillo en un balcón acogedor que invitada a echarse y a mirar las nubes, mi anfitrión propuso salir de ahí inmediatamente a explorar la ciudad en bici. Me encantó su iniciativa. Aquí es donde comencé a aspirar grandes caladas de calidad de vida. Lea pedaLEAba fugaz sin mirar atrás, como si anduviera solo. Yo lo seguí lo más cerca que pude, sentí que me ponía a prueba. No seas boluda!, temía que me dijera. Nos detuvimos en el puente para contemplar el río y los lindos edificios color pastel. Raro mix de techos y ventanas (luego aprendería que el río tiene personalidad y cambia de color según el humor del día). Seguimos pedaleando. A veces Lea se detenía para mostrarme construcciones locas: me señaló algunos edificios contruídos por su estudio de arquitectos, hicimos círculos con la bici bajo el Neue Messe Basel, tomamos un vinito en terraza de Warteck mirando el atardecer y cuando oscureció, comimos risotto en una vereda al aire libre. Es muy afortunado llegar a una ciudad nueva y que un arquitecto te la muestre (y un milagro que suceda de forma consecutiva después del otro arquitecto con el que recorrí el norte de Francia!).
Me da risa la risa de Lea. Cuando algo le hace gracia (lo que es bastante frecuente a pesar de su talante medio serio), emite un sonido animalazo, parecido al de los cerdos salvajes que más tarde veríamos en Sardegna, en la tercera etapa de nuestro viaje improvisado.
Fueron fantásticos los días que siguieron. Me sentí en casa compartiendo con sus compañeros de piso. Todos super pilas, con muchas ideas en la cabeza, bien críticos, con mucha iniciativa y grandes ideales. Uno de los chicos era voluntario y co-fundador de una iniciativa para socorrer a refugiados: Be aware and share. La otra chica full social y comprometida con el futuro de la humanidad y el medio ambiente, pero no recuerdo qué hacía. En todo caso, todos un encanto. Una tarde hicimos juntos un paseo en bicicleta por una de las laderas del río. Es súper cool, está lleno de containers de colores, terrazas y estructuras a medio construir o destruir, al más puro estilo Berlín. Allí la gente toma cerveza o toma sol o ambos a la vez. Luego de dejar nuestras cosas en un punto, caminamos en dirección opuesta al caudal y saltamos al río para ser arrastrados unos 100 metros y llegar al lugar de origen. Con Lea intentamos aterrizar en una boya gigante. La corriente era fuerte y la boya como una ballena. Era un buen ejercicio para los brazos mantenerse ahí. Lea me ayudó a agarrarme, pero después de unos intentos absurdos por subir y algunas risas ahogadas, nos dejamos ir con la corriente. De hecho, hay gente que vuelve del trabajo a la casa flotando por el río! Simplemente meten sus trajes, corbatas y documentos importantes en bolsas herméticas y se van con todo el flow de vuelta a casa. Lea me cuenta que hay un día especial, el día “nacional” de Basel o algo así, cuando todos los ciudadanos saltan al río al mismo tiempo y se van todos con Flow! WOW.
Los chicos intentan convencerme de que Basel es la mejor ciudad del mundo. Todos exponen sus argumentos con estrellas en los ojos. Me burlo de ellos porque parecen sacados de una publicidad, pero justo un cisne absurdamente sensual pasa volando por sobre nuestras cabezas con atardecer perfecto de background. Les creo y me dejo llevar por el Flow.
I felt like a lucky bastard by doing all of this after having no plan when I left Chile. Suddenly, the world was re-opening in from of my bare eyes!
Dr. Iguana Hofmann
Lettre du Château