Los capítulos 6 y 7 son ordenanzas de Jehová hacia los sacerdotes con respecto a cómo ofrecerían cada uno de los tipos de holocaustos antes escritos, y delimitar la participación del sacerdocio en cada uno de ellos: los de holocausto (Cap. 1), los de ofrenda (Cap. 2), los de sacrificio expiatorio (Cap. 5), los de culpa (Cap.4) y los de paz (Cap.3).
Ley de los sacerdotes sobre el holocausto (6.9 – 13): El altar debía estar encendido día y noche, no debía apagarse. Las cenizas debían ser recogidas para conservar la limpieza del altar, y el sacerdote debía sacarse sus vestidos para ir fuera del campamento y dejarlas en un lugar limpio. Como vemos, el holocausto era un sacrificio perpetuo, donde le fuego nunca se acababa. El sacrificio de Cristo en la cruz es un sacrificio perpetuo por todas las generaciones, y nosotros debemos presentarnos a Dios como un sacrificio perpetuo y vivo (Romanos 12.1)
Ley de los sacerdotes sobre la ofrenda (6.14 – 18): Recordemos que las ofrendas eran del fruto de la tierra (ver Cap.3). El sobrante de ellas las comerían Aarón y sus hijos en el Lugar Santo, en el atrio del tabernáculo de reunión, ya que era “cosa santísima” (2.3). Toda cosa santísima fue comida solo por los sacerdotes y solamente en el “atrio de reunión”.
Ley sobre la ofrenda de unción (6.20 – 23): Esta ley se realizaba cuando los hijos de Aarón eran ungidos para entrar al sacerdocio levítico. Esta ofrenda sería enteramente quemada o no se comería.
Ley de los sacerdotes sobre el sacrificio expiatorio (6.24 – 30): Recordemos que estos sacrificios eran por pecados por yerro, por robo o por calumnia (ver Cap. 5). Este sacrificio debía ser comido por el sacerdote. Esto iba mas allá de la mera alimentación y sustento del levita, sino que era una parte integral del servicio. En Levítico 10.16 – 18 aprendemos que no era opcional el comer el sacrificio o no, cuando Eleazar e Itamar, hijos de Aarón, no comieron del sacrificio.
Toda vasija de barro debía ser quebrada, y la de bronce sería limpiada. ¿Por qué tan estricta esta ley? Para no confundir o mezclar lo santo con lo común u ordinario. El baso de barro absorbía la sangre, y era imposible separar o quitar la sangre de la vasija completamente. Esta vasija no podía ser ocupado para nada mas. Se distinguía entre las cosas santas y las cosas de uso común. Como sabemos, la sangre no era algo trivial: significa la redención del hombre pecador.
Leonard Qylafi, Estate, 2007. Video still. Presented as part of the exhibition The Presence of Absence, or the Catastrophe Theory, at IZOLYATSIA, Kiev, curated by Cathryn Drake. Copyright the artist / via ibraaz
Holocaustos não me assombram. Estupros e trabalho escravo infantil não me assombram. Franklin, sei que você pensa o contrário, mas Kevin também não me assombra. Fico assombrada quando deixo cair uma luva na rua e um adolescente corre dois quarteirões para devolvê-la. Fico assombrada quando a moça do caixa me lança um amplo sorriso, junto com o troco, quando a minha fisionomia era apenas uma máscara apressada. Carteiras perdidas enviadas aos respectivos donos pelo correio, estranhos que fornecem indicações precisas de uma rua, vizinhos que regam as plantas uns dos outros — essas coisas me assombram.