scapar de la realidad, del ruido citadino y de sus excesos. Entrar en contacto conmigo misma y con lo que me rodea. ¡Cómo quisiera hacerlo! Tomar tu mano y una mochila y recorrer el mundo a tu lado. Visitar gélidos páramos o verdes bosques y que, en el silencio de la soledad, dejemos que nuestras miradas hablen por sí solas. Ver reflejados en tus ojos el amor y la devoción, mientras que mi sonrisa actúa como confirmación de algo que ya sabes desde mucho antes: que tu presencia en mis días es lo único que necesito para sobrevivir. Las palabras no son necesarias cuando las expresiones hablan…y estoy segura que, conociéndome, las mías me delatan a donde quiera que voy. El brillo en mi mirada tiene tu rostro dibujado en ella, mientras que en la curva de mi sonrisa tu silueta se recuesta a descansar. Mis manos tiemblan con cada caricia que anhelo darte y mi corazón dice lo que mis palabras no pueden. Ya lo dijo mi abuela en el pasado: “𝐸𝑙 𝑠𝑖𝑙𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜 𝑑𝑖𝑐𝑒 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑖𝑛𝑎𝑠”. Y yo solo espero que en el nuestro encuentres todo el amor que tengo para darte por siempre.

















