—Eh, tú. Solo acceso a personal autorizado. ¿A dónde crees que vas?
—¿Qué me vas a hacer que no me hayan hecho ya?
—No me vendas lástima, aquí todos tenemos una historia.
—No sabes nada de mí.
—Nadie sabe nada de nadie, imbécil.
—Skye, si no te importa.
—Me trae sin cuidado.
—Vale, como te llames. ¿Algo más?
—Mientras no me toques las narices, nada más que decir.
—Parece que respirando ya te las toco.
—Lo vas cogiendo.
—Suerte que es divertido.
—Ten cuidado. La comedia se convierte en tragedia antes de que te des cuenta.
( . . . )
Skye, si es que era su verdadero nombre, le había puesto los pelos de punta. Y no porque fuese otra malcriada de Horizon, sino porque le recordaba demasiado a alguien. Por imposible que pareciese. Se había tirado los dos días siguientes dándole vueltas como un imbécil, y aunque se había dicho en varias ocasiones que lo dejase correr, acabó maldiciendo al par que salía de su habitación en plena noche.
Tenía acceso autorizado, nadie diría nada. Y si lo hacían, a él qué cojones le importaba. Solo estaba ahí por el sueldo, el techo y la cama.
Ni siquiera usó su mutación, simplemente se hizo con una de las llaves y entró a la sala de registros. La muy idiota se había identificado como Skye, hasta le iba ahorrar horas de búsqueda. Con empezar por la S tenía suficiente.
Como era de esperar, minutos después ya tenía el expediente entre sus manos. Con una fotografía de archivo que no daba pie a dudas. Era insoportable y repelente hasta la asfixia, pero al menos no una mentirosa.
—A ver qué cojones tienes de especial para que no te hayan quitado ya de en medio.
Ni siquiera tuvo que avanzar más de un renglón para comprenderlo al mismo tiempo que se cagaba en su existencia. Aquello tenía que ser una puta broma, una equivocación. Era el único sentido. Pero a medida que avanzaba, más evidente era la verdad: Skye X-Darkholme. Metamorfa.
La identidad del padre seguía siendo un misterio a resolver. El paradero de su mellizo, también.
Sus propias palabras resonaron como un eco dentro de su cabeza: La comedia se convierte en tragedia antes de que te des cuenta. Habían sido como darse una bofetada en plena cara. Peor aún, una patada en los huevos.
El nacimiento del niño nunca había sido un secreto, ni para él ni para nadie, salvo para su madre. El de ella sí se había guardado con recelo, tanto que al comediante se le había escapado. No tenía ni la más remota idea de cómo coño había sido posible, pero lo cambiaba todo. Absolutamente todo.
La promesa que le hizo a Raven de mantener a sus hijos a salvo se la acababa de tragar el retrete.
—Me cago en tu existencia, Skye.
Thomas & Skye; @thegreatestunnamed
Mención: Raven Darkholme.














