— No lo sé, Noa. Anuar se tardó mucho como para que no pasara nada y si sólo pasó eso, tal vez fue muy muuuy lento. — Jimena se veía tan confundida como yo.
— Además, ¿lo quisiste besar? Tú no eres de hacer esas cosas, ni si quiera ebrio. Aunque puede que lo hayas hecho porque él te gusta mucho y no querías perder la oportunidad pero, ¿no crees que haya pasado algo más que lo que te dijo?, ¿no te duele por ahí?
— Qué tonto eres, Armando. Y no sé qué haya pasado anoche, pero sí sé que no fue nada sexual, me duele menos eso, dudo haberlo besado, pero le creeré a Anuar, sólo estaba muy borracho y me aloqué.
— Pues si tú estás seguro. ¡Oigan ya! Comanse su huevito que no se los hice en vano. — Jimenita era la mamá de todos nosotros.









