This pup seems to have appeared out of nowhere. He’s wearing a collar that says: “Connor” and underneath the name it says “if found please call xxx-xxx-xxxx”
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This pup seems to have appeared out of nowhere. He’s wearing a collar that says: “Connor” and underneath the name it says “if found please call xxx-xxx-xxxx”
Lo que Nao opina de Connor.
Luka Chaisser
sus palabras, quiere a su reino, busca mantener una ralla, no se precipita, es como un río, tranquilo y pasivo, pero su sinceridad perturba
—Woooooah, ¿de verdad soy así?— Se siente halagado.
Decide estar bien hasta el final de la semana. Obligate a sonreír porque estás vivo y ese es tu trabajo. Y hazlo otra vez la siguiente semana. Hazlo bien, con una sonrisa... O no lo hagas.
Connor O'Brien
¡Urgencia en el castillo!
—¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!— Y con ese ensordecedor grito que resonó en cada ventanal y cada objeto de cristal del castillo es que inicia esto. Los sirvientes corrían de un lado a otro histéricos mientras los gritos se seguían haciendo presentes y trataban de calmar al dueño de esa ronca voz. Sonaba estúpido ¿No? Que un hombre con tal voz gritase así, con tanto pánico, sin embargo se podría pensar que estaba siendo gravemente lastimado o algo similar. ¿Cuales eran las causas de esos gritos ensordecedores? "Por favor majestad, ¡Solo tranquilícese!" Argumentaba la voz de uno de los sirvientes, al joven príncipe del reino de Irlanda, pero pese a las calmas palabras de aquel hombre, los gritos continuaban como si el príncipe estuviera sufriendo la peor de las torturas. Las sirvientas y demás servidumbre trataban de calmar al príncipe, dándole agua y palabras de aliento, incluso envolviéndolo en unos mullidos cobertores mientras él solo trataba de salir de la cama lo más pronto posible, sin éxito alguno. no se lo permitían, estaba muy alterado como para poder salir siquiera. —¿Déjenme ir, malditos! ¡Los leprechaun robarán cada una de sus monedas de oro y joyas si no me sueltan! ¡Se comerán a sus primogénitos! ¡La peor de las maldiciones caerá sobre ustedes! ¡¿ME OYEN?!— Generalmente el príncipe Connor era alguien tranquilo mientras tuviera comida y bebida,dormilón y desinteresado, pero debido a la precaria situación que estaba pasando en el palacio, alguien tuvo que salir a buscar ayuda inmediatamente según las órdenes de Connor. Uno de los sirvientes del castillo fue a caballo al pueblo, cabalgando a toda velocidad y con una mirada llena de histeria, era necesario ayudar a su majestad o su cabeza rodaría, no por órden de Connor pero sí del mismo Rey quien velaba por las necesidades de su hijo y de su comodidad, esperando que de esa manera aceptara sin resistencia la corona a su muerte, que próxima estaba. "¡¿Hay un hechicero entre nosotros?! El reino de Irlanda necesita a un hechicero, el príncipe lo necesita ¡Será muy bien recompensado!" Exclamaba, mientras el caballo galopaba de un lado a otro, dando vueltas en la plaza principal, esperando, aguardando y deseando que alguien escuchara sus gritos y enviaran ayuda a donde más se le necesitaba en ese momento.
Conociendo al príncipe de Inglaterra.
Una pequeña reunión se había organizado para los príncipes tanto de Inglaterra como de Irlanda y bueno, ahí estaba Connor, algo malhumorado y gruñendo, sentado en una delas elegantes sillas aterciopeladas y de roble del castillo inglés. No era cosa del otro mundo que los príncipes debieran conocerse, estando en época de guerra lo primordial era tratar de arreglar las cosas de forma pacífica. La guerra no era la mejor opción, el rey de Irlanda estaba gravemente enfermo y debería hacer su sucesor al muchacho desinteresado y mal oliente a cerveza que ahora estaba haciendo mohines cual niño de 6 años, sentado en esa silla.
Estaba cruzado de brazos,mientras rogaba a los Dioses de los bosques que lo rescataran como si fuese una damisela en peligro. A sus solo 20 años de edad era obvio que no estaba preparado para una responsabilidad como lo era el formar amistad con el príncipe de otro reino y evitar una guerra aun peor, ya muchas perdidas habían sifo parte de todo ello e Irlanda no estaba dispuesto a soportar más.Era eso o un matrimonio arreglado entre justamente alguno de los demás príncipes y él. Debido a que en ese momento las relaciones del mismo sexo no eran vistas como algo malo, eso era aplicable, sin embargo no podría haber descendencia y por ende herederos. Una madre nodriza debería ser usada en tal caso pero ¡Eso no era el tema central!
Connor se revolvió los cabellos un poco, generalmente era alegre y animado, fiestero,amante de la cerveza y despreocupado,pero en ese momento estaba tenso y nervioso. Le habían dicho que el principie Jared era alguien con poco sentido del humor y además bajito, muy MUY bajito. Pero que su estatura no lo hiciera dudar de lo despiadado que podría llegar a ser. —Nghh...¿Por qué no podíamos arreglar esto al menos en un bar?— Murmuró.
¡Urgencia en el castillo!
—¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!— Y con ese ensordecedor grito que resonó en cada ventanal y cada objeto de cristal del castillo es que inicia esto. Los sirvientes corrían de un lado a otro histéricos mientras los gritos se seguían haciendo presentes y trataban de calmar al dueño de esa ronca voz. Sonaba estúpido ¿No? Que un hombre con tal voz gritase así, con tanto pánico, sin embargo se podría pensar que estaba siendo gravemente lastimado o algo similar. ¿Cuales eran las causas de esos gritos ensordecedores?
"Por favor majestad, ¡Solo tranquilícese!"
Argumentaba la voz de uno de los sirvientes, al joven príncipe del reino de Irlanda, pero pese a las calmas palabras de aquel hombre, los gritos continuaban como si el príncipe estuviera sufriendo la peor de las torturas. Las sirvientas y demás servidumbre trataban de calmar al príncipe, dándole agua y palabras de aliento, incluso envolviéndolo en unos mullidos cobertores mientras él solo trataba de salir de la cama lo más pronto posible, sin éxito alguno. no se lo permitían, estaba muy alterado como para poder salir siquiera.
—¿Déjenme ir, malditos! ¡Los leprechaun robarán cada una de sus monedas de oro y joyas si no me sueltan! ¡Se comerán a sus primogénitos! ¡La peor de las maldiciones caerá sobre ustedes! ¡¿ME OYEN?!— Generalmente el príncipe Connor era alguien tranquilo mientras tuviera comida y bebida,dormilón y desinteresado, pero debido a la precaria situación que estaba pasando en el palacio, alguien tuvo que salir a buscar ayuda inmediatamente según las órdenes de Connor.
Uno de los sirvientes del castillo fue a caballo al pueblo, cabalgando a toda velocidad y con una mirada llena de histeria, era necesario ayudar a su majestad o su cabeza rodaría, no por órden de Connor pero sí del mismo Rey quien velaba por las necesidades de su hijo y de su comodidad, esperando que de esa manera aceptara sin resistencia la corona a su muerte, que próxima estaba.
"¡¿Hay un hechicero entre nosotros?! El reino de Irlanda necesita a un hechicero, el príncipe lo necesita ¡Será muy bien recompensado!"
Exclamaba, mientras el caballo galopaba de un lado a otro, dando vueltas en la plaza principal, esperando, aguardando y deseando que alguien escuchara sus gritos y enviaran ayuda a donde más se le necesitaba en ese momento.
Samaritano en el bosque.
na pequeña, humilde y destartalada cabaña en medio del bosque era la ahora morada del mismo príncipe de Irlanda. Connor O'Brien se encontraba más que feliz por ello, es decir; ¡Era justo lo que siempre había querido! Una visa sencilla y sin preocupaciones. Aunque su momento de paz era temporal pues pronto debía encontrarse con los reyes y príncipes de los diferentes reinos solo. Su padre estaba muy enfermo y no había podido realizar el viaje hasta el encuentro de los demás, así es que era él el representante. Su escudero y demás sirvientes estaban ya en el Reino, sin embargo él prefirió quedarse oculto ¿Por qué? Era sencillo. Además de que era algo que deseaba, era mejor mantenerse de bajo perfil para no arriesgarse a un ataque de cualquiera de las otras naciones, sabiendo que el rey estaba enfermo y que el heredero al trono estaba cerca y representaba un blanco fácil para dejar sin gobernante al reino irlandés.
—Ughh... Hace hambre...— Murmuró poniéndose la mano sobre del vientre y quejándose un tanto. Se podía escuchar su estómago rugir de apetito, tenía comida sí, mucha. Tanta que podría alimentar a un pequeño ejército si es que les encontraba, sin embargo no quería nada de eso. Valerse por si mismo era algo que deseaba con fervor, así es que de su cómodo sillón se levantó y decidió salir a por algunas frutas, había visto cerca un árbol de manzanas jugosas y quería una.
Mientras iba caminando y tarareando una canción sin sentido, escuchó un movimiento entre los arbustos. Clavó la mirada en el lugar, llevando su mano a la cadera donde estaba su cinturón y colgando de este una espada.
Arrugó el ceño y esperó, pero nada. Era solo una ardilla que bajó corriendo de ahí entre los arbustos y desapareció. Connor rió un poco y volvió a avanzar. —¡Ahí estás!—Exclamó, acercándose al árbol y cortando un par de manzanas.
De regreso de nuevo escuchó ese sonido pero esta vez soltó un par de risillas. —Al parecer a las ardillas de este bosque les complace el hacerme bromas pesadas.— Pero no fue una ardilla o que salió de entre los arbustos.
Era un muchacho, un muchacho de no más de 17 o 18 años bastante mal herido. Connor se quedó en shock sin embargo apenas su cerebro y cuerpo se conectaron nuevamente, se acercó corriendo y sosteniendo al muchacho. —¡Oye, oye! ¿Estás bien? Por las ollas de oro de todos los leipreachán...— No, definitivamente no estaba bien.
>Nice to meet yer' pretty face.
—... ¿Y dónde rayos estoy?— En ese instante el pelirrojo se levantó de donde estaba recostado, nada más que un simple lecho de pasto bajo la sombra agradable de un árbol, frente a un arroyo. ¿Es que acaso se había desmayado? Ahh no, la botella de gin que yacía al lado le indicaba con claridad que una vez más había bebido hasta perder conciencia de sus actos, esperaba no haber hecho nada malo en su estado de ebriedad. Bah, daba igual. El pelirrojo se encogió de hombros sonriendo jovial y luego de tomar su botella, enjuagarla y llenarla de agua (porque moría de sed) comenzó a caminar por el claro del bosque, admirando a su paso la naturaleza.
—Creo que estoy muy lejos de Irlanda...— Ahh, era verdad y ya lo había olvidado, había salido de casa para poder tener una reunión pronto con los gobernantes de Inglaterra; Jared y el rey. Se podía ver lo serio que tomaba ese asunto de guerras entre países ¿No era así? Connor siempre había sido algo distraído, desinteresado ante las cosas que se llevaban acabo en nombre de su reino. No es que su tierra y su gente no le interesaran, era simplemente que él no había pedido ser el heredero al trono.
¿Era tan malo acaso querer una vida simple, en una casa simple, buena comida y algo de beber en las noches? Suspiró con ligereza mientras se rascaba la cabeza entre sonrisillas. —Mi padre me va a sentenciar a la horca si sigo de esta manera...— Miraba curioso a todos lados esperando encontrar algún sendero que le guiara de regreso al pueblo, sin embargo no daba con alguno ¿Cómo es que había llegado tan dentro del bosque? Caminando a la orilla del arroyo a lo lejos, pudo ver una mata de cabello rojizo. Este parecía una extensión de los mismos rayos del sol que llegaban hasta esa cabellera sedosa.
Por unos instantes Connor se talló los ojos, miró su botella de gin ahora llena de agua, sacudió la cabeza y la dejó caer a un lado. —Por los duendes de Irlanda, debo estar soñando...— Acompañando a esa cabellera había una silueta femenina bastante hermosa, con una tez pálida y suave, parecida al mismo mármol pulido de las mejores esculturas que se pudieran ver en esos tiempos. A medida que se acercaba sentía como su corazón latía más y más fuerte, ¿Era acaso una ninfa de los bosques? Como irlandés era fiel creyente del folklore de su país y de los Reinos de la Gran Bretaña. Diablos, no, no era una alucinación, lo supo cuando la vio moverse. —D-Disculpe...— Murmuró, levantando un poco el brazo. Oh por los Dioses, cuando esa chica se giró y le miró, pareció que el mismo tiempo se detuvo bruscamente.
Genial, magnífico, ahora estaba tieso como una tabla. —Dia duit... Yo... ¡Mi nombre es Connor y estoy perdido!— Hizo una pausa, lentamente se giró hasta dar el perfil y golpearse la frente con la palma de la mano ¿Qué rayos había sido eso? Brillante Connor, sencillamente brillante.