«En efecto, si en la primera Meditación se habla de esencias sólo presentes a la mente, un Dios engañador será aquel que puede o quiere manipular los contenidos mentales. Si, como ya en Suárez, la aceptación del conocimiento es siempre voluntaria, y lo mismo puede decirse en el caso del error, el Dios engañador será tal que pueda crear en la mente humana una aceptación irresistible de lo falso. ¿Dios? Suárez y Descartes hablan más bien de un angelus malus o “genio maligno”, y la doctrina tradicional acude en su ayuda: un espíritu que no sea Dios puede confundir, tentar e ilusionar, pero nunca obligar a esa aceptación, afirmará el primero. Y según Descartes, si existiera ese “genio”, Dios no permitiría que engañara, pues “de él se dice que es sumamente bueno”.»
Maria Bettetini: Breve historia de la mentira. Cátedra, pág. 65. Madrid, 2002.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1












