Del amor, la muerte y la mierda.
Ese momento en que te estrujas por dentro, que tu pecho golpea fuerte, que sientes cómo la vida se bombea como un tambor que redobla, como si fueras a la guerra, pero no con cara valiente, sino con cara de idiota.
Vamos pataleando, balbuceando cosas, enojados, llenos de ira, se siente tan bien atascarte de ira y dejarla sembrada por donde caminas.
Somos un saco de materia orgánica en decadencia, un puñado de presunciones y alusiones visuales, de miradas imprecisas y descripciones parciales.
Qué necesario se vuelve el amor en medio de la rabia. El botón de escape de una realidad jodida; el sentimiento que te abraza y te vuelve más fuerte que la sábana que te protegía cuando eras una cría asustada en tu cama.
Ahora la cama se vuelve el jardín de recreo, las manos de tu amante se vuelven la extensión que te manda al otro lado de la cornisa, al abismo puro de la muerte, entonces la ves de frente, la tocas, le sonríes y regresas.
Entre la sed de la rutina y las ganas de la pasión transpiras la vida, tratando de hacer lo mejor que puedes, tratando de aprender, de comerte la experiencia, de llorarla, de joderla, de escribirla, de platicarla, de cantarla.
Al final, entre el amor, la mierda y la muerte está la vida.





