¿Quienes serán los verdaderos monstruos?, somos nosotros esos monstruos incapaces de apreciar las diferencias, somos nosotros quienes llevamos puesta sobre la carne una máscara que nos impide valorar la belleza en todo lo bizarro y todo lo distinto. nos encasillamos en pequeñas cajas de cristal, donde disfrutamos siniestramente de clasificar y juzgar sin entender que la belleza radica en todo lo extraño, en todo lo inusual, pero de igual manera en todo lo cotidiano. Llevamos una venda sobre los ojos que no nos permite ver mas allá de nuestra propia envidia y vanidad. ¿Quienes poseerán verdaderamente una discapacidad?, podría decir que en parte la discapacidad es nuestra, con nuestra continua rebeldía y narcisismo de ser superiores, pero incapaces de aceptar alfo que contradice en cierta medida esos preceptos frágiles pero inquebrantables de lo correcto e incorrecto, y de lo atractivo y repulsivo. Es ese desdén sobrenatural lo que nos hace deambular como fantasmas, separándonos de la tierra, de sus seres y de su esencia misma. Ellos nacen con dos pruebas, las que demandan sus mentes y sus cuerpos y las que exige la sociedad y los prejuicios; pero aun así con una ventaja, son reyes de todo aquello que ignoramos o nos es incomprensible. Nosotros tenemos de igual manera una sola prueba que aun muchos no logramos completar, la de poder verlos y aceptarlos como parte de nosotros, porque en el fondo todos tenemos esa naturaleza monstruosa enmascarada por el cuerpo, pero sin saber ciertamente quien es más monstruoso, quien es juzgado por su apariencia o quien juzga por la apariencia.