Las casas astrológicas: CASA 4. El inconsciente y las raíces.
Esta casa es la segunda angular cuya cúspide comienza con el IC (immun coeli o fondo de cielo), y es la base de nuestra carta natal. Tiene resonancia con el signo Cáncer y con la Luna. La importancia de esta casa es crítica porque si por ejemplo la casa 1 con el Ascendente representa lo que debemos aprender a integrar y lo que el mundo por ende espera de nosotros, entonces la casa 4 es nuestro pasado, las raíces, nuestros ancestros, el ambiente familiar, cómo fue nuestra niñez, nuestro refugio emocional (donde buscamos el amor que necesitamos para bien o para mal), la vida con nuestros padres, nuestra/s casa/s de la infancia y la actual, además de la idea que tenemos con respecto a lo que un hogar es o debe ser y que inconscientemente reproducimos a donde vayamos aunque nos haga mal porque esta casa de agua es el primer contacto no sólo con el subconsciente sino también con nuestra alma y el karma que traemos a sanar en esta vida. Mucho de lo que tengamos en esta área de nuestra rueda zodiacal nos molesta y no lo queremos ver, por eso lo reprimimos. Pero si no lo comprendemos, no lo tratamos con la ayuda necesaria (psicológica, terapéutica, etcétera), y lo seguimos negando, entonces siempre tenderá a explotar de manera violenta saboteando lo que queremos ser y hacer (casa 10 y el MC), y con quienes nos relacionamos (casa 7 y el DC). Veamos cómo funciona:
Sol en casa 4: el nativo se siente el centro del mundo en su hogar, más allá de que su entorno familiar afirme esto o no. El problema va a surgir con respecto al signo que esté ocupando esa casa cuatro porque por ejemplo si es un Sol en Cáncer el nativo va a brillar y se va a sentir fantástico dentro de su propio hogar y con su entorno más íntimo. Pero si por el contrario es un Sol en casa cuatro en Aries, entonces el individuo va a sentir que cada vez que él/ella reclaman atención se produce una pelea o el ambiente se pone tenso/agresivo.
Luna en casa 4: este astro tiene resonancia con esta casa por lo tanto no es una mala posición (siempre dependiendo del signo y de las alineaciones, porque recordemos que no es lo mismo una Luna exaltada en Tauro que una Luna en caída en Escorpio). Habla de una figura (mujer) influyente en la vida del nativo que siempre se encargó de cuidarlo y fue muy predominante durante todos sus años de crianza. Esto le generó al individuo mucha dependencia ya que en sus otros vínculos busca que lo protejan y lo nutran emocionalmente en vez de cuidarse a sí mismo.
Mercurio en casa 4: en este caso en particular, hubo más de una mamá que se hizo cargo del nativo o más de un padre que intentó cumplir ese rol. Nos habla de un ambiente hogareño flexible y de mucha comunicación en el hogar. Si está mal aspectado entonces los insultos o cierto nivel de violencia psicológica era moneda corriente en el hogar, además de mudanzas o cambios de escuela que no permitían que se echaran raíces en un lugar y establecer lazos con otras personas fuera de la familia. También, más allá de los buenos o malos aspectos, se dan situaciones en las que los padres son infantiles o se hacen los jóvenes para ser “amigos” de los hijos, dando apoyo desde lo mental pero no desde lo emocional.
Venus en casa 4: el nativo tuvo (si está bien aspectado este planeta), una infancia bastante pacífica, con cierta seguridad material, relaciones armoniosas y probablemente algún contacto con lo artístico. Hay una figura femenina que brilla en el hogar que es muy importante y es objeto de admiración porque siempre obtiene lo que desea. En cambio si está mal aspectado, entonces se crió en un ambiente frívolo, con tendencia a derrochar o descuidar lo material, en donde no se hacía énfasis en los valores espirituales o los buenos modales, y lo único que importaban eran las apariencias. Además habla de daños en la autoestima.
Marte en casa 4: bien aspectado indica que hubo mucha actividad y emprendimiento en el hogar, convirtiéndose éste en un lugar de acción más que de descanso y refugio. Probablemente había también una figura masculina muy fuerte, con mucha autoridad liderando el ambiente familiar. Mal aspectado ya hablamos de otro tema: fuertes peleas incluso llegando a la violencia, que el individuo con esta posición tenderá a proyectar a donde vaya y en sus relaciones cercanas a menos que resuelva el dolor que sufrió en un su infancia.
Júpiter en casa 4: indica una infancia abundante, probablemente en un lugar espacioso ( lejos del espacio urbano común o directamente en otro país), muy divertida y satisfactoria. La percepción del nativo siempre va a ser una vinculada a una niñez fantástica, sobre todo si la Luna también está en buenas alineaciones. Habla de un entorno familiar religioso o con estudios superiores, con antepasados extranjeros generalmente. Mal aspectado no es tan malo, pero sí habla de un ambiente hogareño derrochador y negador de los problemas, de los cuales prefieren no hacerse responsable, o callarse y no mencionarlos para no alterar “la buena vibra”.
Saturno en casa 4: esta posición habla de mucha dureza y disciplina en el hogar, incluso si está mal aspectado el nativo puede haber sentido una total falta de amor y cuidado. Incluso pudo haber perdido al padre o a la madre a una temprana edad, dejando una marca muy profunda en el mundo emocional. Las limitaciones sufridas en la niñez se trasladan a la adultez como inflexibilidad y autoritarismo con las relaciones cercanas. En el peor de los casos siente que no es digno de ser amado, lo cual deberá resolver para liberarse y entrar en contacto con su lado sensible y sus necesidades.
Urano en casa 4: más allá de los aspectos esto hizo y hace sentir mucha inestabilidad en el hogar como por ejemplo mudanzas inesperadas, separación de los padres, vivir en barrios marginales o peligrosos, o pasar a formar parte de una familia ensamblada. De una forma u otra, el nativo siente desarraigo con respecto a su lugar de origen, su cultura o su misma familia porque el sentido de pertenencia se ve interrumpido. En la edad adulta, los amigos cumplen un rol más de familia que el propio entorno biológico.
Neptuno en casa 4: sucede algo parecido como con Urano en casa 4 en cuanto al desarraigo porque el individuo está todavía conectado con el todo (el útero) como estaba antes de nacer. Puede faltar uno de los padres o ambos, haciendo que la persona haya sido criada por otras figuras de la familia o directamente por extraños, siendo el caso más extremo provenir de un orfanato. El nativo prefiere su versión de la realidad familiar que puede estar altamente sesgada por la fantasía, en vez de ver las cosas como son. Su familia guarda secretos o incluso engaños/estafas de los cuales no se habla. Probablemente vivió en un lugar con mucho desorden y con rutinas poco definidas, y este caos adquirido tiende a llevarlo a otras áreas de su vida, sobre todo si está mal aspectado.
Plutón en casa 4: este es el más difícil de integrar porque da cuenta de que el nativo presenció situaciones en el hogar intensas que un niño se supone que no debe ver (sexualidad, violencia, adicciones, manipulación, relaciones tóxicas, crisis emocionales), haciéndolo sentir una vergüenza profunda o mucho dolor emocional. Esto genera una personalidad apegada al drama, que necesita verse sumergido en situaciones extremas para sentir compensación emocional. Uno de los padres en el hogar era percibido como alguien poderoso, autoritario o maltratador, que hacía sentir aterrada a la persona. Entonces la relación con la familia es una de amor-odio muy fuerte, que luego se proyecta en las otras relaciones en donde lo que se ama se lo quiere destruir inconscientemente ejerciendo el control y la manipulación. La lección plutoniana es aprender a cuidar de uno mismo, amarse a uno mismo sin depender de otros desde el apego y el dramatismo.