Pu mapuche petu mongeley (el pueblo mapuche aún vive)
No es fácil enfrentarse a esta realidad que tan hábilmente nos han ocultado desde la más tierna infancia. Descubrir que todos los prejuicios, burlas e insultos hacia cada persona de origen mapuche son sólo la punta del iceberg de un sistema colonial, por parte del Estado chileno, tan complejo que recorre toda la estructura de nuestra educación, nuestra historia oficial, los valores que nos entrega día a día la familia, los medios de comunicación, y lo que lamentablemente representan las fuerzas policiales y armadas del país.
Y escribo esto para declarar algo: desde hoy reconozco mi complicidad en la opresión de cada compañere mapuche; reconozco el privilegio que he tenido por sobre cada persona que ha vivido las secuelas de una usurpación que no fue hecha por los españoles como nos enseñaron siempre, sino que una usurpación que comenzó a finales del siglo XIX y que hasta el día de hoy sigue mostrando lo peor y lo más denigrante de este país: una elite que negocia con capitales extranjeros a partir de las tierras robadas, de la violación a todo derecho humano y la muerte; una clase profesional que niega e invisibiliza la violencia sufrida por más de un siglo por parte del pueblo mapuche, y que incluso imitando a los mejores exponentes del imperialismo convierte al mapuche en su objeto de estudio, en su "informante" que finalmente pierde todo valor subjetivo sólo en beneficio de aquel estudioso y el sistema académico actual que harán usufructo del sufrimiento y las experiencias de aquel peñi o lamngen. Una clase popular que violenta en el cotidiano a la compañera o compañero mapuche en el colegio, que se burla de sus apellidos o de su apariencia física. Una clase que a pesar de ser tan pobre como ese compañero al que usurparon la tierra es capaz de sentirse superior y contribuir a la violencia sistemática del mal llamado indígena (y esto puede extenderse a todo otro grupo étnico invadido por el Estado chileno).
YO NO SOY MESTIZO; yo no me creo ese cuento que la historia oficial de Chile y Latinoamérica ha creado para eliminar cada identidad propia de los pueblos de este continente. Yo no sé lo que es "tener sangre mapuche en las venas" porque independiente de aquel imperativo biológico, yo jamás he sido violentado simplemente por el hecho de existir bajo una cosmovisión distinta, o por tener un apellido que sea sinónimo de inferioridad en esta cultura tan profundamente racista; si he sufrido violencia ha sido la más mínima y es que no puedo dejar de pensar que si yo me he sentido vulnerado por ser cola y pobre, no me logro imaginar la violencia que debe sufrir alguien que además de esto vive el estigma de ser identificado por la sociedad hegemónica como "indio". A mi parecer, reconocer esto es un proceso fundamental para descolonizar nuestras mentes y prácticas, para entender que en nuestra realidad no somos una, sino que muchas identidades que han sido sistemáticamente pisoteadas desde la creación de este país para así poder romper un cierto dejo paternalista que se vive incluso dentro de los sectores que apelan a la transformación radical de las estructuras actuales, que al hacer propia la causa mapuche, pero sin cuestionar el lugar propio, terminamos reproduciendo lógicas coloniales de insistir en seguir hablando por el "otro".
Yo no quiero ser mestizo, sin embargo, yo quiero hablar mapudungun, yo quiero compartir la cultura y recrearla con cada peñi y lamngen que sea posible. Yo quiero ser un compañero de lucha, tal como lo soy de mis compañeras feministas, de mis compañeros estudiantes, de las compañeras y compañeros trabajadores, pero yo hoy en día he aprendido algo importante, y es que la solidaridad se vive y se respira, porque tengo claro que no seremos libres hasta que cada persona dentro de este pedazo de tierra tenga la posibilidad de decidir cómo vivir, cómo entender este mundo, cómo sentirlo y darle sentido. Y para eso debemos liberarnos de todo aquel que venga a imposibilitar lo que tal como el pueblo mapuche lo define en el significado de su gentilicio es el poder habitar la tierra, sin duda necesitamos desmilitarizar Wallmapu, el país mapuche, necesitamos descolonizar; debemos luchar por la autonomía de cada pueblo, porque quién sabe si algún día podamos vivir en una verdadera igualdad, donde cada diferencia se celebre y no sea sinónimo de dominación como lo ha sido por siglos.