Te saqué de uno y mil problemas, para que al final me dejaras sumida en la tristeza.
Papittafritta
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Te saqué de uno y mil problemas, para que al final me dejaras sumida en la tristeza.
Papittafritta
El "Toto" en pija te explica cual es el plan.
Que la violencia no se vuelva nuestro día a día.
Que la impunidad no sea lo que nos acompañe en la comida.
Que la injusticia se extinga.
Que las familias no vuelvan a estar incompletas, no por alguna desaparición.
Vida pasada: Cede el control.
Soy un punto en el infinito,
una tormenta de arena me nubla la mente
y todos mis pensamientos dan la vuelta
revolotean sin cesar
colisionando y destruyéndose,
volviéndome a armar.
Traté de mantenerme inmóvil
sin decir ninguna palabra
y tratando de entender
un paisaje se va vislumbrando.
Sumido, un caos interminable.
Todo se sentía roto
por la indolencia y la impunidad
y aunque permanezca como estatua
una presencia invisible y perfecta,
muchos me vieron entre la gente y devolvieron la vida.
Necesitaba dominar el desorden,
anticiparme al desastre,
dominar y controlar,
pero la realidad es distinta.
No puedo manipular las emociones,
ni dominar las piezas del rompecabezas
ni las reacciones en cadena
un efecto dominó que cae sin demora.
No puedo controlarlo todo.
(No puedo controlar) que un rayo caiga dos veces,
ni que te tropieces con la misma piedra
no lo puedo evitar
que las olas rompan en la orilla
ni que la tormenta reviente,
pero tal vez pueda dejarme llevar irme con el desastre que me transforma.
Así era ser mujer en un pueblo de Uruguay en 1935
Capincho Fernandez violó a mi abuela cuando ella tenía 12 años. Hizo lo mismo con casi toda la escuela de aquél pequeño pueblo, convenientemente era la pareja de una de las maestras. También ejerció esa aberrante costumbre con las demás mujeres del pueblo, mayores o menores de edad. No pasó un solo día en la cárcel en toda su vida. Mi primer tío es hijo del Capincho, y el segundo y el tercero. Cuando nació el primero, el padre de mi abuela se enteró de todo y eligió hacerle un juicio para que se hiciera cargo del niño y se casara con mi abuela. Ese fue el primer matrimonio de ella: obligada por la justicia vivió años casada con su violador y ahora golpeador porque la cagaba a palos. El padre de mi abuela se enteró de todo y autorizó el divorcio, le consiguió una pequeña pieza a mi abuela donde podía estar con sus tres hijos, y allí estuvo secuestrada porque casi no podía salir: en un pueblo tan chico, cruzar la puerta significaba cruzarse con el Capincho. El Padre de mi abuela se enteró de todo y le consiguió trabajo en Montevideo, a donde viajó sola. Sus hijos quedaron al cuidado de su abuela Toribia. Años después mi abuela conoció a mi abuelo (un huérfano que vivió en orfanatos toda su infancia y adolescencia), de ese matrimonio nació mi madre y su hermano. Esa es otra historia, llena de pobreza pero mucho más feliz. Lo que vengo a contarles ahora es que me enteré de esto ayer, mientras mi madre se lo contaba a una de sus mejores amigas (que tampoco sabía), cuando le preguntó quién fue el padre de mi primer tío. Mi madre lloró durante casi todo el relato. -Ay, perdoname -le dijo su amiga -si te pone así de mal no me cuentes, yo no sabía te podrás imaginar. -No no, está bien, yo estoy sensible -dijo mi madre refiriéndose a la muerte de mi padre hace unos meses -además así me desahogo. Capincho Fernández fue inmortalizado junto a otros personajes en una canción popular hecha al pueblo. Mi abuela no.
Acostumbradoalfindelmundolandia: linktr.ee/acostumbradoalfindelmundo
Ser mexicana y ser mujer es sentirte insegura al salir a las calles, es tener que mandar tu ubicación en tiempo real a algún familiar, es tener que salir con algo para defenderte, es no poder usar faldas con libertad en la calle, es estar atenta de la gente que va a tu al rededor, es tener que lidiar con el sexismo en el trabajo y en la escuela...
Ser mujer en México es inseguridad, feminicidios, violaciones e impunidad
Hoy se cumplen 10 años del asesinato de Marisela Escobedo Ortiz, una madre que además de cambiar los pañales, alimentarla, llevarla a la escuela, mantenerla y cuidarla, tuvo que buscar restos y justicia para su hija Rubí Marisol Frayre, de tan solo 16 años. Como si el trabajo de madre no fuera ya lo suficientemente difícil y doloroso, el Estado la apoyo con tan solo un balazo en la cien.
Inst. ilustración @echeagarayvaleria
Inst. texto @laecheagaray
https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2020/12/16/marisela-escobedo-documental-netflix-autores-historia/
Ser indiferente te hace cómplice.
Miran hacia otro lado y el abusador camina tranquilo, en un mundo podrido.