Cuatro puntos cardinales
Tormentosa: La primera vez que se enojó conmigo, tuve la suerte de que tenía razón. pocas desgracias son más horribles que cuando se enojan conmigo y soy inocente. También es verdad que eso rara vez sucede, mi entropía siempre tiende a la culpabilidad, lo admito. Ella descendió con su cara de orto lloviendo sobre mí, cada palabra era un rayo de justicia que me partía al medio.
Chubascada: Claro que también a veces la caga y el que tiene que decir las cosas soy yo. Nuestro pacto es aceptar, siempre que el otro no sea injusto. Construirnos es también mojarse cuando se nos cae el techo encima de vez en cuando, y quedamos un rato a la intemperie bajo la lluvia color gris. Pero lo cierto es que ella es más estoica que yo y se recupera rápido, en mi caso tardo mas tiempo en secarme la tormenta, como si hubiera estado una noche larga bajo un aguacero intenso. Mientras ella apenas parece haber sido sorprendida por un repentino chubasco.
Falible: Cuando se equivoca queda muy roja, irritada, el roce con el error la paspa, y esa fricción le genera calor, del malo. Dice la leyenda que soy el único capaz de calmarla, con alguna frase que tengo que pensar bien, eso sí, porque se me va la vida en ello. En ella. No quiero darme el lujo de escribir mal a su lado porque así empieza la desidia. Lo descubrí cuando me enfrenté al primer momento en el que la rabia le puso escarlata los cachetes (de la cara). Le dije “ya era hora de que refutaras mi idea de que sos perfecta”.
Y cuando acierta, cuando da en el clavo, ahí muestra una de las facetas que más me gustan de ella. Como cuando me dijo “te quiero”: Inapelable.
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