Fragmentos de “Niño del río”, de Inés Marcó
en: Niño del río, 2018
1
Conocí al Niño Pescador en mi infancia. El Niño habita la plaza principal de Concordia desde hace décadas. La mayoría de nosotros lo conocimos ahí, sin mayores presentaciones.
Recuerdo haberme trepado con mis amigas: el Niño era un poco escuálido y se prestaba para la broma. En aquella época no estaba entre rejas y ese lado de la plaza tenía más bancos y menos circulación.
Ya de grande dejé de pasar por donde estaba el Niño, prefería atravesar la plaza para cortar camino. Pasaba siempre por delante de la estatua de San Martín a caballo y nunca por detrás, para evitar la mala suerte. El Niño quedó escondido detrás de un árbol y con el tiempo me olvidé de él.
Recordé al Niño mucho tiempo después, ya siendo adulta, artista y viviendo lejos de Concordia. Me sorprendió descubrir que su autor era Lucio Fontana. ¿Cómo fue posible que una escultura de Fontana llegara allí?
2
La fuente está prendida y al Niño le cae agua de manera constante. ¿Será el agua de la fuente o la del río la que se llevará al Niño?
Como el pescado es tan resbaladizo el Niño lo sujeta firmemente con sus manos mientras pisa fuerte el suelo. Tiene un pie gigante. Casi como una pata de rana. Lo debe conservar de su antepasado de río. Cuando era pez o rana.
El Niño copia el gesto del pescado que tiene entre sus manos: mantiene la boca abierta, desesperado tratando de tomar aire en un mundo que no hará más que asfixiarlo. Parece sorprendido con los ojos bien abiertos pero decidido a conservarlo. ¿Lo habrá atrapado con sus propias manos en el agua? ¿Se habrá sumergido? La ropa parece mojada. Quizás poseía la habilidad de pescar con las manos. Tal vez los peces confiaban en él porque era uno de los suyos. Ahora el Niño pesca y es pescado.
3
Cuando comencé a preguntarme sobre el Niño Pescador lo primero que hice fue encontrarme con el artista Guillermo Faivovich. Él había hecho una pesquisa minuciosa sobre el Muchacho del Paraná para una muestra en el Museo Macro de Rosario. Nos encontramos en su estudio después del mediodía. Antes de ir recibí un mail diciendo que iba a llegar 15 minutos más tarde y me imaginé a un Faivovich que había vivido en el extranjero. Nadie en Buenos Aires te avisa que va a llegar tarde.
Su investigación respondía a una de las muchas preguntas que me hacía: ¿Cómo llegó una escultura del vanguardista Lucio Fontana a una ciudad como Concordia? La documentación demostraba que la escultura Muchacho del Paraná se instala en la plaza 25 de Mayo porque la Comisión Nacional de Cultura decide darla en comodato a la ciudad. Quien presidía la Comisión Nacional y era, a su vez, subsecretario de Cultura de la Nación, era Pedro Antonio Castro, oriundo de Concordia (su hijo dilecto, como decían los diarios de la época). En aquel momento la Comisión Nacional se proponía llevar obras al interior del país.
¿Era otro Fontana? ¿Acaso había hecho otras obras que no eran sus conocidos tajos? Fontana realizó un cuerpo de obra del que nunca había tenido noticias, esculturas de temas y resolución clásicos, las obras argentinas de las que la Historia del Arte prescindió. Y Concordia, ¿era otra?
Los diarios de la época indican que la escultura se descubre oficialmente el 9 de julio de 1949 pese a que su placa señala a 1948 como año de emplazamiento. En algún momento la gente de Concordia le da un nuevo nombre a la pieza: Niño Pescador.











