Cambian de mano los cetros y el pedernal de las bóvedas se mueve con mayor estruendo… Se acerca… El golpe de estrellas, el cielo dorado, creciendo por mitad la plateada esfera, la renovación de los ciclos… El miedo de los hipócritas y los fementidos, el terror de los mezquinos y ambiciosos.
¡Bajad! ¡Oh reina de negro plumaje! ¡Reclama este mundo para quienes de ti hemos venido y quienes a ti volveremos! ¡Anuncia la flecha que nos mata! ¡Afila nuestros aceros en soberana justicia! Por pequeños hombres estamos… Por miserables hombres estamos… Diminutos hombres…
¡Bajad eterno jinete de fulminantes destellos! ¡Cabalga en picado y desgarra los grises velos! ¡Inunda de humo y cenizas los pueblos! ¡Nada debe quedar en pie! ¡Dejad que los mares de llamas lo consuman todo!
¡A ti señor del terror, señor de la piedad, de doble naturaleza, de unidad! ¡Abrid los caminos haz clara la senda de los reinos! ¡Marca tu paso entre las cenizas y el crepitar! ¡Abre el paso de la gran señora, de la gran dama! ¡Traed la fuerza y el consuelo en el hogar y lejos de el!
Que sea esta noche la noche ¡Traed los primeros vinos! ¡Traed las primeras semillas! ¡Reserva la miel de los inviernos y dadlas a las señoras que se aprestan a subir a las cumbres para ungir a la nueva!
Se abrirá paso y traerá con ella las flores, se abrirá paso descalza renovándolo todo bajo sus pies, serán esmeralda los pastos y de ligero carmesí la vid.
Mostrarán su fuerza tus hijos, resistirán los embates, permanecerá su recuerdo. Bajarán las damas de los bosques, de las cavernas, anunciarán la renovación de los pactos, el orden permanecerá intacto.
¿Cuántos se ha llevado el invierno? ¿Cuántos cayeron bajo la daga de la traición? ¿Cuántos pasos se perdieron en la nieve de los últimos tiempos? ¿Cuántos hijos perecieron en manos abjuradas?
¡Oh mi señora! ¡Mirad cuán pocos han vuelto! ¡Conduce ahora tú su camino de vuelta a través de las dobles puertas! ¡Oh mi señora! ¡Anuncia la flecha que nos mata! ¡Reina roja! ¡Luz en la obscuridad! ¡Dama de múltiples formas! ¡Apacienta tus cuervos en los restos quemados! ¡Déjalos cantar! ¡Que encuentren refugio en mis manos!
¿Cuántos se ha llevado el invierno? ¿Cuántos cayeron bajo la daga de la traición? ¿Cuántos pasos se perdieron en la nieve de los últimos tiempos? ¿Cuántos hijos perecieron en manos abjuradas?
¡Oh mi señor! ¡Mirad cuan pocos esperan tu cabalgar ansioso! ¡Cuántos esperan encender de nuevo el corazón apagado! ¡Extingue con tu fuego la salada humedad de sus rostros! ¡Yérguete invicto entre nosotros! ¡Levántanos con promesas de amanecer y largos veranos!
¿Cuántos se ha llevado el invierno? ¿Cuántos cayeron bajo la daga de la traición? ¿Cuántos pasos se perdieron en la nieve de los últimos tiempos? ¿Cuántos hijos perecieron en manos abjuradas?
¡Oh mi señor! ¡Mirad todos los que esperamos tu juicio! ¡Abre las puertas! Tú que conoces el peso real de los corazones ¡Alzo el mío en mi nombre! ¡Imploro tu severidad o tu ternura! ¡Restaura el balance roto por mezquinas manos, por mentirosas lenguas, por envidiosos ojos, por sordos oídos! ¡Ven en flama! ¡Ven en fuego! ¡Baila en verdes campos!
Que esta noche sea la noche ¡Que arda la ciudad y los pueblos! ¡Que ardan los campos y los bosques! ¡Que se manifieste en hermosa luz con el nuevo amanecer! ¡Oh eterna promesa! ¡Oh vehículo y eterna! ¡Oh hermosa dama! ¡Oh puerto al final del mar de la desesperación y la tristeza! ¡Toma en tus manos el mundo y envuélvelo en tierno beso y consuelo! ¡Que florezca! ¡Que las vacías copas se apronten a rebosar con vinos nuevos!
¡Oh triple diosa! Mi señora, mi maestra, mi amante.
¡Oh fuego divino! Mi consuelo, mi fuerza, mi guía.
¡Oh dios de cuernos! Juez impasible, juez piadoso, mi director, mi mentor, mi consejero y cómplice.
Aclaren mis ojos, enjuguen mis lágrimas, afilen mis aceros, guarden mi casa y mi nombre. Permitan que aquella habite también en mi hogar, que no sea exento de sus bienes, que me alcance su consuelo y virtud.
¡Levanto la copa de los vinos pasados, la consagro y la precipito aquí! ¡Último alimento de los terrores pasados!