Sería increíble para todo aquél que la conociera, saber que su corazón todavía recordaba los latidos acelerados de aquella noche, en la que ella y Jackson compartieron su primera cita. Algo tan inigualable que Nani jamás podría olvidar, mucho menos cuando las estrellas parecían brillar mejor que nunca mientras compartían un dulce beso bajo éstas, columpiados suavemente por el juego de aquél parque.
Revivir ese recuerdo en la actualidad, cuando ya pequeñas pataditas se sentían en su vientre fruto del grande amor que ambos se tenían, no causaba más que unas inmensas ganas de llorar. No de tristeza, sino alegría por haberle permitido la vida encontrar la completa felicidad junto a él, en cada rasgo de su ser.
Y si alguien contaran los días que la menor llevaba planeando este momento en específico, quizá podrían notar la explosiva emoción en su pecho, pues guardar un secreto a Jackson resultaba difícil cuando en cada oportunidad, éste aprovechaba a llenar de cariños su abultado vientre. Siempre tan preciosos que las ganas de decírselo de una buena vez, sin nada planeado de por medio, no hacían falta.
¿Pero cómo no querer sorprenderlo? Si la sonrisa que seguramente causaría en él tras revelarlo no se iba a poder comparar con ningún otra. Sin embargo, la pelinegra no era la única emocionada con dicha sorpresa para el mayor, pues aunque se viera gracioso su mascota también terminó siendo cómplice de sus hazañas.
Todo estaba listo dentro de casa, ahora lo único que faltaba era esperar a la llegada de su precioso amor, por lo cuál debía estar atenta frente a la puerta. Aunque en realidad no faltaba mucho para verlo, pues como de costumbre el mayor envió un mensaje de texto avisando que pronto estaría ahí.
Cinco, diez, veinte. Sólo bastaron veinte minutos para ver ese rostro iluminado tras verla con un sencillo vestido rosa, el cual hacía notorio su embarazo de una manera adorable.
— ¡Mi amor, bienvenido a casa! —Exclamó, siempre dejando ver una brillante sonrisa a la par que lo recibía con un suave abrazo. Y como nunca podía faltar de su parte, un corto beso le fue robado. — Te extrañábamos mucho, príncipe.
— ¿Mucho? Yo también los extrañaba mucho... pero mucho, mucho, mis amores.
— Sí, mucho, mucho...
Se detuvo. ¿Es que siempre quería derretir su corazón? Las manos de Jackson alrededor de su cintura, deslizándose poco a poco sobre su vientre para acariciarlo, la amplia sonrisa sobre su rostro al sentir los movimientos del bebé. Sin duda alguna no cambiaría momentos como ese por nada del mundo; eran su razón de existir.
No obstante, aunque desearía quedarse en esa dulce burbuja para siempre, el anhelo por dar a conocer su dichosa sorpresa debía ser más grande. Por ello, y con el divertido acto de atacarlo con pequeños besitos antes de, soltó el comentario.
— Amorcito, te tengo una sorpresa... pero para que puedas verla primero tengo que cubrir tus ojos. —Dijo para continuamente colocarse detrás suyo, estirando ambas extremidades para así evitar que hiciera trampa.
Lo conocía bien, sólo bastaron palabras como esas para despertar cierta emoción y que evidentemente, éste le siguiera el juego. Con pasos tranquilos lo hizo avanzar hasta la puerta, siendo la única ayuda el girar la manija para poder abrirla. Una vez dentro suspiró y con risitas nerviosas, anunció.
— ¿Listo, príncipe Wang? Una, dos y... ¡Tres! —Llegado ese número sus manos se apartaron inmediatamente.
Globos en diferentes tonalidades, adornos sujetados a la pared, peluches de color blaco y cafés, todo eso eran parte de su sorpresa. ¡Y ni qué decir del singular corbatín en su esponjosa mascota! Que sintiéndose parte de ello, saltó hasta la puerta.
Sin embargo, lo que hacía especial aquello no eran sólo los globos o también el pequeño pastel para celebrar, sino el letrero pegado a la pared, siendo el principar centro de atención para anunciar aquello que tanto habían ansiado saber...
« ¡Vamos a tener a una niña! »
Así es, ese secreto que tanto le había costado guardar no era ni más ni menos que el sexo de su bebé, o ahora mejor dicho, de su pequeña princesa.