El feminismo que tiene mucho más de 200 años o no sé cuándo fue la Revolución Francesa y que no comenzó en París en 1789 y que no viene de las universidades; y que no viene de las mujeres blancas, heterosexuales y burguesas, solamente. Pero cuando decimos esto, a veces nos acusan y esto está sucediendo, como de demonizar a la mujer blanca, heterosexual y burguesa. Yo estoy hablando de quiénes, aparte de estar en la parte más alta de la jerarquía, en todos los sentidos, utilizan esas jerarquías para monopolizar de alguna manera, o priorizar sus propios intereses dentro de lo que sería un movimiento feminista. Un mujeres, al que yo no renuncio ni muerta, porque todas estas teorías queer, políticas queer, etcétera… una cosa es que desmontemos la inevitabilidad de las opresiones de género, raza, clase, etcétera, todo lo que queramos. Y otra cosa es que, de repente, diluyamos la identidades, porque mucho cuidadito si diluimos las identidades, al final va a terminar perfilándose una especie de identidad homogénea que va a ser más parecida a los que más tienen que a las que menos tenemos. Y tiene que ver un poco con todo eso. Entonces dentro de ese mujeres, dónde no solamente incluimos a las que tenemos, nacimos con un chichi entre las piernas y además el médico nos dijo “eso es un chichi, no otra cosa”. Y nos hicieron una carnicería de bebés, como han hecho con intersexuales, desde los años cincuenta en todo Occidente… No solamente me refiero a ese mujeres, también mujerizadas, parias de género, disidentes de género, raza – género, clase, etcétera… Por supuesto estamos hablando de un mujeres, o de un multitudes queer o como nos queramos llamarnos, o ratas, que hablamos en unos diálogos de horizontalidad y dónde multiplicamos nuestras luchas, confundimos al enemigo, porque no sabe muy bien como catalogarnos y sobre todo, no utilizamos un mujeres, como ha utilizado muchas veces, en muchos lugares, el feminismo blanco, heterosexual y burgués, para que en ese mujeres, priorizar y poner encima de todo, de la agenda política sus propias necesidades. Qué, sinceramente, las propias necesidades de luchar y conseguir cosas, o sea, si tendríamos que equiparar de alguna manera las luchas dentro de un gran movimiento, que yo creo que ya no existe y que no debe existir… Quiero decir, no tengo añoranza de una macro organización feminista, una macro organización obrera o una macro organización que priorice una cosa, todos a una, porque eso da mucho miedito y ya hemos visto el resultado. Pero es que si tuviéramos que priorizar, priorizamos las de la puta, transexual, negra, yonki sin techo… Sylvia Rivera. Y no la de la mujer blanca, heterosexual, burguesa que no tiene tanto que ganar porque ya lo tiene todo.