“La jactancia del macho tararira en la Avenida de las flores mutantes”
(Alfredo Benavídez Bedoya, Grabado, 64,5 x 82,5 cm. 1990)
“He de confesar, ante todo, que soy profano en cuestión de arte. El contenido de una obra de arte me atrae más que sus cualidades formales y técnicas, a las que el artista concede, en cambio, máxima importancia. Para muchos medios y efectos del arte me falta, en realidad, la comprensión debida. Y quiero hacerlo constar así para asegurar a mi intento presente una acogida benévola.”
Hay ocasiones en las que la célebre afirmación de Jacques Lacan “el artista siempre le lleva la delantera [al psicoanalista]”1 adquiere especial relieve. Es el caso del polifacético artista argentino, Alfredo Benavídez Bedoya, dibujante, ceramista, ensayista, artista gráfico, poeta y profesor de historia del arte. Desde la destreza de los significantes que se desplazan irónicos en un precioso título y dan la entrada a su obra, hasta los elementos que integran el contenido de la misma, el artista nos regala en la sutileza de su montaje, mucho más de lo que el resto de los mortales estamos dispuestos a admitir.
Me gusta pensar que la obra está situada en un fuera de tiempo, cercana a la atemporalidad de los procesos inconscientes, mientras que el espacio es preciso, y corresponde a la celebración pagana propia de los míticos carnavales en un pueblo litoraleño.
Ellas y él exhiben sus atributos. El macho pasea arrogante por la avenida con su tararira erecta y su miembro flácido, ellas lo observan con cierto desabrimiento, con sus brazos cruzados como quien espera amablemente que la función concluya, al tiempo que sus genitales exponen bellas orquídeas, lirios y campanillas ribereñas.
Ellas están de pie sobre el sendero marcado para el desfile, mientras que el macho se desplaza por fuera del camino señalado. Una llave parece anunciar que más adelante está la posibilidad de una apertura, o tal vez señal de que esa puerta ya se cerró.
Acaso la obra, realizada tres décadas atrás, sea una parodia de nuestra actualidad con machos esforzándose por deconstruirse y féminas disfrutando las mieles de alguna batalla ganada… o todo lo contrario, como señala Graciela Musachi2 a propósito del patriarcado en cuestión, “Ellas esperan, se embellecen, se muestran apetecibles, ellos bailan haciendo alarde de virilidad para cautivarlas”.3
La sagacidad de Germán García como analista y escritor -autor de Para otra cosa. El psicoanálisis entre las vanguardias- le permite afirmar que “el arte como la “finalidad sin fin”, es una teoría del gusto y del genio. (…) Por eso es que hacer un cuadro no es solamente volver visible algo.”4
Entre la jactancia del macho y las flores mutantes transcurre la celebración y el padecimiento de la vida. Por su parte Jacques Lacan enseño que no hay proporción sexual, es decir que entre el hombre y la mujer no hay ningún programa establecido de antemano.
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1 Lacan, Jacques: “Homenaje a Marguerite Duras. Del rapto de Lol V. Stein”, Intervenciones y textos 2. Manantial. Buenos Aires, 1988.
2 Musachi, Graciela: “El reino de las mujeres”, El escabel de Las Plata N° 2 Revista de psicoanálisis. Publicación de la EOL Sección La Plata, Editorial Malisia, 2019
3 Coler, Ricardo: El reino de las mujeres. El último matriarcado. Editorial Planeta, Buenos Aires, 2005.
4 García, Germán: Conferencia pronunciada en la ciudad de Posadas. Actividad organizada por la Asociación de Psicoanálisis de Misiones, 6 de junio 2007. Recuperado en http://descartes.org.ar/germangarcia/i14.html