Un mini fic de lo que yo imagino que paso con el distanciamiento entre Coriolanus y Tigris despues de Balada de Pájaros y Serpientes. Es un one-shot pero ya estoy escribiendo la segunda parte que si termino publicaré después, me disculpo desde ahora por tantas ediciones pero tal cual lo escribí lo publiqué para no postergarlo y las correcciones las estoy haciendo desde acá.
“Te ves justo como tu padre Coriolanus” …
Tigris había visto a su primo pasar del niño temeroso e indefenso de la guerra a un adolescente orgulloso, mientras lo criaba había intentado desterrar ese rasgo del muchacho pero no se culpo cuando no pudo, después de todo el orgullo era un rasgo familiar, tan característico como el cabello rubio casi blanco que tenían todos los Snow, “¿no había detrás de su tenaz talento para diseñar y coser algo de orgullo? “¿A caso no creaba nuevos y más complejos diseños cada vez queriendo demostrar que tenia más talento que los demás?”. Tigris entendía que era natural que el carácter de su primo se hubiera endurecido después de la guerra, aun cuando terminó seguían viviendo en la pobreza, sumando además las presiones de la academia.
Pero el verdadero cambio sucedió a su regreso del Distrito 12, cuando lo vio bajar del tren se quedó estupefacta brevemente, no corrió abrazarlo, se quedó allí parada parpadeando como si tuviera que verificar que realmente se trataba de él, que realmente había vuelto, pensó que era producto de la sorpresa y de la alegría que le daba tenerlo de vuelta, pero era algo más, algo que no reconocía pero la inquietaba. Había en un cambio tan significativo como invisible, no podía decir que era, tal vez en su postura, más erguida y rígida sin duda por el entrenamiento militar, tal vez en sus gestos tan pausados que parecían contenidos, fluidos pero ensayados, pero especialmente en su mirada, oscura y vacía como si la luz que ella estaba convencida antes titilaba ante las barbaries de la guerra y los juegos se hubiera extinguido.
El nunca hablaba de sus estadía en el Distrito 12, con nadie, —No nos conviene que nadie sepa de mi estadía en el 12, ni de mi función como agente de la paz, los Snow por fin han recuperado su estatus y no podemos arriesgarnos a perderlo por las habladurías de la gente.
La abuela apoyaba esa postura, para ella esos meses que habían caído en desgracia después del destierro de Coryo no eran mas que una pesadilla de la que afortunadamente había despertado y se negaba a reconocer que ese episodio había siquiera sucedido. Pero Tigris igual quería saber, “¿que había pasado durante ese tiempo? Tenía que haber algo que explicara el repentino cambio en Coryo”.
Una noche mientras cenaban y platicaban una travesura de la infancia, vio a su primo sonreír por primera vez con la alegría de antes, con la melancolía de los viejos tiempos salpicando su mirada los suficiente para tener esperanza, para sentirse cerca de nuevo a él. Tomo valor y le pregunto por Lucy Gray, su gesto se volvió adusto de inmediato y sus ojos perdieron cualquier luz, aún la luz de la chimenea parecía no poder de reflejar en sus pupilas. Su respuesta fue corta, carente de cualquier afecto, —la ví muy poco, pero créeme no es como tu crees —su mirada se alejo, presente en algún recuerdo que ella no podía ver —si tiene talento con las serpientes es porque en el fondo es una —cuando ella intento indagar mas sobre el tema se levantó de la mesa lanzando una mirada furiosa que le dio escalofríos, como si su sola pregunta lo hubiera ofendido terriblemente, desde entonces ella evito el tema.
El tiempo con la Doctora Gaul solo empeoro todo, esa mujer era temible y cada día cerca de Coryo sentía como que el perdía un poco de su humanidad, los comentarios que hacia tan carentes de emoción y sensibilidad: el poder, el control y la ambición sobre cualquier cosa. El fin justificaba todos los medios, preservar la paz por el bien de todos, pero de alguna forma esa paz se sentía mal, pervertida. Lo escuchaba y no podía a evitar sentirse culpable, ella había ayudado a criarlo, fue responsable de su supervivencia, debería poder hacer algo, decir algo para que esa nobleza volviera, para que esa oscuridad y furia que se asomaba en sus rasgos desapareciera.
Pero ese Coryo parecía cada vez mas lejano, aún así ella no podía perder la esperanza, lo conocía como la palma de su mano, conocía sus luces y su sombras, la luz que tenía debía ser capaz de extinguir las oscuridades , aún si crepitaba débilmente. El no podía ser tan cruel como la monstruosa Doctora Gaul, esa mujer solitaria y egoísta que no sentía afecto por nada ni por nadie, después de todo Coryo aún se preocupaba por ella y por su abuela, se había apresurado en recuperar el departamento para su abuela y de regresarlo a su antigua gloria, los Snow de nuevo vestían con las mas finas telas y tenía más de lo que necesitaban, además había pagado la escuela de arte y diseño para Tigris en la cual ella era la mejor alumna.
Una vez más habían probado que los Snow siempre caen de pie, de nuevo todas las puertas estaban abiertas para ellos, ascendían tan de prisa en la escalera social que Tigris le costaba distinguir el piso, pero cada nuevo escalón era insuficiente para Coryo, lo despreciaba con fingida humildad mientras ansiaba con desesperación el siguiente, obsesionado por las conversaciones a las que aún no podía acceder, los objetos fuera de su alcance.
El dinero de los Plinth fue la mayor parte del cambio, removió cada obstáculo que los Snow pudieran encontrar, la guerra aún era un lastre que muchos seguían arrastrando, así que cuando veían a la afortunada familia los dejaban pasar listos para recoger el oro quedaba en su estela. Empresarios y estadistas les hacían caravanas, los que antes los habían depreciado en su caída ahora agachaban la cabeza humildes, riendo de más en su chistes, escuchando con fingida fascinación sus palabras, una mascarada nauseabunda e interminable pensaba Tigris.
Pero no solo el dinero aceleró su ascenso, su primo se estaba forjando su propia fama, sus aportaciones a los Juegos del Hambre habían transformado el evento en mas que un entretenimiento, una fuente de dinero e inversión, ahora todos los sectores e industrias estaban deseosos de participar y ser partes del beneficio. Tigris vio horrorizada como los mejores diseñadores se apresuraron a vestir a los tributos para las entrevistas y presentaciones, aprovechando la publicidad que su transmisión nacional les daba. Pero ella no tenía intenciones de formar parte, ella quería diseñar ropa lujosa y hermosa para las grandes familias del Capitolio, no disfraces estrafalarios que terminarían como el traje mortuorio para 23 de esos niños.
En apenas un par de años Coryo se convirtió en un político de relevancia en el Capitolio, aún quienes lo odiaban o lo envidiaban buscaban su respaldo en su decisiones. Pero su ascenso era controlado, entre todas las personas que le empujaban había una más fuerte que le detenía, la Doctora Gaul. Su benefactora lo observaba subir en la pirámide social con una mezcla de orgullo y furia, sobre todo cuando con el paso del tiempo el joven aprendiz parecía resistirse cada vez mas a su regio control. —Creo que es momento de que me emancipe de su tutela —anunció casualmente Coryo durante la cena, Tigris sintió su corazón palpitar emocionado al imaginarlo por fin lejos de su tóxica influencia, pero también estaba temerosa, la doctora era muchas cosas, terribles la mayoría, pero estúpida no era una de ellas, sin duda había observado que los poderes de su discípulo iban creciendo y habría tomado precauciones si este intentaba abandonarla o traicionarla.
—La doctora Gaul es la persona mas poderosa de Panem, tal vez al mismo nivel que el Presidente, excepto que a ella todos le temen —le advirtió Tigris, no para disuadirlo sino para que pensara bien lo que iba hacer,
—Todos, excepto Hamal Ari —respondió cavilando Coryo, ella hizo una mueca de disgusto, Hamal era el jefe de las fuerzas armadas del Capitolio un hombre enorme y repugnante, que encontraba su igual en crueldad solo en la Doctora Gaul, tal vez por eso se despreciaban tanto mutuamente, sin embargo cada uno reconocía la fuerza y peligrosidad del otro por lo que mantenían una distancia cautelosa, siempre vigilando sus movimientos.
—Hamal Ari no hace favores, no tiene aliados ni le interesa tenerlos y tiene mas dinero del que puede gastar —replico Tigris, para nadie era un secreto que Coryo había entregado dinero cuando algunas cosas se complicaban, “agradecimientos” les llamaba el.
—Lo conozco mejor ahora, se que hay cosas que quiere y su dinero e influencia todavía no alcanzan —algo brillo en los ojos de Coryo con esta respuesta, no ese suave resplandor que ella anhelaba, si no algo diferente, una chispa que oscureció sus ojos mas que iluminarlos, como un fuego voraz que consume todo a su paso,
—¿que cosas Coryo? —preguntó ella sorprendida por su propia voz, como si la pregunta se le hubiera escapado de sus labios, el no respondió y siguió cavilando, Tigris no tuvo valor de volver a preguntar.
A las pocas semanas se celebraron los Décimo novenos juegos del hambre, tan sangrientos como los anteriores, pero cada año mas populares, mas ovacionados. Coryo había propuesto recientemente una gira de victoria para los ganadores, dentro y fuera del Capitolio, varias fiestas en el Capitolio marcaban el inicio de dicha gira. La primera fiesta era el evento del año, las personas más importantes y famosas de Panem fueron invitadas, todos estaban extasiados ante las lujosas decoraciones, la vasta comida y la exclusividad de la recepción. A las siete en punto Chastity, una niña de 15 del Distrito 2, fue presentada al público, ovacionada y requerida en cada círculo social, Tigris la miraba con pena mientras la conmocionada chica era jaloneada entre los invitados que deseaban conocerla. Más tarde cuando la fiesta avanzó y el alcohol comenzó a recorrer más vastamente las salas, la vencedora del distrito 2 desapareció, Tigris miró preocupada a su primo, este era un evento que el había organizado y sabia lo furioso que se ponía cuando las cosas no salían a la perfección, pero el lucia complacido, casi extasiado con la evolución de la fiesta así que Tigris optó por no molestarlo, especialmente cuando la chica apareció de nuevo en medio de la pista bailando con otro de los obesos miembros del partido del Capitolio, seguro la pobre había ido a tomar un respiro, no cabe duda que lo necesitaba.
Las fiestas estaban contempladas para dura una semana, un baile conmemorativo cada noche y Tigris se vio obligada a acompañar a Coryo a cada una de ellas, cada vez mas ansiosa y cansada, contaba los días para que estas terminaran, especialmente cuando noto lo mucho que estos eventos también estaban afectando a la pobre Chastity, cada día lucía mas delgada y pálida, con los ojos vidriosos, enferma y aunque el maquillaje y los hermosos vestidos con que aparecía trataban de ocultarlo su rostro se notaba desencajado, como si fuera a perder los nervios en cualquier momento. No podía culparla, que difícil debía ser estar rodeada de extraños que te mandan a morir a una arena y después te felicitan por que no lo hiciste.
Las festividades se vieron interrumpidas por el repentino fallecimiento de la Doctora Gaul, causa de muerte un aneurisma, apenas un día de luto después se celebro la ultima fiesta de la gira de victoria en la casa del Presidente Netus.
—Los juegos del hambre son el legado de la Doctora Gaul, el seguir con la agenda de los mismos es la mejor forma de rendirle homenaje —argumentó Coryo y nadie discutió la decisión, tal vez por que le daban la razón o tal vez porque el fondo estaban aliviados por la muerte de la doctora, seguramente ambas. Tigris por dentro se sonrió, sin tener que intervenir se habían librado de la influencia asfixiante de la doctora Gaul y deseaba que desde el infierno la doctora pudiera ver que a pesar de que dedicó su vida al Capitolio, este no le dedicaba grandes fanfarrias a su muerte.
La última fiesta fue tan superficial y sofocante para Tigris como la anteriores, pero a la mitad de la fiesta la esposa del presidente hizo un anuncio.
—hemos preparado para ustedes los mas exquisitos platillos, los invitamos a probarlos todos —sonrió presuntuosa, Tigris alzo la ceja, era el festín mas vasto que había visto en toda su vida, había tantos platillos que dudaba que los invitados pudiera probar siquiera la mitad de los mismos —y si creen que ya no pueden comer mas —continuo melosa la mujer como si le hubiera leído la mente —tomen uno de los cocteles rosas, preparados especialmente para que puedan probar todos los manjares —señalo las copas que diligentemente dejaban todos los avox en una mesa exclusiva — pero por favor tómenlo en el tocador, no queremos accidentes —se apresuró a agregar al ver que varios se acercaban y tomaban con curiosidad las bebidas.
A pesar de las advertencias de la anfitriona algunos invitados bebieron presurosos las copas, ansiosos por ser los primeros en probarlas, segundos después Tigris los vio correr apresurados al baño con arcadas que apenas podían controlar, entonces entendió la intención de los cocteles y sintió náuseas también, tan fuertes como si ella misma hubiera vaciado alguna de las copas, “hace unos años, todos luchaban por sobrevivir, recurriendo a lo indecible para conseguir llevar algo al estomago y ahora…” De repente se sintió mareada, le faltaba el aire y la habitación lucia claustrofóbica, su único pensamiento era salir de ahí, camino sin darse cuenta a donde iba, sujetándose de las paredes y con visión de túnel, entro a una habitación y cerró la puerta desesperada por acallar el clamor de la fiesta, se dejo caer contra la pared, sin importar ensuciar su fastuoso vestuario, puso la cabeza entre las rodillas y se concentro en su respiración.
No sabía cuanto tiempo llevaba sentada ahí cuando la puerta al otro lado de la habitación se abrió y Chastity salió de ella, visiblemente alterada, sollozando con fuerza, despeinada y con el vestido arrugado. La tributo tardo un momento en verla, pero cuando finalmente lo hizo no hizo nada, solo siguió llorando, levanto la mano para limpiarse los mocos mientras todo cuerpo se sacudía con violencia. Tigris se puso tensa anticipando un grito, pero algo aun peor sucedió, la chica abrió la boca como si intentara con todas su fuerzas chillar pero la voz no salía, su cara estaba deformada en una mueca de terror de la que no salían mas que ruidos contenidos, era espantoso. Un miedo como no sentía hace años se derramo por todo el cuerpo de Tigris, inhaló aire para gritar pero no tuvo oportunidad. La puerta por la que Tigris había entrado se abrió y una mujer entro al cuarto, era miembro del equipo de vestuario, la reconocía aunque no sabía su nombre, parecía mas sorprendida por la presencia de Tigris que por el estado tan desastroso de Chastity.
—me han mandado para arreglarte. Vamos —ordenó con voz neutra. Chastity no se movió, parecía incapaz, así que la mujer se acerco a ella y tomándola del brazo comenzó a arrastrarla consigo.
Tigris se levantó como pudo y de alguna forma encontró su voz, —¿quien? —preguntó sofocada, la vestuarista la miro insegura —¿quien te mando a buscarla? —demandó irguiéndose, ella era después de todo una Snow.
—el, el señor Snow —respondió la vestuarista nerviosa antes de desaparecer con la chica por la puerta.
Tigris estaba atónita, intentó dar unos pasos a la puerta por la que la niña había entrado pero vomito antes de llegar siquiera a la mitad, no podía respirar y sus piernas temblaban amenazando con derrumbarse. Entonces escucho el pomo de aquella temible puerta agitarse de nuevo y presa del pánico corrió a una esquina para ocultarse tras una cortina. Era un escondite pobre, si alguien se acercaba demasiado sin duda la vería, sobre todo por el modo incontrolable en que temblaba. Escucho unos pasos acercarse y contuvo la respiración.
—¡Puaj! Criatura asquerosa —la inconfundible voz de Hamal Ari retumbo en la habitación, seguido de sus pasos chacualeando a través del vomito que seguramente había pisado inadvertidamente. Tigris apenas escuchó cerrar la puerta, vomito nuevamente hasta que le lloraron los ojos y le ardió la garganta. Cuando pudo ir al sanitario continuaron las arcadas, a pesar de ya no le quedaba nada en el estómago para expulsar, una mujer la miro entre asqueada y divertida
—tomaste mas de uno de esos cocteles ¿no? —no espero su respuesta, mando a llamar a uno de los avox, la subieron a un auto y la llevaron a casa.
Tigris paso la noche temblando, era el trauma y el frío, no el de esta noche que era mas bien cálida, sino el frío de una noche helada hace 15 años, en el invierno de la guerra. Llevaban toda la semana sin leña para calentar el departamento y tres días sin comer nada solido. Los ojos del pequeño Coryo la miraban fijamente, esos luceros azules que ahora parecían demasiado grandes para su escuálida cara. “Tenemos que comer” pensaba desesperada Tigris, ninguno de los dos resistirá mucho mas.
—vamos Coryo —lo sacudió, intentando convencerlo para que salieran a buscar comida en las calles, pero el niño apenas respondía. Comprendió entonces que dependía de ella, se levanto como pudo y salió al frío, tan débil y delgada que las fuertes ventiscas la empujaban como muñeca, si tan solo lograba llegar al local de Pluribus, podría apelar a su compasión, pedirle que les regalara algo o les diera crédito para pagarlo después, estaba segura de poder convencerlo, solo tenía que caminar unos cientos de metros mas. Pero tenía tan pocas fuerzas y el aire estaba tan helado que casi le dolía respirar, se derrumbo mucho antes de poder ver siquiera el local y se quedo ahí tirada, pensando que moriría de frío o hambre de un momento a otro.
Entonces sintió unas manos heladas deslizarse por su estomago, salió de su estupor y un rostro sucio le sonrió intencionadamente, el hombre estaba sucio y le faltaban varios dientes, Tigris se retorció asqueada, empujándolo con todas su fuerzas, el hombre se detuvo sorprendido y la miro contrariado —estas demasiado débil para luchar y yo demasiado débil para someterte, quédate quieta, te prometo que entraras en calor —su aliento agrio la golpeo y espabilo otro poco, luchando con mas ímpetu contra el, desesperada por quitarse ese aroma de encima, el hombre gruño —tengo mermelada, es tuya si realmente la quieres —Tigris titubeó y su pelea se hizo menos intensa, entonces el hombre sonrió triunfante —te daré dos tarros si eres especialmente dulce —Tigris sintió el aire helado quemar sus piernas cuando bajó sus pantalones y el pútrido aroma apesto su cuerpo mientras el hombre aceleraba su respiración y se le pegaba. Fue como hacerse pequeñita y esconderse en el fondo de su mente, mientras permanecía inerte y trataba de no moverse, excepto por la forma es que su pecho saltaba con cada sollozo.
Coryo recupero un poco el color de las mejillas después de dos cucharadas de mermelada, no le dio las gracias, estaba demasiado ocupado lamiéndose los dedos y ella no dijo nada. Utilizo la segunda lata para intercambiarla por latas de habas, Coryo protesto un poco pero accedió cuando noto que ella no podía comer una gota del dulce sin vomitar.
Por eso le bastó ver un segundo a Chastity para saber lo que le había pasado, sus ojos tan vacíos como los de ella habían estado entonces, su postura rota, de destrozada.
Tigris lloró sin parar toda la noche, llorando por Chastity y por ella misma, por la niñez que habían perdido, por lo que les habían arrebatado. Lloro de dolor y de rabia, contra ella, contra el mundo, contra Coryolanus Snow, por ese traidor por quien había sacrificado su vida, pero que la había desperdiciado de todos modos. y le odio, tanto o mas que aquel hombre sin dientes. Se ocultó en su habitación por un par de días, fingiéndose enferma, o tal vez no fingiendo en absoluto.
Días después mientras los Snow desayunaban en silencio, algo cada vez más común ya que Tigris procuraba evitar a Coryolanus, su primo les informo que ante la repentina muerte de la Doctora Gaul, había sido nombrado Vigilante Jefe de los juegos del hambre y ese día firmarían su nombramiento.
—¿como me veo Tigris? —preguntó ligeramente nervioso, ella lo miro con pena, como se mira a un desahuciado.
— te ves, justo como tu padre Coryolanus.