"soy uno que fue,
soy el polvo,
el sin cuerpo
que anda en puntillas por el aire,
el actor taciturno
que vive tras la escena..."
- Monólogos. Juan Manuel Roca.
seen from Russia
seen from Azerbaijan
seen from United States
seen from United States
seen from Macao SAR China

seen from Argentina

seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States
seen from China

seen from Azerbaijan
seen from China
seen from Malta
seen from United States

seen from Australia
seen from Azerbaijan

seen from Germany
"soy uno que fue,
soy el polvo,
el sin cuerpo
que anda en puntillas por el aire,
el actor taciturno
que vive tras la escena..."
- Monólogos. Juan Manuel Roca.
Rutina.
Estados Unidos, 2 de marzo del 2012. entrada de diario, transcrito con exactitud— material sujeto a terapia conductual cognitiva.
"Rutina.
Llego a casa, me quito los zapatos, cuelgo el abrigo y enciendo la televisión. No para prestarle atención nunca le presto atención, sino para tener algún ruido de fondo mientras busco algo para comer. Y como. Una ensalada, un poco de cereal. O quizá, depende, un sándwich improvisado. A veces pido comida cuando no me soporto. Luego avanzo con el trabajo, tan sólo un poco, para después ir directo a la ducha. Agua tibia, nunca debo olvidar cerciorarme de que es tibia; ni fría, ni caliente. Salgo, tomo la toalla que está a un lado, me cubro. La rutina. Ir la cama no es complejo, lo complejo es dormirme.
Me cuesta dormir a veces.
Pero duermo, un poco más cada vez.
Todos los días lo mismo.
Excepto hoy.
Dos de marzo, hoy se cumplen diez años.
Hoy he vuelto a casa aguantándome la presión del pecho. He caminado, con los zapatos puestos, hasta el final del pasillo; el balcón del departamento apenas y puede estrecharme, pero decidí salir. Me quedé quieta. Hacía frío, tenía la piel de gallina. No me quité los zapatos. He vuelto dentro. He ido a la cocina, abierto el refrigerador y he tomado la única botella de vino que me queda, la que uso para las visitas. Mi madre decía que no había que meterla en el refrigerador. No he encendido la televisión. Me dejé caer al suelo, aún sin quitarme los zapatos. Tampoco he comido nada… ¿Por qué no he comido nada? No he tenido hambre. Al menos, no le he sentido.
No he ordenado comida, no comí.
La botella está fría, tengo las manos heladas. El vino sabe extraño. A este punto he llegado casi al fondo, aunque tampoco me cercioré de cuánto quedaba todavía dentro cuando la saqué de su lugar. No he tocado los expedientes, no he releído mis notas. Mis lentes siguen en su estuche, en el fondo de mi bolso. ¿Dónde está mi bolso? No lo sé. ¿El abrigo? Quizá lo he dejado en el suelo. No lo colgué, tampoco me he quitado los zapatos. Tendré que limpiar.
El abrigo sigue en mi cuerpo. Aún así tendré que limpiar.
A este punto he dejado la botella junto a mi pierna, la boquilla está cerca de mi rodilla. La garganta me arde, como si tuviese un bulto ahí dentro. Como si estuviese a punto de estallar. Creo que vomitaré, pero no lo hago. Es un reflejo fantasma. Hoy no he llorado, aunque puedo percibir las ganas de mis entrañas de estallar en el suelo de la cocina. No lo hago. El ceño se me frunce, no lloro, no estallo. Me retuerzo, pero no lloro, no estallo. Me quedo quieta.
Y me quedo quieta, cinco, diez minutos.
Tal vez sólo fueron dos.
El trayecto de la cocina al pasillo, del pasillo a la sala y de allí al baño es de veinticinco pasos, los he contado. A Laura, mi vecina, le parece extraño que los cuente; ella nunca lo hizo. He dejado la botella medio vacía en el suelo, no logré encontrar la tapa. ¿Es posible que se evapore? No sabría decir. Una parte de mi cerebro me dice que debo limpiar, pero yo le empujo a un lado como diciendo “no, ándate, no ahora”. No me responde, yo tampoco lo digo. No en realidad. Y entre que me pregunto, mentalmente, si es posible que se evapore el vino o si debo limpiar o no, termino por llegar al baño. Está ordenado. Siento que he dejado un desastre tras de mí, siento los pies pesados y los zapatos posiblemente sucios por el exterior.
Debería habérmelos quitado.
Pero no lo hice.
Y así entro a la ducha.
Entro en silencio, como se entra a un interrogatorio federal. En silencio, aunque me quito la ropa con cuidado. No el mismo cuidado de siempre, pero cuidando sin querer no esforzarme demasiado. ¿Por qué no miro dónde dejo cada cosa? No tengo idea. Pienso que me gustaría ser un ave, para irme lejos y alejarme de mis problemas. Por un momento me gustaría tener alguna enfermedad degenerativa de la memoria, o tener un servicio a mano como aquél, el de la película de Jim Carrey. Jim Carrey, no me gustan mucho sus películas.
El agua está fría, tan fría como el viento del balcón o el cristal de la botella de vino. Fría como tenía las palmas, fría como la memoria del día. Fría como un funeral.
Y arrastro el agua con descuido, apenas y miro por encima del hombro, apenas y percibo que me estoy mojando. No pienso nada. Pongo la cabeza directo bajo la llave, me llueve sobre mojado; no figuradamente. Literal. El reflejo de explotar me repta desde el vientre hasta el pecho, allí se pasea por entre mis pulmones y danza con cuidado por entre mis costillas. El corazón me late un poco más rápido, como si tuviese un ataque de pánico.
Y exploto.
Y caigo en cuenta de que hoy es dos de marzo, hoy se ha muerto mi madre y mi hermano, hace diez años. Y sin embargo, aquí sigo yo.
Bajo la llave de la ducha, desnuda y llorando.
Pero viva,
¿Por qué sigo viva?"
Το χρεώνω σε 'μένα, αφού είχα πάρει χαμπάρι
Εξ αρχής τι θα γίνει κι όλο αυτό που θα βγάλει
Δεν βαριέσαι, μάλλον δεν θα στεναχωριέσαι...
Μονόλογος - Πάνος Φριαγκιαδάκης
si somos azar
si el universo es nada mas que accidental, si el universo no es mas que un hecho del azar, si somos nosotros nada mas que la evolución de un evento de la casualidad, podríamos decir que la casualidad es un plan improvisado que en su conjunto de micro eventos al azar, crea una mente inteligente que mantiene todo en su sitio, con infinitos ciclos de destrucción y creación.
Monólogo N°30: Reinvención
Un paso adelante.
Ha pasado tiempo desde que decidí caminar hacia pequeños objetivos, en vez de trazar una ruta, un plan, al fin y al cabo la vida es una estrategia, creo que ya he dicho eso antes. Espero concordar contigo en que una buena estrategia es aquella que se adapta, aquella que sin perder sus objetivos principales como eje central, puede adaptarse a las circunstancias y a los protagonistas. Aunque en realidad no quiero perder mucho tiempo con eso, esta vez vengo a hablar del tiempo que ha pasado.
Decidido a avanzar, di el primer paso. Los demás siguieron casi por inercia, como si el mundo de alguna forma me invitara a avanzar sin mucho interés en si lo lograba o no. Me vi envuelto en un lugar nuevo, con personas nuevas, una meta y un tiempo para lograrla. Demasiados factores nuevos y mi mente convaleciente, bueno, digamos que no era la mejor combinación, pero había que avanzar, ¿no? Todo estaba decidido, las ideas estaban propuestas, la meta era clara, difícil, próxima e inminente, pero clara, posible. Lo demás se vería en el camino. Tenía mis cartas sobre la mesa. Lo primero era ordenar los procesos y establecer una base, una rutina. Con eso definido se podía dividir todo en pequeños objetivos, ligados a lo que podía hacer dentro del día. Tome todo en consideración. Necesitaba tiempo para descansar, así que procure no llevarme trabajo a mi casa, solo llegar, descansar lo que se pudiera y prepararme para el día siguiente. Ocupe cada idea que se me ocurrió en el tiempo que tuve para pensar, durante la cuarentena. Intente aprovechar el tiempo de trabajo al máximo, poniendo el 100% de mi concentración en lo que hacía. La idea era no fallar, no podía permitirme un fallo, tenía que dar lo mejor…
Al final lo logré. Di lo mejor de mi. Cumplí con la meta. Y aunque parezca raro, pareciera que desperté de un largo sueño de 2 meses, en donde solo me enfoque en una cosa. Pero tarde o temprano el corazón nos fuerza la humanidad. La música vuelve a sonar en aquel lugar que nunca abandona y, como producto de una secuencia programada en el alma, vuelves a sentir. Y fue así, sintiendo, que me invadió la nostalgia, el querer ver a las personas que tanto quiero, el querer volver a los recuerdos, al menos esta vez, para disfrutar el momento. Así lo he hecho, así lo seguiré haciendo, pero ahora me pregunto el porque.
¿Será porque aquellos 2 meses solo fueron el primer paso?
Es una gran pregunta. Se que quiero, se a donde quiero llegar, ya lo he pensado y sentido hasta el cansancio, como queda en evidencia dentro de los 29 monólogos que anteceden a este, pero también sé que queda mucho para llegar a eso. En parte quiero apurar algunas cosas. Quiero que lo importante no se aleje de mis manos demasiado tiempo. Quiero optar a eso, para luego seguir soñando como siempre, para seguir persiguiendo esos sueños como un lunático como siempre, como nunca tuve que dejar de hacerlo, como espero nunca volver a dejar de hacerlo. Y en el fondo sé muy bien que esos nuevos pasos serán desafíos incluso más difíciles, más complejos, que quizás me toque “dormir” muchos más meses. Pero no hay otra manera. Perderse es la apuesta. Nadie estaría apostando si tuviera algo seguro, ya sea si no puede tenerlo o si no quiere tenerlo.
Solo espero que estos monólogos me ayuden a despertar cuando sea el momento, en el caso que abandone la cordura en medio del sueño. En el caso que me pierda hasta olvidar que estoy perdido. Hoy despierto para volver a ser humano. Algún día despertare para empezar a soñar, y luego, volveré a dormir, hasta que me pierda en mis sueños, olvide que estoy soñando y no tenga que despertar, por que los sueños se olvidaron que fueron, y juntos, los bautizamos realidad.
Me pesa la existencia
OST - https://www.youtube.com/watch?v=zXvX7JEe1fw
Quisiera volver a ser sincero conmigo mismo pero ya no me nace serlo. Estas palabras que escribo no tienen rumbo, no saben para donde van, sólo se escriben para tratar de describir un poco las contradicciones que vivo constantemente. Quisiera poder decir que todo está bien pero no sabes qué es así. Me siento distante, lejos, como un satélite que en el transcurso de una vida llegó a su momento de despertar. Me miro los bolsillos sacando un par de billetes para pagar un cafecito mientras pienso sobre mis soledades mezcladas con tristezas y alguna que otra distracción. Estoy lleno de muchos silencios que no dicen nada, que nadie nota, que no se cuestionan. Mis silencios son tan callados que al parecer todo está bien, la vida está en orden y el satélite está brillando en el espacio. Nada de malo debe de estar pasando, por algo brilla y está tan lejos sin saber que mis estructuras, hasta los huesos, llenas de oxido. Y tengo un corazón que ya está borracho embriagándose con canciones de Fabrizio de André mientras pienso en las multiples oportunidades que tuve para cambiar la historia. “No es demasiado tarde” dirán los incrédulos y tienen razón pero el mundo se estancó por unos segundos que se han convertido en meses y a nuestro árbol se le han caído las hojas esperando el azote del invierno que asoma por la ventana.
Son las horas de la mañana, espero atentamente mi café mientras escucho música en mis audífonos y trato de escribir algo que le guste. Quisiera quedarme mirando al sol pero el día está gris, mi corazón es tan fuerte que duele y sólo puedo quedarme viendo de lejos a la multitud disfrutando su día mientras ocultan sus demonios. Yo los veo, yo entiendo sus contradicciones, es normal. Todos tenemos fantasmas y no todos se ocultan en la oscuridad. Disculpa mi cara larga, es que en mis días libres ya no sé que hacer y esa sensación me come por dentro mientras me levanto, cojo mi pedido, doy sorbitos a mi café, me quemo la lengua, está un poco caliente, y salgo por la puerta a ver hacia dónde voy.
El tiempo se detuvo como si nada. Quisimos seguir con nuestras vidas pero quedaron estancadas, sin no tener a dónde coger. Nuestras paredes son nuestros ladrillos que nos protegen pero a la mente no le va bien encerrarse para pensar de más. La memoria se comporta como un desconocido y recuerda bastante, más de lo que debería. Imprudente pero así es la mente cuando no tiene a dónde coger.
No sé a dónde se fueron mis ideas, de vez en cuando aparecen de la nada pero la velocidad con la que trascienden es tan rápida que no da tiempo de anotarlas. Debería tener el poder para recordarlas pero muchas veces toma demasiado esfuerzo cuando la vida sigue corriendo, sin detenerse, sin apuros, a su ritmo. Quería mandar un mensaje de ayuda, la radio para los solitarios que aún la escuchan o una mano amiga que fuese a estirarse. Me sentí atrapado en mi cabeza, sin importar cuál fuese el lugar, no encontraba la comodidad de esas ideas que muchas veces tenían nombre, a veces apellido y muchas veces momentos que ocurrieron o iban a ocurrir. La imaginación es el lugar mágico donde provienen todos estos pajazos mentales que me hago que desaparecen en la profundidad de mi irracionalidad. Trato de ser una persona normal pero prefiero estar callado y ver cómo pasan las horas del día sin que yo haga al respecto. Hay días así, donde pienso en cierta persona o ciertos sueños, donde pienso en qué hago y qué debería estar haciendo, y el leve estrés de que el tiempo avanza. He logrado unas cosas pero aún estoy lejos de ciertas metas que algún día me propuse. Estos estúpidos monólogos se me ocurren como alrededor de las seis y media de la tarde, cuando me doy cuenta que el día se terminó y nada que haga puede hacerme recuperar las horas que desperdicié. La mayoría del tiempo la gente se queda esperando a que algo ocurra para cambiar el trayecto de sus cortas vidas y esperar es malísimo para el cuerpo, para la mente, mas bien para todo cuando la mente está enguayabada. No soy tan joven ni tan viejo, siento que tengo días que puedo gastar pero la vida me tiene los días contados. Todavía falta mucho tiempo para las incómodas despedidas, demasiado es lo que quisiera yo. En el tiempo que queda busco recordar porqué cambié si en algún tiempo atrás estuve ahí, donde tenía que estar.
Entonces, como una guacharaca que no para de sonar, me mantiene tranquilo la idea de saber que si tuvimos buenos días, otros días buenos llegarán. Vivimos contradiciéndonos todo el tiempo: “haz lo que quieras, pero qué mierda que hagas eso” - a veces no lo entiendo pero ocurre muy a seguido. Cómo decía Diomedes que hay que llenar el alma de eternidad y no me parece una mala idea. Simone, la crueldad de que la vida otra vez se comió mis palabras y mis quejas, mis historias y mis emociones. Quiero ser el mismo pero algo siempre me pesa en la espalda y trato de existir.
Por: El Marco del Cuadro
Monólogo del pájaro.
Era 1934, cuando mi marido me dejó. Sola; La vida en la pradera era tan lóbrega; Sin teléfono, sin radio, Tan solo un ave grande y majestuosa con quién compartía mi penar. Un día de desasosiego le dije: "Pajarito, tu eres libre. Podrías elevarte a grandes alturas pero sigues aquí ¿Por qué?" Y por lo visto mi cuestionamiento le afectó, porque esa tarde el pájaro se marchó. Al igual que mi espíritu.
Es medianoche,
y a veces es culpa del contexto.
El status quo es roto por intangencias durante algunas medianoches, cuando se está muy cansado de mentir y sólo se puede ser honesto.
Nada cambia, pero piensas en la palabra perspectiva. Algún tipo de pared se raja, otra dimensión expontaneamente vuelve. Una vez más, eres consciente de las sombras profundas y los murales efímeros.
Es medianoche y a veces es culpa del contexto. Vuelves a ser un Dios, vuelves a preguntarte si debes hablar en primera, segunda o tercera persona. Intentas traducir una idea con aroma traslúcido al tacto, con sabor mudo.
Lloras pequeño Dios, al día siguiente volverás a responder a un nombre y fingir que no eres algo más allá de una membrana de palabras. Mañana tendrás fuerzas para seguir mintiendo, para no entender.
El contexto puede cambiar a la medianoche otra vez. El universo duerme, nada jamás se mueve. Es sólo que las palabras desaparecen.
- Cynth Beutler.