El líquido de la merengada que tranquilamente estaba bebiendo terminó desviándose por donde no debía tan pronto asimiló aquellas palabras. Primer accidente. Intenta buscar explicaciones pero ni abre la boca y su garganta se contrae. Sin poder evitarlo, se ve cubriéndose la boca con el dorso mientras tose con los ojos acuosos. Segundo accidente. "¿¡Q-Quién te dijo que me dijeras eso!?" De paso, tartamudea. No sólo estaba en problemas: El color que había adoptado sus mejillas le hacían sentir terriblemente vulnerable. "V-Ve a jugar con otra persona... ¡Fuera!" Exige con voz floja, al mismo tiempo que coge el cojín que tiene más cerca y se lo lanza al estómago. No quería hacerle daño, claro, sólo... Que no se diera cuenta que aquella idea había conseguido que se ruborizara al instante.