Un acto es malo cuando implica inflingir, intencionalmente, un perjuicio grave a otro ser humano en circunstancias que no ofrecen adecuada justificación. Esta definición tiene tres elementos esenciales. Primero, para que un acto sea malo, quien lo perpetra debe tener la intención de causar daño. No hablamos de algo hecho por descuido. Segundo, el perjuicio debe ser muy grave. Uso la palabra grave para connotar que los perjuicios sean severos. Tercero, la causación del perjuicio debe carecer de excusa o justificación adecuada. Por supuesto, decidir si una justificación es adecuada o no puede ser razonablemente discutible en algunos casos, y puede depender de la perspectiva moral de cada cual.
¿Se convierte, por definición, toda persona que comete un acto malo en una persona mala? No lo creo. Mas bien, yo calificaría a alguien como persona mala solo si por disposición comete repetidamente actos malos. Esta distinción es importante. Muy frecuentemente podemos condenar a alguien sobre la base de un solo acto
MNOOKIN, Robert: “Negociando con el diablo. Cuándo negociar o cuándo pelear”, 1ra. ed., Grupo Editorial Norma, Colombia, 2010, pp. 28 -29.