El grito de una de sus compañeras de la casa, la obligó a salir de su habitación y bajar las escaleras, gruñendo en voz baja sobre qué la había hecho interrumpirla mientras practicaba un poco de yoga dentro de su pieza. Con pequeños saltitos, comenzó a bajar las escaleras mientras veía ondear la falda de su vestido, hasta que una sombra en la parte baja de las escaleras la hizo de tenerse. Entonces sus ojos se toparon con un conocido muchacho y, sorprendida, solo pudo soltar: “¿qué haces aquí?” olvidando por completo los mensajes que habían intercambiado la pasada noche. @k-lumx











