@pvntodefvga
Los tres áridos soles del planeta Caprica, descansando en el techo del cielo, abrasaban lentamente su cuello descubierto. Una seca gota de sudor fue abriéndose paso desde su concentrada frente, en el camino guiado de sus sienes hasta acariciar suavemente la barba de su mandíbula. El hombre, con cabellos dorados, respiró el polvo de aquel desierto que abrazaba su zona de trabajo. Un campo abierto rodeado de montañas de chatarra. Las manos de Keown, nombre que escogió en los últimos años, descendían hasta una oxidada y engrasada pieza de motor.
El brazo biónico que vestía, desde el bajo de su hombro, en su mano izquierda, era un recordatorio amargo de su pasado… el cual enterró en su memoria hacía más de una década. El rubio llevaba anclado en aquel transitorio y desértico planeta desde hacía casi un año, forjando una identidad falsa y una presencia anónima. El mecánico intergaláctico, Keown Seven Von Lamp, con la asistencia de varios minúsculos androides, intentó bruscamente recalibrar aquella pieza de acero. En este momento, una inhóspita sombra se compuso en su campo de visión.
“Estamos cerrados…” mintió descaradamente, mientras los inútiles robots escaparon entre las estructuras de metal. Seven, sentado en un cubículo de hojalata, desvió la mirada con sospecha hacia su visitante. Exhaló el viciado aire que habitaba en sus pulmones, mientras pasaba la orgánica mano por la textura de sus frondosas barbas. “Será mejor que vengas mañana…” alegó sin entusiasmo. Entonces, hincó la curiosidad de sus pupilas en los pies del desconocido… barriendo las indumentarias hasta encontrar un sello de facciones.




















