Sobre Raymundo Gleyzer, Jorge Sanjines, cine de la base y los radicales.
Este lunes, después de muchos años, don Jorge Sanjinés reabre la sala Ukamau para presentar a su cuate, el Raymundo Gleyzer, su cuate, por lo que dicen las cartas, porque así son las pelis que se muestran en el radical.
¿Por qué queríamos mostrar a Gleyzer en el radical?
Porque el 2014 (la primera vez que fuimos, y presentamos una película en dos salas de 20 personas rebalsando de gente) nos llegó la palabra “radical” en un momento en el que creíamos en un espacio diferente, de lucha.
Han pasado los años y el festival de cine radical ¿ha cambiado?, son otras las discusiones, otras las búsquedas.
Yo sé que no hay que putear tanto, pero sin darnos cuenta ahora nos llamamos radical, y eso es bien jodido. Aquí en Argentina “radical” se asocia a la Unión Cívica Radical, el primer partido político de la era democrática, que con el tiempo sería el partido conservador, de derecha, de viejos conservadores; significa una larga historia de traiciones, de determinar el significado de las acciones para encajarlas en un discurso. Finalmente siempre nos traicionamos a nosotros mismos, tratando de sentirnos parte de algo.
Sobre traiciones e ideologías se basa el cine de Gleyzer, desaparecido por la dictadura militar en 1976. Tres años antes hizo su única película de ficción, “Los Traidores”, y a muchos no les gusto, por antiperonista y anti sindicalista, por denunciar las contradicciones de los que luchan, o dicen que luchan “¿Sabes por qué el cine de Gleyzer es tan increíble? Porque es insobornable” me dijo una amiga aquí en Argentina.
Cuando Gleyzer y sus amigos crearon “cine de la base”, y ahí su gran película, “Los traidores”, se pensó fundamentalmente en la exhibición, en esa punta final del cine, del ciclo completo de la imagen, el que la ve. “Cine de la base”, es extender la idea de la proyección más allá de una sala de cine. Para Gleyzer y sus amigos, mostrar sus pelis en una sala no tenía un gran significado, porque no llegaban a donde tenían que llegar, no llegaban a la base, no llegaban a las personas de las que hablan esas películas. Ellos iban con su proyector de 16 mm a las fábricas y a las villas porque creían en el poder de la proyección, en lo que genera, la sala de cine no era una limitación.
Ahora, cuando hablamos de los pocos canales de exhibición y difusión que hay para el cine boliviano, también estamos hablando de una forma de mostrar un cine que “vale la pena ver” en una sala, no en tu casa, no en el youtube, sino en el festival radical, en la cinemateca, en la sala ukamau!
Raymundo siempre quiso ir a Bolivia. En unas cartas que le escribe a Jorge Sanjines, Gleyzer le dice que quiere hacer una película similar a “México la revolución congelada” en Bolivia, tenía prácticamente las maletas listas, pero al final no pudo hacer el viaje. ¿Cómo hubiera sido una película hecha por Gleyzer y Sanjinés en los 70’s? ¿Qué similitudes vio Raymundo entre México y Bolivia con su película “México la revolución congelada”?
¿Después de cuantos años se está abriendo la sala Ukamau? Creo que es la primera vez que abre sus puertas al público. Es un momento muy especial, muy fantasmagórico; se estrena Gleyzer en esa sala mítica, mística; con la presencia de Jorge Sanjinés, quien va invocar la presencia de su amigo, grande argentino. Esta noche Jorge Sanjinés va a recordar a Raymundo Gleyzer.
Fragmento del Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, en el Parque de la Memoria, Buenos Aires. Foto: Caro Cappa