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–¡F-Feliz San Valentín, Annie!
—Mmm? Ah g-gracias Jean. S-son lindas. No sé que decir... Yo... ¿Qué es San Valentín?
–Neig- que diga ¡Annie! ¡¿Qué diablos le pasó a tu piel?!
—J-Jean, ah… Los duendes grises la volvieron verde.
No quería que la vieran así, sentía que parecía una bruja de esos cuentos realmente viejos.
–Oiga Master ¿Le pueo hacerle una pregunta? ¿Tendrá unas moneas que le sobren?
Al escuchar que le llaman se voltea a mirar y se encuentra con un joven de aspecto familiar. ¿Que no es el joven que Levi le comentó ayer?
¿Quizás el otro no sabe que él también es conocido de Levi?
--Sí, claro -- se revisa los bolsillos y saca un billete de dos mil pesos, depositándolo en las manos del joven --Acá tienes, muchacho. Dale mis saludos a Levi --Se despide asintiendo y se va a tomar el metro.
–Tu, bajo la lluvia, sin paraguas.
…
Discúlpate y retírate, Jean. Mientras te queda dignidad.
send me a: "✂" and i'll handwrite something I find attractive || Yo se que quieres escribir su nombre, Ernest (?)
you lil’ shit.
♪ //ojala te salga una canción bieeeeeeeeeeeen putaza (?)
«Do you want the truth or something beautiful? Just close your eyes and make believe. I am happy to decieve you.»
Mentiras.
A eso se reducía todo.
Simples, llanas, hermosas y dulces mentiras.
Pero, bueno, era su trabajo, y no había nada que pudiera hacer al respecto, pues, de todos modos a él le pagaban por hacer lo que hacía, y lo que él quisiera estaba fuera de contexto. No importaba lo que él buscara o lo que deseara, si, de todos modos, no le interesaba a quien fuera que estuviera con él.
Sólo era una cara bonita, un hombro sobre el cual llorar o…bueno, lo que quisieran de él. Podía volverse cualquier cosa, cualquier persona… Con tal de mantener satisfecho a su acompañante.
Aquella vez, ya tenía el dinero guardado. Y sólo escuchaba. Escuchaba y callaba. Y cuando le hacía una pregunta, él sólo respondía aquello que el chico quisiera oír. A fin de cuentas, posiblemente sólo buscaba consuelo o desahogarse, y Eren no tenía problemas con fingir y engañarlo. Ya le habían pagado, así que se limitaba a quemar los minutos.
A pesar de que, por dentro, en su mente se reproducían sus respuestas verdaderas, claro, y le dieron ganas un par de veces de levantarse y abofetear al tipo, que no parecía mayor que él. Sintió que, de no haber sido parte de una broma pesada de amigos pesados a chico virgen y pajero, y de no haber recibido dinero, se hubiera puesto a burlarse de él en su cara, decirle las cosas como eran y fin.
Pero no.
Eren sólo sonreía. Era preferible eso que la verdad. Siempre.
–¿... Annie?
—¿Jean?…