Copas alzándose, una celebración que incita que los demonios salgan a la luz. Personas recibiendo con los brazos abiertos a los excesos, dándoles la bienvenida a sus vidas. ¡Benditos sean aquellos que no se entregan a la oscuridad!, alaben a las almas que siguen el sendero de la bondad. Pocos son los que salvan, pero los seguidores del pecado disfrutan de su vida terrenal. Los cuerpos se mueven al ritmo de la sinfonía de la muerte, que da inicio a una festividad pagana. Bien se lo dijeron; los mortales se dejan cegar fácilmente, y no se percatan que en el infierno festejan las caídas de sus almas puras. Se mueve con elegancia entre las sombras, o alguno que otro ebrio que le ofrece el brebaje de los dioses. Niega de manera inmediata, sabe que su cuerpo no es capaz de resistir más de lo que ya ha bebido. Escucha una pelea, los gritos de una mujer que pide algo de ayuda. ¡Basta!, la desgarradora voz hace eco en sus sentidos, y la joven se encamina a la escena que parece ser un extracto de una película de antaño. ¡Déjame!, exclama nuevamente la inocente víctima, y sin pensarlo dos veces, la europea le da un puñetazo al hombre que maltrata a la inocente flor. Karenina Belova recurriendo a la violencia, un acto que se aleja de ser egoísta; la escena que le recuerda a su infancia, y una joven que se oculta detrás de su anatomía, asustada por lo que puede suceder después.