Casiopea no puede brillar.
No soy escritora ni pretendo serlo, pero esta es la única forma en que puedo exteriorizar esta parte de mi vida. Esta mal redactado y faltan un millón de cosas por decir.
Había una vez, una adolescente llamada Casiopea. A sus cortos 15 años de edad, pasaba por una de las peores etapas de la vida: la adolescencia. Como toda adolescente, Casiopea tenía graves problemas con su autoestima, ya que, al no estar dentro de los cánones de belleza tradicionales, sentía que no tenía un lugar en el mundo y no valía para el sexo opuesto.
Casiopea con sus kilos demás, su cabello castaño oscuro y ojos corrientes, no veía belleza en su reflejo, tampoco se maquillaba ni usaba ropa a la moda, ya que era una frustración constante no caber en las tallas tipos muñeca barbi que vendían en esa época.
Como toda joven adolescente, Casiopea tenía un grupo de amigas, en el que ella se identificaba como la amiga fea. Las demás chicas del grupo eran hermosas, delgadas, de caderas anchas y busto desarrollado, con una personalidad chispeante y un caminar coqueto. Los jóvenes de su edad e incluso mayores se daban vuelta a mirarlas… a sus amigas, no a Casiopea.
Casiopea era la joven rechazada por el sexo opuesto, la chica que los hombres miraban a regañadientes, era la que caía bien, mas no atraía en términos románticos. Era la amiga a la que le pedían el correo de la otra amiga para hacer gancho.
pero un día, hubo alguien que si se fijó en Casiopea. Él mera mayor, no mucho más, quizás de 17 o 18 años. El la abrazaba cuando podía, y la besaba cerca de la boca cuando podía e incluso una vez le dijo que la creía bonita. A Casiopea le gusto eso, que un hombre se fijara en ella y la viera más allá de como una amiga graciosa. Pero él no era para Casiopea, porque era el pololo de su amiga y si algo sabia esta niña, era que las amigas estaban primero.
Una noche en que Casiopea se fue a estudiar a la casa de su amiga, se encontraba el pololo ahí, y mientras la amiga no miraba, él puso su mano en la rodilla de Casi, y la dejo ahí hasta que Casi se sintió incomoda y se paró para alejarse de él.
Esa misma noche, el pololo de la amiga la obligo a besarlo y cuando Casiopea le dijo que le iba a contar a su amiga, el solo se rio y le dijo: “nadie te va a creer. Eres fea y gorda y nadie va a creer que te quise dar un beso, cuando mi polola es mucho más rica que tu”. Casiopea le creyó, y no le conto a su amiga.
Días después, Casi se encontró de nuevo con el pololo de su amiga, y de nuevo él la beso a la fuerza, pero esta vez también le toco la pierna.
El pololo de la amiga, nuevamente le dijo que se quedara callada, porque nadie le iba a creer.
Casi le dijo que su amiga si le iba a creer, el de nuevo se rio y le dijo “me va a elegir a mí, tu eres muy aburrida y ya me dijo que le da vergüenza salir contigo, porque eres muy gorda y le das vergüenza”.
Casi no le quiso creer, pero en su fuero interno pensaba que eso podía pasar y no le conto a su amiga.
Y así pasaron los días, el pololo de su amiga, siempre la besaba y la tocaba a la fuerza, haciéndole creer que ella no era lo suficiente como para que el resto le creyera o su amiga la eligiera.
Un día, para una fiesta familiar en la casa de Casiopea, su amiga llego con el pololo. Casiopea le había pedido a su amiga que no lo llevara, pero después de una discusión accedió a que el fuera de todas formas.
Como cada vez que su amiga iba a la casa de Casi, ella se quedaba adormir, y esta vez no fue la excepción, solo que el pololo también se quedó esa noche en la casa y durmieron los tres en la habitación de casi.
Casiopea estaba tan incomoda, que no podía dormir, y se fue de la pieza a dormir al living de la casa y antes de que pudiera dormir, Casiopea sintió como el pololo de su amiga se acostaba al lado de ella y la empezaba a tocar y a besar el cuello mientras le tapaba la boca, para que no se escucharan los sollozos de Casiopea.
Esa noche no pasó nada más, después de que el se aburrió por la poca voluntad de Casiopea para satisfacerle, dejo a Casi sola en el sillón, con la culpa, la vergüenza y sin saber que hacer.
Después de esa noche, Casi se alejo cada vez mas de su amiga, al punto en que pasaron meses sin verse más allá de las paredes del liceo en el que iban.
Una tarde, su amiga llego a su casa llorando, porque su pololo la había terminado. Casiopea solo la abrazo, y hasta el día de hoy, 13 años después nunca le ha contado lo aliviada que se sintió el día en que ella llegó a su perta llorando porque el pololo había salido de su vida.