Transformación - LEGAZ Project
¿Cuántas veces puede uno entrar en un recinto cerrado, sombrío como un garage, al acecho de una nueva experiencia? Llegar a una butaca fría, con sólo una palabra que resuena, y que es “Transformación”.
Cuesta suspender el descreimiento, mirar a personas conocidas desde una perspectiva nueva. Pero no para los que estamos ahí. Porque lo que parecía ser un toque de amigos que ya hemos escuchado tantas veces, muta en mágico ritual musical, tan antiguo como el hombre. Cinco hechiceros con máscaras humanas nos arrojan a una dimensión en la cual no existe el mundo material, no existen los preconceptos sobre las personas que estamos viendo, ni siquiera existimos nosotros mismos, sólo está la música que nos atrapa, nos abraza, nos encierra y nos tira más lejos, nos suelta y nos vuelve a agarrar, nos absorbe y nos repele. Viaje temporoespacial, que nos trae también reminiscencias del flaco spinetta, el candombe beat, el grunge y el new metal, pink floyd, y ritmos latinos (Tanto así? Si, tanto). Tantos mutes que forman parte no sólo de nuestra vida sino de lo que ha sido la evolución de la música, que ellos parece han recibido, digerido y tranformado en algo que no sabemos que es, pero cómo se siente, carajo.
Nos abre la puerta un rock pesado, angustiado, con una voz que se quiebra por momentos, dolida, pero donde ya empieza a notarse la coherencia musical que la acompaña, el entendimiento mutuo de sus músicos. Sincronía perfecta entre los silencios y la música, las palabras entrecortadas hablan de un cambio que se avecina, limpieza de un recinto de viejos papeles, generar ese vacío que permitirá la tranformación, que nos invita a subir.... Y que es también grito primate de la angustia de descubrirse ser humano, pensante, fuerte y frágil a la vez.
Y nos subimos al tren fantasma. Ecos de voces que nos llevan al inicio de los tiempos, donde la música ya existía pero el lenguaje no, donde indiferenciados nos comunicábamos desde el grito, el susurro, lo brusco y lo sutil.
Primer parada, pasajeros. Aquí se celebra la magia de la creación. Una ceremonia onírica con la naturaleza, con el ser.. donde estos artesanos eligen qué materiales tomar del vasto universo, con qué melodías jugar, cuáles sonidos abrazar por un rato, para después soltarlos, y que queden flotando cual burbujas a nuestro alrededor... Celebración por vivir, por transcurrir ese vacío astral y mirarlo con inocencia, con amor.... con palabras sin sentido que nos invitan a soñar y conectarnos desde un espacio donde sólo el sonido viaja, donde el lenguaje no existe...
Nuestra segunda parada es en un bosque. Nos recostamos en el pasto, miramos hacia el cielo y los sentimientos se escapan. Y qué le vamos a hacer si por nuestra naturaleza buscamos un otro que nos complete y nos genere nuevas sensaciones. Es ahora una luciérnaga que vuela a nuestro paso y desaparece, q nos despierta el amor, la curiosidad, queremos seguirla... esos seres frágiles y hermosos que aparecen en nuestra vida para luego desaparecer para siempre.. por si dudaban de que en la melancolía, en el amor no consumado, también había belleza.
En la tercer parada vuelve la euforia. En lo que parece un improvisado a primera vista, se adivina el perfeccionismo al mixturar ritmos dispares. Extraño tributo a lo latino que también forma parte de nosotros, pero siempre con ese tinte sutil de elaboración, de senti-pensamiento, en lo cual nada queda librado al azar.
En la última parada bajamos a lo denso. Canción de rock, de regurgitar lo que está adentro, vómito del alma que sorprende como final, pero que es quiźas la única manera de terminar un trance tan hipnótico, que hubieramos querido que durase eternamente.
En este mundo frío donde la vanalidad está a un click de distancia, donde la música es tan fácil de hacer como de olvidar... no esperamos que una experiencia musical nos transforme. Que se realice en un acto de magia, un tributo a la vida misma, al sentir y al pensar, a la alegría y al odio, a la testoterona y la fragilidad, a la tierra y el cielo. Me fui del concierto con una sensación tan grande de plenitud como cuando uno comprueba que en el universo no falta ni sobra nada. Sólo que a veces esa fuerza sinérgica tan necesaria tiene que venir, como un remolino, a volarnos, a darnos vuelta, a vaciarnos para que comencemos de nuevo. Y esa fuerza les sobra, muchachos.