Susy Shock, Diana Sacayán, Marlene Wayar y Lohana Berkins.
“Ser libres, ser desobedientes, ser fuertes, ser”. Aún después del travesticidio de Diana Sacayán, siguen resonando las palabras de Lohana Berkins.

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Susy Shock, Diana Sacayán, Marlene Wayar y Lohana Berkins.
“Ser libres, ser desobedientes, ser fuertes, ser”. Aún después del travesticidio de Diana Sacayán, siguen resonando las palabras de Lohana Berkins.
ARTAS. Colectivo Feministas de Artes Escénicas de Rosario.Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar.
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¿Por qué? Porque seguimos perpetuando estereotipos. Seguimos viendo brujas y marcando una diferencia con los magos. Estos últimos son la cúspide del conocimiento y han de ser venerados por ello. Las brujas están locas, despeinadas y tienen como cura el fuego. Una división cultural basada en los genitales que sigue presente en muchas partes del mundo.
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Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar, de Ame Soler (reseña).
https://lapiedradesisifo.com/2019/03/11/nietas-brujas-ame-soler
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NSB (NO SOMOS BASURA) - Resquicio Colectivo
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Un numeroso grupo de mujeres embolsadas caminaba a paso lento (...) Juntas llevaban la fuerza de cada una de las mujeres que fueron desechadas como basura, usadas, maltratadas, asesinadas, víctimas de femicidio (...) Cuando una (cualquiera) se detiene, las demás acompañan… Luego de un tiempo sale la voz, dado que la palabra esta a punta de labios… Caen al piso, embolsadas, se levantan, se quitan la bolsa y siguen caminando… La llegada a tribunales (edificio enorme con paredes de mármol) sirvió de telón. Ya las mujeres estaban con frío, mojadas y agotadas. El único gesto que fue indicar: Allí, frente al paredón. Como un fusilamiento… Y allí fuimos todas… Ya no podían ensuciarse, mojarse o mancharse más. Se colocaban las bolsas y se derretían por sobre esas paredes… Se ayudaban, se daban la mano, se miraban... compartían un destino.
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19 de octubre de 2016.
Fotos: Francis High y Francis Castillo.
Entre las mujeres artistas que participaron del Salón de Artistas Rosarinos organizado en 1926 por el Grupo Nexus, Ana Caviglia fue quien presentó un gran jarrón con crisantemos. El tema de las flores ocupó un sitio privilegiado en su obra, a veces las integró a otros elementos, como en la naturaleza muerta del Salón de Otoño de 1935, donde un ramo de calas asociado a cuadros, libros e instrumentos musicales podría interpretarse como una alusión a las artes y a la cultura, plausible en una pintora formada y viajera. Los estudios que realizó con Leonnie Matthis le posibilitaron otro registro de obras, dibujos coloreados con una factura más suelta y abocetada como las escenas de sitios tan distantes como el noroeste argentino, Trinidad, México o Nueva York. Pero las flores fueron, como lo muestran claramente sus exposiciones de los años treinta y cuarenta, una suerte de constante que le permitía afianzar y experimentar sobre las variables del lenguaje plástico. Una estrategia que en ella se manifiesta no sólo en el juego de los colores y de las formas sino en los trazados geométricos que atraviesan el soporte; líneas y planos sin otra función que el logro de equilibrios eminentemente plásticos.
Armando, Adriana, La naturaleza de las mujeres: artistas rosarinas entre 1910 y 2010, Buenos Aires : Fundación OSDE, 2010.
Obra: Ana Caviglia, Flores, s.f., óleo, 80 x 70 cm.
Colectivo Actrices Argentinas / La preocupación de Rita Segato por los feminismos y sus demandas de castigo volvieron a poner al punitivismo en el centro de la discusión. La antropóloga advierte que el riesgo de demandar sistemáticamente al Estado la punición del enemigo es replicar la micropolítica y las propias fallas del sistema carcelario y punitivo. Pero los problemas del punitivismo no se agotan allí. La proliferación de escraches populares y denuncias en redes sociales se explica por un hartazgo ante la inexistente intervención estatal, el constante desoír del sistema judicial y la subestimación generalizada de las reivindicaciones feministas en contra de la violencia de género. Pero el lenguaje de la vigilancia y el castigo tampoco alcanzan en un contexto en el que plantear los conflictos en términos de víctimas y victimarios reduce el problema a una dimensión individual y oculta una matriz social opresiva más amplia a la que deja intacta. ¿Qué se esconde en el camino entre quedarse callada y escrachar? ¿Qué hay en el medio? ¿Nos está faltando una alternativa que escape al punitivismo y reivindique la acción colectiva?
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http://revistaanfibia.com/ensayo/cuantas-veces-nos-quedamos-calladas/
Nosotras proponemos. Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte
Ante la generalizada señal de alerta que circuló visibilizando las formas de acoso sexual que condicionan las relaciones de poder en el mundo del arte, nosotras, artistas, curadoras, investigadoras, escritoras, galeristas, trabajadoras del arte, elaboramos un compromiso de prácticas feministas. Este documento, al que invitamos a adherir, busca crear conciencia sobre las formas patriarcales que, como una membrana invisible, moldean el ejercicio del poder en el mundo del arte. La carta abierta “No nos sorprende” realizó un “llamado a las instituciones, mesas directivas y demás colegas, para que piensen bien cómo juegan, o pueden haber jugado, un papel en la perpetuación de diferentes niveles de inequidad sexual y abuso, y cómo van a manejar estos problemas en el futuro”. En este compromiso de prácticas feministas proponemos expandir la conciencia acerca de los comportamientos patriarcales y machistas que dominan el mundo del arte y que regulan nuestras formas de posicionarnos. Este compromiso se identifica, en primer lugar, con la histórica exclusión y desvalorización de las artistas mujeres, pero sus propuestas pueden ser asumidas por mujeres, varones o cualquier identidad no normativa
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“Pero el beso de Mariana Gómez a Rocío Girat irrita más a la derecha que el nacido del deseo fiestero que se caga en el público: es su conyugalidad lo irritante, su condición de sello cotidiano feliz en la repetición luego del reconocimiento de un derecho. Es eso lo que castigó con su fallo la dra Yungano. Ella encarna un tipo de mujer que, entronizándose como excepción, como si dijera ‘a mí no me van a patotear estas feministas’, hizo un gesto que pretende al mismo tiempo que de rebelión, de hiper obediencia a la ley, como si el status quo reaccionario necesitara de un ritual de cohesión y dando un tiro por elevación a un derecho adquirido: el del matrimonio igualitario. Aunque –permítanme volver a la frivolidad- , al decir su estúpida frase ‘Todos sabemos lo que cuesta que nuestro pelo crezca’ con que consideró un daño el tirón de pelos a la oficial Karen Villareal, en última instancia demostró que su mayor interés fue cuidarle la peluca a la policía.”
María Moreno, El beso queer
“Células madre es un secretaire político abierto de par en par. No se planta como archivo mayor del feminismo local ni como cartografía cantada en la que reconocerse, si no que propone una autoridad opuesta al poder, a la manera con que define esta palabra la filósofa feminista Luisa Muraro, (…) ‘La práctica de autoridad consiste en que una persona “hace crecer” a otra con los conocimientos que posee pero, a diferencia del poder, la autoridad no se impone, se reconoce.’ Es la persona interesada quien tiene que reconocer la autoridad y hacerlo libremente. La autoridad, entonces, es relacional y depende de su acceso para todas y todos, es decir de su multiplicación y derramamiento.”
María Moreno sobre Células Madre, la prensa feminista en los primeros años de la democracia, muestra que hizo en junio de 2018 en el Conti.