Creo en la Libertad sacrosanta y fecunda y en América Libre y Una, su hija predilecta, que concebida en la mente de sus emancipadores y nacida en el dolor de las batallas, padeció, laboró y progresó hasta lograr la consolidación de sus nacionalidades.
Creo en la Paz como bien supremo y condición normal del hombre y abomino la guerra de agresión como crimen contra el género humano.
Creo en la Justicia como fundamento necesario de la Paz y en la Igualdad jurídica de los Estados como norma primordial de su convivencia.
Creo en el Derecho como regulador supremo de todas las relaciones humanas y en la Fraternidad como su complemento ennoblecedor.
Creo en el atributo soberano de la independencia nacional armonizado con la necesidad y la conveniencia de la interdependencia continental.
Creo en el dogma de la intangibilidad de América y en la Solidaridad Continental como su broquel.
Creo en el Hombre como célula de la comunidad y del Estado y en su derecho a la vida, a la libertad y a la consecución de la felicidad como base inmutable de la vida política, sin más limitación que el derecho ajeno y el interés superior del cuerpo social.
Creo en el Estado como servidor y administrador de la sociedad civil y no como amo ni verdugo de los individuos que lo componen.
Creo que el Honor de las naciones consiste esencialmente en la defensa de los derechos propios, en el respeto a los derechos ajenos y en el cumplimiento de la palabra empeñada.
Creo en el "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" y en el sufragio libre y puro como piedra angular de la República.
Creo en la igualdad civil y política del hombre y de la mujer, sin distinciones de raza o religión.
Creo en Trabajo libre y protegido como instrumento de toda prosperidad y de toda ventura.
Creo en la Ciencia como fuente de todo perfeccionamiento físico y moral y en la Cultura como vínculo de los espíritus altos y rectos.
Creo en el pensamiento sin trabas, en la palabra sin mordaza y en la pluma no vendida ni regimentada.
Creo en la soberanía de la Razón, en la ley del progreso indefinido y en la sabiduría del Espíritu Humano.
Creo en el amor y culto de la Familia, de la Patria y de Dios como emancipación sagrada del alma ciudadana e impulso prepotente de la civilización en América.